Gestionando al jefe (10/10). Líderes sin coherencia

Si es cierto que no hay nada mejor que fiarse del jefe, sentirse amparado y cubierto y por tanto obtener su respaldo, será también cierto que no hay nada peor que no fiarse del directivo y considerarle una persona incoherente. De las diversas acepciones del término coherencia nos interesa en este caso considerarla como la actitud consecuente de una persona respecto a una postura anteriormente asumida. Se dice que una persona es coherente cuando actúa de acuerdo a sus criterios, que ya deben ser conocidos por el resto de sus colaboradores.

Frente a un directivo coherente está el jefe veleta. Imaginemos por un momento que tenemos un jefe veleta y por lo tanto no sabemos cómo va a actuar. Acabamos de sembrar el desconcierto, a veces el temor y casi siempre la ineficacia. El modelo de gestión empresarial del siglo XXI se basa en varios criterios: la tecnología, la flexibilidad, el valor de la visión del cliente, la competitividad y muchas más cosas. Pero también, sin duda, en contar con auténticos jefes líderes. Ese liderazgo no se gana sólo o no se gana siempre a través de la coherencia, pero siempre se pierde por falta de ella.

Incoherencia

Por lo tanto la coherencia es una cualidad necesaria (casi nunca suficiente) y una premisa previa a toda consideración del buen jefe. Todo nos lleva a la misma conclusión: un jefe sin coherencia es un mal jefe y ya se sabe la consecuencia; a mal jefe, peores empleados.

Una de las principales consecuencias de la falta de coherencia es la ausencia de estrategia. La empresa va al socaire y se resienten las estructuras y, por supuesto, los resultados. Muchos autores han estudiado y clasificado los comportamientos de los malos jefes y en todos ellos el jefe errático, incoherente, inconsciente o veleta aparece como una de las tipologías más frecuentes y más peligrosas. Es el momento de comenzar con un proceso de gestión de los colaboradores hacia el jefe, para demostrarle que sus actitudes abruptas son peligrosísimas para la organización.

John Maxwell explicaba en sus escritos referidos a “Cómo trabajar para los malos jefes” que el equipo debe estar cohesionado y hacerse fuerte ante las estupideces de los jefes, crear una muralla que no deje entrar al veneno tóxico. Explicaba que:

“Sin importar cuales sean nuestras circunstancias (las del equipo de colaboradores), la mayor limitación no es el líder encima de nosotros, sino su mal espíritu dentro de nosotros”.

 

Consecuentemente, el jefe incoherente va dando bandazos. Hoy esto y mañana lo contrario. Sabemos que sin propósito somos un caos. “Sin coherencia no hay ninguna fuerza moral” (decía Robert Owen). Siempre surge una duda moral en los colaboradores: ¿hay que serle fiel al jefe que no demuestra actitudes coherentes?

Pero quizá la pregunta más importante sea: ¿a dónde vamos con un jefe sin coherencia? La respuesta es fácil. Don Quijote responde por nosotros de forma sabia: “Por la calle del ya voy se llega a la casa del nunca”.


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