La pelea por el aire acondicionado

“En agosto frío en rostro”

Refrán

Aunque aire-2ya está terminando la temporada veraniega, todavía colea una de las peleas más típicas en la mayoría de las empresas: la temperatura del aire acondicionado. A riesgo de generalizar, es una disputa muchas veces de género, que enfrenta a hombres y mujeres. Las mujeres se quejan de que la temperatura de la oficina en verano es excesivamente fría porque se programa por hombres de acuerdo con su vestimenta (traje y corbata incluso en verano), mientras que los hombres tienden a argüir que los edificios inteligentes mantienen estable la temperatura a lo largo del año, pero las quejas femeninas sólo se manifiestan en verano porque llevan ropa mucho más ligera.

Para aire-1medir el confort térmico se pueden utilizar diferentes sistemáticas. Una muy conocida es el Método Fanger, desarrollada en 1973 por el experto danés del mismo nombre, que es un procedimiento que contempla diferentes variables que influyen en la valoración del ambiente térmico en un entorno laboral (nivel de actividad, características de la ropa, la temperatura seca, la humedad relativa, la velocidad del aire…)

Sin embargo, según un estudio publicado en la revista Nature Climate Change en 2015, el problema es que las mujeres requieren proporcionalmente temperaturas menos bajas que los hombres para desarrollar su actividad laboral en verano (25º frente a 22º) por su metabolismo basal, pero los estudios sobre los que se basan todas las mediciones para la optimización de la climatización de los centros de trabajo están basados en hombres de unos 4o años y 70 kilos. Y, aparte de este sesgo, la mayoría de los gerentes son hombres y regulan la temperatura en función de su percepción.

Por tanto, aire-3puede que las mujeres tengan razón en esta pelea. La única solución sería el consenso, cosa harto difícil en espacios abiertos en los que no se pueda realizar una climatización zonificada. Una alternativa sería regular la temperatura general a 25º y poner ventiladores en aquellas zonas que requieran menos calor. Y además, se conseguiría un importante ahorro energético al no tener que alcanzarse registros tan bajos.

Otra alternativa sería ir variando dicha temperatura, lo que no sólo sería más democrático, sino que puede tener efectos muy beneficiosos para la salud. En un artículo denominado Healthy excursions outside the thermal confort zone, el profesor holandés Wouter van Marken (coautor del estudio mencionado más arriba) sostiene que subir y bajar varias veces al día el termostato dejándolo algunas horas al día más fresco de lo normal, ayudaría a combatir la obesidad y la diabetes tipo 2.

Por último, empiezan a aparecer prendas que controlan la temperatura corporal en relación con el entorno y se adaptan para mantener el confort. Un ejemplo sería la empresa Cognowear, cuyo primer producto se dirige expresamente a mujeres que pasan frío en su trabajo debido al aire acondicionado.

En cualquier caso, este es un conflicto que se repite año tras año y al que convendría buscar una solución consensuada sin necesidad de tener que recurrir a los Cascos Azules.

aire-humor


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