Los objetivos (2/3). Ecología de los objetivos

Cada vez que fijamos unos objetivos, sea a corto o a largo, tenemos que ser conscientes del esfuerzo que nos va a suponer llegar a ellos. Más válido que nunca el refrán “si algo quieres, algo te cuesta”. Realmente es cierto. Esperamos obtener con los objetivos alcanzados unos resultados positivos que nos compensen del coste o del esfuerzo realizado. Casi siempre tiene más peso el coste personal que el coste económico. Al fin y al cabo el coste económico “es sólo dinero”.

Al estudio de los componentes, situaciones, factores, relaciones o esfuerzos que inciden para eliminar o paliar al máximo los riesgos y las consecuencias negativas de las decisiones que tomamos para llegar al objetivo (en el fondo evolución) lo denominamos ecología de los objetivos.

Tras la euforia por haber alcanzado el objetivo, viene la reflexión. ¿Cuáles son las consecuencias de haberlo conseguido? ¿A qué hemos tenido que renunciar: tiempo, esfuerzo, dinero, ocio, familia, otras renuncias? ¿Nos ha compensado? ¿Qué hay de importante en las circunstancias personales que probablemente tengas que dejar atrás? (Josep Guasch).

La ecología de los objetivos es en realidad el análisis de a quién y cómo va a afectar conseguir tu objetivo. No sólo te va a afectar a ti y a tus circunstancias particulares. También va a afectar a tu familia, tus amigos, tus compañeros y a sus circunstancias. Surge una nueva pregunta: ¿hasta dónde estás dispuesto a llegar por conseguir tus objetivos? En muchos casos de éxito se escucha una horrible frase, pero verdadera: Sí, tal o cual persona ha triunfado pero ha dejado atrás un montón de cadáveres.

 

La ecología de los objetivos nos advierte: tu vida va a cambiar y llegar al objetivo va a traer consecuencias. No es oro todo lo que reluce. Nace un nuevo compromiso. ¿Qué vas a hacer al respecto? Si al final decides ir a por el objetivo y conoces las renuncias debes actuar en los dos escenarios. Prever las renuncias es tanto como actuar con toda la responsabilidad y adquirir la conciencia de una especie de indemnización hacia las personas o situaciones afectadas.

Un ejemplo termina de aclararlo. El objetivo era un puesto directivo en la empresa y por fin lo he obtenido, pero en Perú. Mi familia tiene que trasladarse también. Cambiar de ambiente y de amigos, cambiar de casa, de ciudad y mil cosas más: ¿me compensa?

La verdad es que resulta difícil analizar la ecología de los objetivos antes de emprender el viaje hacia ellos y muchas veces si supiéramos el peso de las renuncias que hemos de hacer, dejaríamos aparcado el objetivo.

Desde Molière, que mantenía que “hay sacrificios que no compensan”, hasta Nietzsche, con su declaración: “Piensa bien si te compensa lo que vas a perder en relación con lo que vas a ganar”, pasando por el sabio refranero “a todos nos cuesta dejarnos algunas plumas”, la ecología de los objetivos ha estado siempre presente.


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