DOÑA AUSTERIDAD

Lo “modesto” se identifica con los procesos que rehúsan lo innecesario. Se es modesto cuando por voluntad, convencimiento, oportunidad o fuerza mayor se renuncia a lo innecesario. Así lo advirtió Schumpeter y Amaztya Sen (Premio Nobel 1998) lo consolidó en sus estudios sobre las hambrunas, el desarrollo humano y el bienestar social.

En los entornos de lo “modesto” hay que encuadrar a la austeridad. La austeridad es más que un concepto. Es una filosofía que parece impregnarlo todo. La austeridad alimenta desde las declaraciones de la ética social, hasta las políticas gubernamentales o desde los fundamentos sentimentales hasta nuestras horas de ocio.

Austeridad económica, austeridad política, austeridad en los gastos, en la inversión, austeridad por todas partes. Pero nunca la austeridad en el pensamiento, en el esfuerzo, en la imaginación creativa o en la capacidad de desarrollo. “El gasto esclaviza, la austeridad libera” (Daniel Kahneman).

Yo creo que la austeridad podemos contemplarla desde diversos prismas:

En primer lugar la austeridad como valor, aplicable a cualquier ciclo económico (no solo en épocas de recesión) que supone luchar contra el despilfarro, “ir al grano”, prudencia, búsqueda de eficiencia y gran capacidad de análisis. Modelo de ejemplaridad aunque no siempre haya de aplicarse.

Determinadas sociedades han heredado la austeridad como única realidad conocida. Llevan la austeridad en los genes. No han conocido otra cosa, “¡qué tremenda soledad la de la austeridad! Viene acompañada de la nada”. (Ezving Gottman).

En segundo lugar la austeridad como estrategia. Un modelo de gestión empresarial que tiene a la austeridad de protagonista. La austeridad por encima del talento, como sistema para mejorar los resultados. Austeridad a coste de…

Será la austeridad un eficaz ejemplarizador o por el contrario una trampa saducea capaz de desbaratar cualquier intento de riesgo, de osadía o novedad? Es verdad que una gestión basada en la austeridad aumenta el compromiso de los trabajadores pero también aumenta la exigencia de la empresa respecto a sus procesos de comunicación.

“La verdad elevada al cubo se convierte en un futuro más seguro, unas relaciones más consolidadas y alternativas más fiables” (Soren Kierkegaard).

En último lugar, la austeridad como oportunidad para favorecer el cambio y descubrir mejoras en la organización. Se puede considerar que las tendencias que nacen de la oportunidad son un efecto secundario de la austeridad: convertir un problema en una oportunidad.

En el libro “Las 7 leyes espirituales del éxito” (Deepak Chopra) se configura la austeridad como el método adecuado para convertir el problema en oportunidad. La austeridad es transitoria. La P.N.L. llega incluso a este criterio y afirma que los símbolos son transitorios también y propone un sencillo juego, que yo a su vez le propongo a usted: los símbolos de nuestra niñez cambian en nuestra juventud y vuelven a cambiar en nuestra madurez, y así sucesivamente en todas las edades.

¿Somos austeros o somos crísticos? (austeridad es una cosa y despilfarrador es otra). ¿Somos crísticos o súper crísticos? (austeros en lo fundamental o en aquello que no nos gusta y despilfarradores en las cosas que nos gustan y con las que disfrutamos) ¿Qué somos?


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