Ordena tu pensamiento

Ordenar la mente es un ejercicio buenísimo que tenemos que practicar de vez en cuando. Observar, pensar, actualizar, priorizar y clasificar todo lo que somos, sentimos y deseamos. Ser capaces después de tomar decisiones conscientes y desarrollar, en la dirección que queremos, nuestra vida y nuestro futuro.

Se ha escrito muchísimo sobre las técnicas adecuadas para ordenar la mente, sobre todo en Latinoamérica (Carlos Cabrera, Margaret Moore, Elisa Silvano, David Hoffmeister, Marie Kondo…), y mayoritariamente se recomienda establecer un procedimiento que haga más fácil, incluso rutinario, el ordenar pensamientos para fijar el camino de actuación futura y no dejarlo al vaivén.

 


Los objetivos (3/3). Metas y objetivos/objetivos y metas

Nadie se pone de acuerdo. La Universidad de Tulane, de Nueva Orleans, considera que las metas son más amplias que los objetivos. Son principios que guían la toma de decisiones. Por su lado los objetivos son específicos, medibles, son más pequeños. Son pasos para alcanzar las metas.

Desde la Universidad Autónoma de Madrid, el profesor Bueno piensa que las metas son los subobjetivos, aquellos cometidos menores para llegar al gran resultado final. Estas son tus metas, los pasos que debes seguir para alcanzar tus objetivos.

 


Los objetivos (2/3). Ecología de los objetivos

Cada vez que fijamos unos objetivos, sea a corto o a largo, tenemos que ser conscientes del esfuerzo que nos va a suponer llegar a ellos. Más válido que nunca el refrán “si algo quieres, algo te cuesta”. Realmente es cierto. Esperamos obtener con los objetivos alcanzados unos resultados positivos que nos compensen del coste o del esfuerzo realizado. Casi siempre tiene más peso el coste personal que el coste económico. Al fin y al cabo el coste económico “es sólo dinero”.

Al estudio de los componentes, situaciones, factores, relaciones o esfuerzos que inciden para eliminar o paliar al máximo los riesgos y las consecuencias negativas de las decisiones que tomamos para llegar al objetivo (en el fondo evolución) lo denominamos ecología de los objetivos.

 


Los objetivos (1/3). Cómo formularlos

“Vivir sin objetivos es vivir vacío” (Helmut Schmidt). “No te pongas objetivos que no puedas cumplir porque eso solo lleva a la frustración” (Scott Read). “Piensa que cada día es 1 de enero y ponte objetivos para la jornada” (Jardiel Poncela). “Si el objetivo que te has puesto no puedes cumplirlo esfuérzate más antes de renunciar a él o sustituirlo por algo que te resulte más sencillo” (Nietzsche).

El objetivo es nuestro fin deseado. A dónde queremos llegar. Una visión concreta. Una decisión y por supuesto una necesidad vital que nos dirige y guía. Pero al tiempo hay que pensar que tener objetivos que no nos van a motivar e incluso lo contrario, que nos agobian o nos deprimen, es un error brutal. Los objetivos que nos pongamos tienen que tener un sentido transcendental. Sólo así podremos sentirnos plenos cuando los hayamos conseguido.

 


Aceptar a los demás

Cada persona es única en sí misma. No existen los duplicados. Somos irrepetibles. Precisamente las diferencias distinguen a las personas. Resulta que lo más común (que es la vida relacionada con otras vidas) resulta lo más difícil. Las diferencias llevan a conflictos, de ahí las antipatías y las decepciones, pero también pueden complementarse, surge la amistad o el amor.

De igual manera que “los otros” nos aceptan, nosotros estamos obligados a aceptarles aunque no nos gusten todas sus cosas (actitudes, opiniones, etcétera). Es esencial para mantener una vida social normal aceptar la singularidad de cada quien. Más allá de la empatía está la aceptación: te acepto tal cual eres y esa aceptación no me produce un esfuerzo adicional, simplemente actúo de forma positiva ante una realidad que se repite miles y miles de veces a lo largo de mi vida.

