Gestionando al jefe (4/10). Aceptar: difícil cuestión del liderazgo

Se ha escrito muchísimo sobre las funciones del liderazgo. Todos los autores e incluso todos los líderes coinciden en que una de esas funciones se refiere a la aceptación, es decir, a la capacidad de solicitar, atender o poner en práctica sugerencias y propuestas de los colaboradores o de terceras personas.

Las famosas encuestas que desde los años 90 realiza (de manera intermitente) la revista Fortune sobre el ejercicio del liderazgo, demuestra que los líderes mejor considerados son aquellos que promueven la participación de los colaboradores y por lo tanto están abiertos a aceptar sus iniciativas, de los que en muchos casos también se puede y debe aprender.

Es verdad que el rol del líder no debe considerarse de manera rígida. Más bien todo lo contrario. Lo que muchos han llamado “la inspiración del liderazgo” es un continuo fluir de emociones y sensaciones que deberían estar perfectamente incardinadas con la técnica, las posibilidades, las circunstancias y las personas (colaboradores). Cuando José Cabrera publicó “Liderazgo 2.0”, consideraba que el único camino posible para mantener la posición de líder de manera sostenible se basaba en el liderazgo inspirador. Si cada época ha proporcionado un estilo de liderazgo, actualmente ese estilo debe fundamentarse en la capacidad de ilusionar a los colaboradores y al tiempo en la capacidad de seleccionar y construir valores que conduzcan al éxito.

Ni una ni otra cosa se podrá conseguir sin la conciencia de la aceptación de aquello que el equipo de trabajo propone. Aceptar es más importante y eficaz que imponer. Desde Ouchi, allá por los viejos 70, hasta los autores más recientes (Maxwell, R. Salen, J. Cornet, Diana Dizdarevik) saben que lo primero que ha de conseguir un líder es la eficacia en la obtención de los objetivos marcados.

Trabajo en equipo

Ilustración: Jack Moreh (Stockvault.net)

Curiosamente, el estudio realizado por Márquez y Barbat de Spencer Stuart sobre los directores españoles arrojó un resultado algo desolador: la función del liderazgo que más y mejor ejercen era la de dirección y representación y la peor la de la aceptación y formación. Quiere esto decir que en muchos líderes de nuestro país se da la paradoja de que tras solicitar iniciativas, propuestas o nuevas ideas, luego terminan en la papelera. (Recordemos que España ocupa el número 40 en el ranking de calidad directa). Pedir sugerencias para no aceptarlas es una clara muestra de incapacidad del líder.

¡Qué difícil resulta a veces bajarse del pedestal y comprender que los otros colaboradores también piensan, también son esforzados profesionales, también aceptan retos y buscan metas, y también son tan válidos como el propio jefe! La humildad es, desde Richard Florida, una de las mejores muestras del verdadero liderazgo.

El concepto de las personas dignas para ser líderes fue muy debatido a principios del siglo XXI y se llegó al acuerdo de que no existiendo líderes sin equipos, parece absurdo que el jefe se olvide del equipo y no tome en consideración sus sugerencias. Aceptar es más que una función del liderazgo, es una obligación.

Como no podía ser de otra manera, también Don Quijote nos enseñó que:

“Nunca el consejo del pobre, por bueno que fuera, es admitido”.


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