La teoría del cisne negro (2/2). Cuando el cisne negro se apodera de nosotros

Se ha producido lo inesperado y el cisne negro ha aparecido. Ya hemos sentido la conmoción de los impetuoso, lo nuevo y normalmente lo que nos rompe nuestro equilibrio. Es el momento en el que el cisne negro se apodera de nosotros y nos invade de manera súbita. Ahora nos toca reaccionar.

Es el momento de la lucha entre el cisne blanco y el cisne negro. Tradicionalmente, el color blanco se ha identificado con la bondad, la simpatía, la inocencia o la elegancia y el negro con la astucia, la sensualidad, el entorno sórdido, el desconcierto e incluso el terrorismo. Así visto y a nivel individual y personalísimo, casi todos los hombres tienen una parte de cisne blanco y otra de cisne negro.

Pero a nivel social el cisne negro tiene la impronta del suceso que cambia nuestra vida o nuestra forma de pensar y cuando surge tenemos que posicionarnos inevitablemente. De nuevo se pide a nuestro carácter o a nuestra personalidad que reaccione y que se enfrente al cisne negro que acaba de aparecer.

Las personas reaccionan de muy distintas maneras ante el cisne negro. Cuando el cisne negro se apodera de nosotros somos, ante todo, conscientes de que algo importante ha ocurrido. Al asumir el hecho, reaccionamos. Unas personas quedan paralizadas. Esta es una de las peores opciones porque la parálisis no conduce a nada y el cisne negro campará a sus anchas. No nos recuperaremos.

Otras personas, tras asumirlo e interiorizarlo, se oponen a él, se enfrentan y reaccionan declarándole la guerra. En esta opción hay que tener mucho cuidado al calcular nuestras fuerzas y las fuerzas del cisne negro. Si él es muy superior a nosotros (es decir, está en nuestro círculo de preocupación y no en el de influencia), nada tendremos que hacer.

Negar realidad

Imagen: Three wise monkeys, Tōshō-gū Shrine, Nikkō (Wikimedia Commons)

 

Una tercera opción es aceptarlo pero darle de lado, procurando que afecte a nuestra vida lo menos posible. Lo que pasa es que muchas veces es imposible, porque se ha metido dentro de la propia estructura de la vida, del sentimiento, del entorno laboral o de cualquier otro escenario vital. Otra respuesta del hombre es hacerse aliado del cisne. Lo más fácil y frecuente, aunque representa una renuncia a muchas cosas que nos rodean y un cierto riesgo de futuro. Hacerse afrancesado (típica frase del siglo XIX) vale por un periodo, pero nada más.

Otra forma de reaccionar puede ser “vivir en y con el cisne negro”. Lo que ocurre es que a veces es posible de aceptar y otras no. Desde luego, la peor reacción es negar la existencia del mismo elemento, y decir “esto no ha ocurrido”. Echar la llave al cerebro y no conocer la realidad.

Para que el cisne negro no se apodere totalmente de nosotros y podamos reaccionar hemos de descubrirlo, aceptarlo, conocerlo, marcar estrategias y actuar. De una forma u otra depende del caso, pero siempre con la esperanza de obtener o llegar a una situación mejor.


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