NO ME HAGA DAÑO, DOCTOR

Veamos la realidad de cualquier empresa:

Está pasando por una situación económica dificilísima, los accionistas temen por sus inversiones. Los clientes no compran tanto como lo hacían tiempo atrás porque han perdido capacidad adquisitiva y sin embargo los proveedores suben los precios, los gastos generales aumentan y las instalaciones poco a poco se han quedado obsoletas. En definitiva la empresa está enferma. ¿Qué hacer?

Llamemos a un doctor para que sane los males de la organización. De pronto llega el consultor. Reconoce a su enfermo y nos dice: necesita tomar urgentemente medidas a corto, hay que superar la crisis, necesitamos definir un nuevo modelo de control, sacrificar parte de la plantilla, redefinir el producto, modernizar la comercialización. Reestructurar la empresa. Innovar.
Y por fin dice las tres palabras mágicas: Estrategia, reflotar y supervivencia.

Consultorías, despachos, auditorías y asesorías han florecido como setas. Hay de todo: teóricos y prácticos. Creativos y destructores. Optimistas y demoledores. Técnicos, motivadores y escépticos. Todos con sus diagnósticos. Todos con sus recetas. Todos con sus medicinas. Unos magníficos especialistas, otros profesionales avalados por casos de éxito. También nos encontramos con lo contrario y a veces con grandes vendedores y no tan grandes consultores.

A la hora de decidirnos por uno u otro consultor-doctor hemos aprendido que funcionan bien aquellos que:

– Son verdaderos especialistas. De igual manera que una dolencia de la piel no la cura un urólogo, los problemas técnicos de la producción no pueden ser solucionados por los expertos de RR. HH.
– Feeling personal que comporta confianza en el consultor y fe en sus decisiones. Fundamental y crítico este aspecto.
– Están de verdad comprometidos con la tarea que realizan. Ayudan a implantar las medidas y se co-responsabilizan.
– Dedican el tiempo que se precisa. No son doctores que llegan, recetan y se van. Una nueva forma de trabajar juntos y responden profesionalmente.
– Son prácticos y realistas. No incorporan fórmulas magistrales que nunca se implantarán. A un problema: una solución. A grandes problemas: soluciones drásticas.

Y también hemos aprendido que apellidos, éxitos pasados, popularidad, ex directivos o facturas ni aseguran un buen diagnóstico y/o resultado, ni una implicación tan constante como la que cada paciente desea o necesita.

No me haga daño, doctor. A veces es peor el remedio que la enfermedad. Fue un milagro, creía que me moría y el consultor-doctor me salvó. Ni tanto ni tan calvo.

Elija usted el consultor que le de confianza, pero no le deje solo. Como mínimo construya su futuro junto a él.


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