Los clásicos siguen vivos (4/6). Ford y la productividad

Si algún apellido está unido al concepto de productividad, sin duda es Ford.

Henry Ford es uno de los industriales norteamericanos más conocidos en todo el mundo. Nació en 1863, primero ejerció la profesión de maquinista, licenciándose como ingeniero más tarde. En el ejercicio de su profesión llegó a ser ingeniero jefe de la Edison Illuminating Co. En 1903 fundó Ford Motor Co., que llegaría a ser una de las más importantes fábricas de automóviles del mundo. Al margen de su actividad industrial adquirió un gran renombre por promover y organizar la Conferencia de la Paz de 1915.

Uno de los éxitos de su compañía de automóviles fue el sistema de producción que implantó en sus fábricas. Tras dotar de herramientas útiles a todos los trabajadores, planificó las diversas fases de producción integrándolas en un esquema continuado de tiempos, sistemas y procesos, lo que le llevó de manera automática a implantar una cadena de montaje, según la cual y tras la especialización concreta de los trabajadores, obtenía mejores resultados: es decir, mayor producción y el obrero mayores beneficios (incremento de salario), aunque también con mayores índices de cansancio.

Al aumentar la producción de manera sustancial, se podían vender más baratos sus productos, poniéndolos al alcance de la sociedad menos favorecida. Con ello vendería más y podría seguir produciendo una vez instalado el ansia de consumir en todo ciudadano. La producción en cadena origina una productividad máxima y a su vez una nueva cadena de mayor producción.

Ford

Trabajadores de la cadena de montaje de Ford, 1013 (imagen: Wikimedia Commons)

 

Los máximos niveles de producción en las fábricas se han alcanzado con sistemas de montaje en cadena a los que se incorporaban las últimas tecnologías.

Por el contrario y a largo plazo, este sistema económicamente rentable le produce al trabajador una crisis laboral evidente y lógica, pues puede llegar a su máxima alienación por hacer siempre lo mismo y a los máximos niveles de rendimiento. El estrés está servido.

La primera cadena de montaje aparece en España en Almusafes (Valencia) de la mano de automóviles Ford. Luego otras muchas han llegado a la producción masiva de electrodomésticos o piezas industriales de gran consumo. Pero el ejemplo paradigmático de las cadenas de montaje y el concepto de alienación que pronosticaba Carlos Marx lo encontramos actualmente en China, en la ciudad de Shenzhen, la ciudad fábrica que sostiene mayores estados de esclavitud industrial.

No ha muerto Ford. Está más vivo que nunca. Y como nunca su imposición industrial. Recordamos su famosa frase:

“Los americanos son libres de elegir el color de su coche, siempre que sea negro”.

 

Pero la frase que mejor define el trabajo en la cadena de montaje y también de Ford, por supuesto, es: “Lo malo, cada vez que pido dos brazos para trabajar, es que vienen acompañados de un cerebro”. ¡Qué barbaridad!


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