Sobre los amigos

Estamos siempre rodeados de gente. Personas que muchas veces no conocemos y que en el fondo no nos importan. Desde las reglas elementales de educación hasta las obligaciones profesionales nos imponen comportamientos sociales, reglas que cumplir como autómatas. De pronto miramos el reloj, como buscando una excusa para terminar con la situación y recuperar nuestra libertad. Nos despedimos y respiramos aliviados.

A todo el mundo le pasa algo parecido. Conocemos a muchas personas pero tenemos pocos amigos. Los amigos de verdad escasean. Un amigo de verdad es aquel con quien compartir una parte de nuestra vida personal e íntima, fuera de las responsabilidades profesionales o familiares. Aquel en quien confiamos y a quien acudimos para nuestro tiempo o nuestras necesidades. En definitiva: otro yo.

No hay que confundir los amigos coyunturales con los amigos de verdad. La vida nos lleva a compartir intensamente con otras personas durante un cierto tiempo. Pero cuando las circunstancias cambian aquellos “amigos” se van y vienen otros. Con estos nuevos amigos también compartiremos intensamente por un tiempo. También luego se irán. Los amigos coyunturales nunca se quedan.

Tenemos que tener mucho cuidado de no creer que tal o cual conocido es nuestro amigo. Casi todo el mundo que viene vestido de amigo algo busca, y no necesariamente algo bueno para nosotros. Los trajes de amigo tienen muchos disfraces. Los conoceremos por sus actitudes y comportamientos y sobre todo por la forma de actuar cuando nos anteponemos a ellos y cuando les solicitamos ayuda.

 

“Un amigo es alguien que nos conoce, pero nos ama de todas formas”, decía Jerome Cummings. Aristóteles proclamaba que “un amigo de verdad es una sola alma en dos cuerpos”. Sin embargo, aquel que busca un amigo perfecto nunca lo tendrá; esto nos lo enseñó Heráclito. Quizá Winchell diera en la diana: “Un amigo de verdad es aquel que sigue a tu lado mientras los demás te abandonan”.

He dudado casi siempre sobre la amistad verdadera entre personas de distinto sexo, porque esa amistad suele estar acompañada de otros sentimientos. Hoy he cambiado y pienso que es posible aunque difícil, y muy enriquecedora cuando es solo amistad. Acompañar esta amistad con otro tipo de emociones, sentimientos o expectativas, fueran cuales fueren, es asegurar un próximo estado de frustración y desequilibrio o simplemente confundir la amistad con otros escenarios, normalmente complejos.

Cuando aparece la traición del amigo es la traición más dolorosa. “Cualquiera menos tú”, dijo Elizabeth Taylor. “Tú también, Bruto”, sería el grito de Julio César. Por eso, por muy viejo que sea, sigue siendo verdad el refrán:

“Quien tiene un amigo, tiene un tesoro”.

 

Necesitamos ahora sabiduría para poder descubrir a los verdaderos amigos y generosidad para compartir la vida con ellos.


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