 


La teoría del cisne negro (2/2). Cuando el cisne negro se apodera de nosotros

Se ha producido lo inesperado y el cisne negro ha aparecido. Ya hemos sentido la conmoción de los impetuoso, lo nuevo y normalmente lo que nos rompe nuestro equilibrio. Es el momento en el que el cisne negro se apodera de nosotros y nos invade de manera súbita. Ahora nos toca reaccionar.

Es el momento de la lucha entre el cisne blanco y el cisne negro. Tradicionalmente, el color blanco se ha identificado con la bondad, la simpatía, la inocencia o la elegancia y el negro con la astucia, la sensualidad, el entorno sórdido, el desconcierto e incluso el terrorismo. Así visto y a nivel individual y personalísimo, casi todos los hombres tienen una parte de cisne blanco y otra de cisne negro.

 


La teoría del cisne negro (1/2). El concepto clásico

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Cuando todo va sucediendo según lo previsto parece que existe una clara relación entre causa y efecto. Sin embargo, de pronto, sin pensarlo y por supuesto sin preverlo, sucede algo imprevisto. Todo acontecimiento imprevisto genera un gran impacto, una repercusión grande, incluso susto, miedo, turbación. Son los sucesos denominados «cisne negro».

La teoría del cisne negro o sucesos inesperados fue enunciada en 2007 por Nassim Nicholas Taleb. Un acontecimiento «cisne negro» encierra una carga de sorpresa tal que multiplica su impacto. Nadie se lo esperaba pero ocurrió. En el siglo XVII todos los cisnes eran blancos, hasta que de pronto hubo una mutación genética y aparecieron los cisnes negros ante el asombro general.  


Optimismo inteligente

La inteligencia es una cualidad personal e intransferible que nos permite relacionar cosas entre sí y llegar luego a determinadas conclusiones. Se puede manifestar a través de un razonamiento deductivo o inductivo (ambos se consideran aptitudes del ser humano). La inteligencia parece que nos permite darnos cuenta del entorno y esto, la mayoría de las ocasiones, nos lleva a un pesimismo histórico difícil de superar. Pero frente a la inteligencia pesimista (y junto al otro lado) está el optimismo inteligente.

Así nos asalta la pregunta: ¿es inteligente ser optimista? Ni sí, ni no. Está contrastado que las personas optimistas son más abiertas, más activas, más eficaces y, en un entorno organizacional, más colaboradoras y rentables. Rojas Marcos decía:

“¿Por qué no ser optimista? No se gana nada con no serlo”.

 


Ladrones de tiempo

La gestión del tiempo siempre ha sido una cuestión difícil y, como consecuencia, la agenda se ha convertido en un documento tan complejo que su gestión precisa de técnicas concretas y efectivas. Las complicaciones añadidas que produce la gran ciudad provocan retrasos que se van acumulando a lo largo del día y que, además de prolongar la jornada laboral, hacen quedar mal cuando se llega tarde a una cita o no se puede cumplir lo que cada quien hubiera programado.

Poco a poco, o mucho a mucho, la gestión del tiempo afecta no sólo al ámbito profesional. También repercute en los aspectos personales, familiares y sociales. Es decir, estamos sometidos a la dictadura del reloj y el círculo del tiempo. Muy lejos de las maneras de vivir de hace unas décadas. Si en solo 100 años, en la historia de la humanidad, el hombre ha pasado de ir en burro a pisar la luna, imaginémonos cómo el tiempo nos afecta para todo. Parece como si estuviéramos en una carrera permanente desde que suena el despertador por la mañana hasta que decidimos apagar la televisión por la noche. Y al día siguiente otra carrera igual

 


Me importa un pito

Prestar atención es mucho más difícil de lo que podamos imaginar. Se necesita concentración, voluntad y entendimiento. Si además se espera de nosotros una respuesta o una reacción, la complejidad se multiplica y lo normal es que no captemos todos los matices que deberíamos. Quedaremos muy mal si el interlocutor se da cuenta de ello.

No hay trucos ni técnicas para despistar a la persona que nos está hablando y lo más frecuente es que se dé cuenta de que estamos en otro sitio. Estamos en Babia cuando alguien nos habla y no estamos prestando atención, nos encontramos en un estado que podríamos denominar de cuerpo presente y alma ausente. Muertos en el sistema de comunicación.  



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