El Campus de nuestro “tiempo”

Cada vez que nuestros recuerdos universitarios vuelven a la memoria terminan en aquel campus en el que tantas horas pasamos. Si las aulas fueran centros de enseñanza de nuestra profesión, los campus se convirtieron en centros de enseñanza de nuestras vidas. Muchos recuerdos. Muchas experiencias.

Otros campus, parecidos o no al de nuestra Universidad, los hemos frecuentado con asiduidad. Desde el círculo de amigos, hasta los entornos de nuestro trabajo o de la familia e incluso de nuestras aventuras personales y a veces secretas. Mal está, muy mal, que en estos campus “pasemos” nuestro tiempo. Bien, muy bien, que “disfrutemos” de nuestro tiempo.

tiempo

El tiempo va pasando y nuestro tiempo también. Nunca se detiene y lo que no hagamos para mañana, cuando llegue mañana no estará hecho y la frustración se apoderará de nosotros (Victor Vroom). Sin duda Peter Drucker tenía razón cuando afirmaba que “el tiempo es el recurso más escaso que existe y si no se gestiona bien, nada estará bien gestionado”. De un anónimo aprendí que el tiempo no pasa, pasamos nosotros y mucho antes, Tales de Mileto, nos dejó una preciosa sentencia: “si buscas una buena solución y no la encuentras, consulta al tiempo, puesto que el tiempo es la máxima sabiduría”.

El ya referido Víctor Vroom explicaba que solamente cargando nuestro futuro inmediato de expectativas podremos alcanzar la satisfacción personal. Esto sólo se producirá cuando ese futuro inmediato sea presente y las expectativas sean realidades. En contra de este criterio podemos afirmar, como lo hace Albert Einstein que “no pienses nunca en el futuro porque llega muy pronto”.

Para perder el tiempo es mejor emplearlo en cualquier cosa. Lo curioso es que cualquier cosa tiene valor. Por eso hacer algo ya es un paso importante, y si además lo hacemos con consciencia, orden y contenido, habremos hecho el tiempo corto y el resultado largo.

“El tiempo es el recurso más escaso que existe

y si no se gestiona bien, nada estará bien gestionado”

Peter Drucker

Es curioso observar el siguiente experimento: dedica quince minutos diarios para llevar a cabo una parte de un trabajo determinado. Quince minutos no es nada y, al cabo del año, tendrás el trabajo terminado. Si consideras que quince minutos realmente no es nada y no haces nada, al cabo del año el trabajo seguirá sin hacer. Mezcla de filosofía Gestalt (aquí y ahora) y del famoso “carpe diem”.

El tiempo, además, produce sensaciones. La filosofía hinduista, al analizar científicamente los aportes o drenajes de emociones, incluía el “Tiempo” como uno de los famosos vectores causantes de energía. Establecía este criterio en tres dimensiones: el tiempo a lo largo del día, a lo largo del año o a lo largo de la vida. Solo el estudio personal permitirá conocer los momentos (biorritmos) y sus consecuencias. El ciclo de los biorritmos no es más que la certeza de que a lo largo del tiempo de la vida los elementos, las circunstancias y los procesos (físico, emocional e intelectual) se repiten no por azar sino por la confluencia cruzada, sincronizada, de los elementos citados de cada quien.

Por eso las personas más equilibradas y coherentes son aquellas que conociendo e incluso dominando sus biorritmos consiguen vivir en armonía. Este es nuestro campus vital. Así lo reconocía Shakti Gawain, “vivir en armonía en nuestro universo es vivir pleno de alegría, amor y abundancia” (Visualización Creativa).


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