Optimismo inteligente

La inteligencia es una cualidad personal e intransferible que nos permite relacionar cosas entre sí y llegar luego a determinadas conclusiones. Se puede manifestar a través de un razonamiento deductivo o inductivo (ambos se consideran aptitudes del ser humano). La inteligencia parece que nos permite darnos cuenta del entorno y esto, la mayoría de las ocasiones, nos lleva a un pesimismo histórico difícil de superar. Pero frente a la inteligencia pesimista (y junto al otro lado) está el optimismo inteligente.

Así nos asalta la pregunta: ¿es inteligente ser optimista? Ni sí, ni no. Está contrastado que las personas optimistas son más abiertas, más activas, más eficaces y, en un entorno organizacional, más colaboradoras y rentables. Rojas Marcos decía:

“¿Por qué no ser optimista? No se gana nada con no serlo”.

El optimismo inteligente se basa en encontrar y utilizar aquellos rangos objetivos que nos permitan ver la vida con un enfoque positivo y actuar en consecuencia. El optimismo se convierte en una manera de ser y una filosofía para enfrentarse a la vida. El optimismo inteligente no es, sin embargo, susceptible a una réplica dogmática. Es decir, no es cierta la afirmación: soy inteligente porque soy optimista y tampoco soy optimista porque soy inteligente.

optimismo inteligente

Imagen: Pixabay

 

Es una regla de comportamiento después de haber interiorizado el optimismo como una característica de la personalidad. Pero cuidado con exhibir el optimismo y sacarlo de paseo en la empresa o con los amigos. Levanta muchas envidias y al final terminan identificando el optimismo con la superficialidad, cuando en realidad no hay nada de eso. Normalmente quien practica el optimismo inteligente es autocrítico, autoexigente y riguroso, combate los sentimientos negativos y se esfuerza por conseguir los resultados.

Cuando llevamos el optimismo al límite aparecen los ilusorios, los torpes, los conformistas o los inteligentemente tontos. Una vez más quien triunfa es el equilibrio. Por muy repetida que sea la frase de Benjamin Franklin, sigue resultando súpereficaz:

“Un optimista ve una oportunidad en toda calamidad, mientras que un pesimista ve una calamidad en toda oportunidad”.

 

Quizá el mejor ejemplo del optimismo inteligente lo tengamos en Thomas Edison al declarar: <<Hay una gran diferencia entre decir “he fracasado” y decir “todavía no he tenido éxito”>>. Una invitación (para todo el mundo y desde ahora) para que practiquen el optimismo inteligente. Aunque cueste al principio, sus resultados son prontos y súper beneficiosos.


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