Ilusiones sí o ilusiones no (2/2). Desde dentro

La desilusión e incluso la frustración aparecen cuando la realidad alcanzada no es la esperada. Ya la psicología humanista (Rogers Maslow, Berve o Perla) proclamaba a voces que en el círculo motivacional lo más importante era llegar y permanecer en el estado de satisfacción, el único que generaba equilibrio. La satisfacción es subjetiva y un determinado grado de logro es suficiente para unos e insuficiente para otros.

Si no confirmamos el resultado y no contrastamos que lo obtenido tras la acción es realmente lo buscado, debemos aceptar previamente el riesgo de no llegar al punto deseado, y no ser tan ingenuos de pensar que el cambio seguro será para mejorar. Sin embargo la ingenuidad es un “estado precioso del ser humano”.

La ingenuidad es la ausencia de la malicia. Una deficiente comprensión del mundo real provocado por la exaltación del hombre libre como hombre bueno. La ingenuidad es también una herramienta fácil para buscar ideas o resolver problemas desde el estado cero de la mente, la mente en blanco. No existe ingenuidad en los juicios contrastados, en los conceptos de los elementos tangibles o en la evidencia. Sin embargo existe un cierto grado de ingenuidad en el intento, en las posibilidades o en los afanes y un grado más elevado aun en la imaginación, el voluntarismo o los sueños.

 

Ilusiones

Ingenuo feliz (imagen: Dezalb – Pixabay)

 

El gran problema surge en el entorno de la sociedad competitiva y rápida que no nos deja rectificar, ni pararnos a pensar, ni ralentizar la acción o el pensamiento. El “tiempo real” ha adquirido fuerza de valor social y es necesario gestionar nuestra emoción y nuestra energía para sentirse compensado en nuestro esfuerzo.

El objetivo: vivir en un entorno de equilibrio, sin rencores. A veces se consigue la meta pero no el objetivo.

Interpretar lo desconocido es también ahora aceptar que la ambigüedad y la incertidumbre juegan un papel importante en nuestras ilusiones. Vale el pensamiento de Confucio cuando decía: “El que vive sin ilusiones no sabe que está muriendo”. O el refrán del pensamiento positivo que reza:

“Si ilusión es el comienzo de la acción y por ello de la nueva realidad, buscar las ilusiones es intentar vivir con más intensidad”.

 

Un último concepto que se refiere al origen de estos sentimientos de los que hemos hablado (ilusión, ingenuidad, frustración o esfuerzo). Todos ellos nacen dentro del hombre y para el hombre. Dentro de cada uno y sólo para él. Cuando juegan elementos exteriores pueden surgir las patologías que cuando están y son parte integrante del yo profundo, el ser humano las vive con mucha mayor intensidad y terminan definiendo la personalidad y el carácter.


Suscribirse a comentarios Respuestas cerradas, se permiten trackback. |

Comentarios cerrados.


Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies