COMPLEJOS DE JUVENTUD NO SUPERADOS

La teoría y la práctica nos cuentan que hay que gestionar a los jefes. Mejor dicho, hay que saber gestionar adecuadamente a los jefes. Con demasiada frecuencia, los jefes afloran comportamientos que sin rayar en las patologías se acercan a lo incomprensible. Nos muestran sus complejos de juventud no superados. Se comportan presionados por esos pequeños traumas que forman parte integrante de su personalidad.

¿Podríamos tipificar los complejos de juventud no superados? Evidentemente no. La experiencia permite agrupar alguna “familia” de estos complejos.

Fuente Flickr EOI

Quizá el más frecuente sea el de emulación. De pequeños, bien por admiración, o por temor o por alguna foto fija y marcada en la retina o por cualquier otra circunstancia nos fijamos muy especialmente en una persona (en el padre, un vecino, un familiar, alguien que aparece por el hogar…) y guardamos internamente un pensamiento: “Cuando yo sea mayor seré como esta persona”. Inconscientemente, de mayor, así se produce y como profesional, como jefe o como persona se emula a ese modelo a pesar de los inconvenientes o de las circunstancias.

Otro complejo muy común se refiere al aspecto físico. El físico de las personas varía mucho en la edad madura respecto a cómo se era cuando niños. Sin embargo, algunos complejos se mantienen toda la vida: gordura, tartamudeo, altura, dientes, pies, pelo, etc…ya no somos como éramos. No importa. Seguimos condicionados por algunos comportamientos absurdos.

El escenario sentimental es importantísimo. Me gustó esa chica o ese chico y no se fijó nunca en mí. Mi amigo del alma de pronto me abandonó. Aquella pandilla se deshizo y solo quedamos unos pocos. Cuando pasan algunos años más el fracaso o el éxito sentimental se convierte en protagonista. El resentimiento es cada día causa de actitudes y comportamientos incomprensibles. La euforia también.

Un complejo no superado suele ser la timidez. Es verdad que los comportamientos varían según el entorno social en el que actuamos. En unos se puede ser tímido y en otros justo lo contrario. Cuando no se ha superado la timidez de niño termina dominándolos en estados de tensión, cansancio o fracaso. ¡Qué error la timidez! Se convierte en mordaza y hasta los pensamientos se sienten atenazados.

Quizá uno de los complejos de juventud que más perduran se refiere a los esquemas de vida, frecuentemente trazados por padres o profesores. “Niño, cuando tú seas mayor tienes que ser médico o abogado del estado como tu padre o militar como tu primo”. Sin darnos cuenta nos han trazado la hoja de ruta para llegar a un lugar que nada interesa, y cuando estamos allí fluye el complejo bien arropado por la debilidad, el mal carácter y el sentimiento de perpetuo derroche.

Como estos ejemplos, hay otros muchos. Que cada quien se analice sin miedo a la verdad y descubra realmente, sin complejos, sus complejos de juventud no superados.


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