Los clásicos siguen vivos (3/6). Fayol y la Escuela de Administración

Henry Fayol nace en Francia en 1841 y muy pronto destaca por sus dotes intelectuales. Ingeniero a los dieciocho años, es profesor en la Sorbona poco después y director de una compañía minero-metalúrgica. Su teoría sobre la organización de empresas está recogida en la obra Administración industrial y general. En el ámbito académico forma una verdadera escuela que se ha conocido como Escuela de Administración.

Para Fayol administrar era comprobar que todas las cosas se hicieran de acuerdo con los planes adoptados, con las órdenes que habían sido dadas y con los principios establecidos.

Escuela de Administración

Henri Fayol hacia 1900 (fuente: Wikimedia Commons)

Por tanto, basaba su teoría en una serie de principios, que en algunos casos tenían similitud con los de la teoría de Taylor:

• Principio de autoridad centralizada. Autoridad en cadena.
Autoridad y responsabilidad son características básicas y fundamentales para el cuadro directivo.
Disciplina de abajo a arriba que implica a todos los niveles.
Unidad de mando pero división del trabajo en todos los estamentos y organización funcional en cada uno de ellos.
Estabilidad en el puesto de trabajo, con el fin de lograr una mayor integración del personal.
Subordinación del interés individual al general de la empresa y lealtad por parte de los trabajadores a sus principios.

Estos principios, según Fayol, son aplicables a todo tipo de empresa: desde aquellas puramente económicas a las de tipo social o político, ya que los principios organizativos son comunes a todo tipo de entidad, pues lo que se pretende es gestionar de la manera más racional posible, al margen del tipo de actividad que se realice.

La Teoría de Administración es seguida a rajatabla por empresas actuales.

La verdad es que no han asumido el cambio que el tradicional management de los pasados años 70 impuso. Estas empresas, de tamaño medio, medio grande y casi siempre de origen familiar tienen pendiente su modernización, alimentándose de las culturas autoritarias y de proceso y aún muy lejos del cambio hacia las culturas de objetivos y motivación.

Una asignatura pendiente del sistema industrial y productivo a pesar de su supervivencia en las épocas de vacas flacas.


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