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TOMÁS CONDE SALAZAR

El siglo de la responsabilidad social

Tomás Conde Salazar

DIRECTOR DE SOSTENIBILIDAD DE BBVA

Máster en Ingeniería y Gestión Medioambiental EOI. Director de Sostenibilidad de BBVA.

 

Wikipedia nos confirma que con el calendario gregoriano el siglo XXI comienza el año 2001 y concluye el 2100. A fecha de hoy pocos son los años transcurridos, pero los acontecimientos de estos escasos siete años son tremendos y parecen querer marcar con claridad el inicio del tercer milenio.

El hecho más convulsivo fue el atentado de las Torres Gemelas de septiembre de 2001, donde el fanatismo religioso quiso marcar el curso del recién estrenado milenio. No lo han conseguido, pero sí han convertido al terrorismo en un asunto crítico en las agendas políticas de todos los países.

El siglo XXI se caracteriza por el avance de la digitalización en el mundo. Aparecen nuevos dispositivos de almacenamiento como los MP3, MP4, Pendrive, así como una gigantesca expansión de la telefonía móvil que posibilita como nunca hasta ahora la conexión permanente, sencilla y barata desde cualquier dispositivo digital. El cambio climático pasa de ser materia exclusiva de ONG más o menos radicalizadas a convertirse en asunto diario en cualquier medio. En materia demográfica ya se habla del siglo XXI como el de la globalización, donde la inmediatez de la información favorece los grandes movimientos migratorios en busca de una mejora del nivel de vida.

Como quinto hito de este incipiente milenio no podemos olvidar tampoco la irrupción de China como gran potencia mundial, que en los Juegos Olímpicos de 2008 asombra al mundo. Como sexto, pondría sobre la mesa la crisis energética, derivada de la escasez de energía fósil con un barril de crudo muy cercano a los 200 dólares. Este acontecimiento sumado a los asuntos de contaminación atmosférica desempolva también el debate en España sobre la energía nuclear, así como la importancia de conceptos como la ecoeficiencia, la movilidad sostenible o la propia construcción ecológica.

Quisiera detenerme en aquello que pienso que es más relevante y va a ser crítico. Me refiero a la irrupción de los valores o de los principios en la gestión empresarial. Es también en el año 2001 cuando se acepta el concepto de responsabilidad social corporativa, o responsabilidad social empresarial como un sistema de gestión que contempla las variables históricamente consideradas como extrafinancieras como lo son los asuntos medioambientales, los asuntos sociales, los asuntos de la ética de los negocios y los de gobierno corporativo. Enron abre las puertas de par en par a nuevas variables que van más allá del PER (Price Earning Ratio), Precio Valor Contable, Beneficio por Acción; TSR (Total Shareholder Return) y empezamos a hablar del porcentaje de mujeres en puestos de dirección, del porcentaje del beneficio dedicado a apoyo a la comunidad, del total de CO2 emitido por empleado, del porcentaje de consejeros independientes, del número de días que se tarda en resolver una reclamación, horas de formación, índices de satisfacción de proveedores, etcétera.

Es igualmente llamativo la conversión de los reportes empresariales de todo el mundo en informes de sostenibilidad donde los empresarios quieren mostrar a todos sus grupos de interés –del inglés stakeholder– esas variables extrafinancieras con el propósito de mejorar sus licencias para operar. Mejorar su aceptación, mejorar su nivel de atracción por el consumidor y las autoridades, mejorar su captación de talento, mejorar su sastisfacción de empleados. En este seno irrumpe con fuerza el voluntariado corporativo como manifestación de ese querer hacer algo más desde la empresa.

Es precisamente en el siglo XXI cuando el poder de las ONG se acerca al de las empresas y entre ambas rebasan al de los propios Estados. La profesionalización de las ONG se ha acelerado y la filantropía corporativa pasa de la mera acción social-donaciones a la acción social-estratégica, generar más riqueza en los lugares donde estas empresas tienen actividad. Así, la responsabilidad corporativa trabaja de manera transversal dentro de las empresas para poder alinear su actividad con las necesidades y demandas de la sociedad donde operan. Yo opino que este movimiento no es sino un sistema de gestión de riesgos y por ende de oportunidades, donde asuntos tan nimios antaño, como el impacto medioambiental de un proyecto, se convierten ahora en críticos y obligan a mantener un diálogo continuado con todas aquellas partes que pudieran verse afectadas por los mismos. Este nuevo paradigma empresarial parece imparable en el seno de una mayor exigencia de transparencia y responsabilidad.

Escribo estas líneas en plena crisis financiera mundial, donde bancos centenarios están desapareciendo en lo que todos recordaremos como la crisis de las hipotecas subprime. Ingeniería financiera carente del debido rigor, control, supervisión y ética que va a suponer ahora más que nunca que palabras acuñadas ya por líderes empresariales como rentabilidad ajustada a principios cobren una gran importancia. El año 2008 será recordado en la historia sobre todo por la caída de los grandes bancos de inversión y su rescate a través de la intervención pública. Son, por tanto, los principios los que parece que van a protagonizar el panorama empresarial a partir de ahora. Y principios tales como la ética en los negocios o no perjudicar al medio ambiente, como el apoyo a la conciliación de la vida familiar y profesional o tantos otros asuntos que serán críticos a partir de ahora.

Como alumno y profesor de esta Escuela espero que seamos capaces de marcar un antes y un después en materia de sostenibilidad en los negocios. EOI ha sido pionera en tratar estos temas y ha demostrado que está cerca de la sociedad a la que sirve. Ha demostrado ser una empresa responsable que parece la única vía válida para ser aceptada por su entorno o grupos de interés.