Profesionales vs. Profesionalidad

Analizar el concepto de profesional o profesionalidad ha sido una constante en los científicos y maestros del área de Organización de Empresas y sobre todo de Recursos Humanos. El afán por definir, del que pocos escapan, y la obsesión empresarial de clasificar los puestos de trabajo, han llevado a encasillar estos conceptos.

profesional vs profesionalidad

Fuente de la imagen: MarcelaPalma en Flickr

Perogrullo definía la profesionalidad como la actitud con la que realizan su trabajo los profesionales, y a estos como aquellas personas que trabajaban profesionalmente… ¡Viva Perogrullo!

Sin embargo, y cayendo una vez más en el egocentrismo científico, nos vamos a atrever a descifrar los valores constitutivos del profesional. Tres criterios esenciales lo describen:

1. En primer lugar AP, es decir la aptitud (aptitud con mayúsculas) por desarrollar un tipo concreto de trabajo. Esta aptitud es un menú complejo que necesariamente tiene cuatro ingredientes:

  • Conocimiento (K). Conocimiento científico, teórico y técnico. Conocimiento real. Conocimiento de todo aquello que estamos realizando. Conocimiento profundo, hasta los entresijos.
  • Habilidad (H) entendida como la destreza en la comprensión de cada tema y la búsqueda y aplicación de soluciones. La habilidad innata como demostración del talento personal. A veces se identifica la habilidad con el conocimiento práctico de la materia.
  • Experiencia (EX) que se demuestra en cada instante al interpretar la situación y semejarla a vivencias y soluciones anteriores. La experiencia como búsqueda y como capital intelectual intransferible que se enriquece de manera constante.
  • Actualización (AZ) o necesario aprendizaje continuo para “estar al día” y para evolucionar y desarrollarse al mismo tiempo que evoluciona, se desarrolla y cambia las tareas que son encomendadas.

2. En segundo lugar nuestras competencias personales (C), es decir la actitud ante la cultura, la estructura y la visión de la organización en la que trabajamos. Cada empresa ha de definir sus competencias requeridas y en ella ha de germinar la actitud del colaborador. Luchar contra el sistema siempre conlleva salir del sistema.

3. En tercer lugar la responsabilidad (R) como manifestación del carácter y de la personalidad. Si el comportamiento no corresponde a un estándar de responsabilidad, por mucha aptitud que se demuestre y por un desarrollo extraordinario de las competencias exigidas, nunca se le podrá definir como auténtico profesional.

Si a estos tres pilares añadimos la confluencia de valores, es decir, los valores establecidos en la organización coinciden con los valores de la persona, habremos encontrado (para esa empresa) a un “profesional excelente”.

Por último, a modo de reflexión y emulando a Aristóteles, cabe decir que no hace falta actuar de manera perfecta, basta con que cuando actuemos seamos prácticos y eficaces. Henry Ford, siempre tan polémico, también decía “no busques ni encuentres la falta. Busca y encuentra el remedio”. Finalmente, Benjamin Franklin nos recordaba: “decídete a hacer lo que debes y haz sin falta lo que hayas decidido”.


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