Pensando (1). Pensar solo o en compañía

Pensar es el ejercicio intelectual más sobresaliente del ser humano. Nos distingue, nos identifica y nos hace progresar. Todas las personas piensan y a través de sus pensamientos actúan y se interrelacionan. Desde Descartes (más acertado que nunca, o no), el principio de “cogito ergo sum” («pienso, luego existo») representa la base fundamental del racionalismo occidental y, sin embargo, hoy ha quedado atrás.

Pensar

El Pensador, de Rodin. Foto: FranJa (Flickr)

La gran novedad de la nueva economía aporta la unión del pensamiento con la comunicación. El pensamiento no vale de nada si queda guardado para siempre entre las entrañas de quien pensó. La expansión globalizada de la nueva economía, por supuesto propulsada por la tecnología, lleva a la paradoja de considerar que el pensamiento no es importante por sí mismo, es decir, por su contenido. Esto será una segunda derivada. El pensamiento es realmente importante en relación a la capacidad que tenga de llegar a otros, es decir, de su difusión y comunicación, añadiéndole el aliciente de la velocidad como valor. Lo realmente crucial hoy es llegar a todo el mundo y llegar en tiempo real.

Todavía contrasta esta realidad con ciertos comportamientos de directivos y altos ejecutivos que admiten claramente que en su trabajo no les da tiempo para pensar. Así, cuando su coach les pregunta cuándo y cuánto piensan, responden que piensan en la ducha, o conduciendo, o cuando ven televisión. ¡Qué barbaridad! Pero otra barbaridad mayor es cuando responden: “Yo no pienso, porque en verdad mis pensamientos no son tenidos en cuenta por la organización”.

Pensar es además una adicción. Personas que nunca pensaron en ciertas cosas o de cierta manera, no pensarán; quienes están habituados a pensar y a razonar ante las diversas posibilidades cotidianas, seguirán pensando. Hacer del pensamiento una actividad rutinaria es aprovechar las ventajas del cerebro humano. El primer pensamiento y por ello la ventaja más destacable es, para mí, la capacidad de aprendizaje.

Un aprendizaje constante que va a necesitar de la voluntad decidida para utilizarla después. Quien piensa y no hace nada con el pensamiento es como quien aprende y no hace nada con lo aprendido. Penosa existencia que pierde oportunidades infinitas en cada segundo.

La segunda gran aportación al pensamiento, obtenida de la nueva economía, viene también dada de los principios de la comunicación. Históricamente la comunicación siempre fue uno a uno; posteriormente, uno a varios, incluso uno a todos, para ser en la actualidad un proceso complejo de todos a todos. Así pues, poco a poco va concluyendo el pensar solo, en pensamiento individual, para aceptar un pensar juntos o un pensamiento colectivo.

A este respecto, Miguel Arana y Carlos Barragán expresan:

“No podemos pensar solos más allá del límite de nuestro cerebro, ni podemos pensar juntos más allá del límite de nuestra organización”.

Por eso hay que pensar en fórmulas que nos lleven hasta el último rincón del mundo y nos lleven ahora mismo. Esa fórmula la encontramos en la Red. Pensar en red es la nueva forma de pensar.


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