Los objetivos (1/3). Cómo formularlos

“Vivir sin objetivos es vivir vacío” (Helmut Schmidt). “No te pongas objetivos que no puedas cumplir porque eso solo lleva a la frustración” (Scott Read). “Piensa que cada día es 1 de enero y ponte objetivos para la jornada” (Jardiel Poncela). “Si el objetivo que te has puesto no puedes cumplirlo esfuérzate más antes de renunciar a él o sustituirlo por algo que te resulte más sencillo” (Nietzsche).

El objetivo es nuestro fin deseado. A dónde queremos llegar. Una visión concreta. Una decisión y por supuesto una necesidad vital que nos dirige y guía. Pero al tiempo hay que pensar que tener objetivos que no nos van a motivar e incluso lo contrario, que nos agobian o nos deprimen, es un error brutal. Los objetivos que nos pongamos tienen que tener un sentido transcendental. Sólo así podremos sentirnos plenos cuando los hayamos conseguido.


El objetivo final puede resultar difícil y lejano por eso conviene pensar en la “escalera” que nos conduce al último punto. Cada peldaño un objetivo intermedio, una pequeña meta y una estrategia para superarlo.

 

John Whitmore, uno de los padres del coaching ejecutivo, quiso hacer un planteamiento maximalista a la hora de establecer una metodología para identificar, definir e imponer el objetivo correcto. Lo hizo en base a 14 variables (a primera vista parecen demasiadas) tomando un parte del clásico modelo Smart y otra de los criterios aportados desde la PNL. Vamos a recordar estos 14 puntos y luego veremos con cuáles nos quedamos. El objetivo ha de ser:

1. Concreto
2. Cuantificable
3. Posible. Factible
4. Realista. Adecuado al interés
5. Programado en el tiempo
6. Formulado en positivo
7. Tácito. Personal
8. Pertinente. Oportuno
9. Ético
10. Retador
11. Legal en el momento y en el lugar
12. Ecológico, no destructor
13. Pactado. Acordado
14. Establecido por escrito

El propio Whitmore consideraba exhaustiva esta enumeración y decía: “Keep it simple, stupid” (“Simplifica las cosas, estúpido”). Pero vale perfectamente como guía para que recordemos que fijarnos objetivos útiles no es una tarea baladí y que tenemos que ser muy responsables a la hora de actuar en pos de ellos. Lo más importante es que aceptemos el objetivo, lo hagamos absolutamente nuestro y se convierta en la causa y razón de nuestro proceder.


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