EN EL ÁNGULO SUPERIOR DE LA PIRÁMIDE DE MASLOW

Nadie llega al ángulo superior de la pirámide de Maslow por casualidad. En realidad, las casualidades no existen. Quien esté allí arriba habrá tenido que escalar muchos y complejos tramos y superar trampas, dificultades, traiciones y mentiras.
Si has llegado allí arriba, enhorabuena, porque solo lo logran aquellos que viven en equilibrio personal y en armonía interpersonal.
Está científicamente probado que el hombre desarrolla su vida en cuatro ámbitos diferentes:

1. El escenario profesional, verdadero y casi siempre única fuente de ingresos. Obsesión de filósofos (desde Adam Smith, hasta Carlos Marx). Ladrón del tiempo (8 horas o más cada día). Satisfactorio (al menos el día de cobro) y gran factor de desarrollo, tal y como nos cuenta la historia.

2. Una esfera social derivada de nuestras relaciones interpersonales. Frente a “dime con quien vas y te diré quién eres”, está el poder de la libertad que nos abre todas las posibilidades para incorporar a nuestro tiempo y nuestras actividades a la persona que consideremos en cada momento (recordemos la profecía de cada 10 años cambiamos de amigos, de clientes e incluso de valores).

3. El entorno humano definido por las relaciones emocionales. Es el nudo gordiano del equilibrio y la paz personal. Quien tenga roto el “elemento humano” no podrá llegar al ángulo superior de la pirámide de Maslow, pero a veces una caricia, una mirada o la casi imposible comunión de caracteres es capaz de dispararnos a lo profundo de ese ángulo superior.

4. Lo personal. El yo. Tiempo, energías e ilusión dedicados a mí mismo. Lo personal es intransferible, subjetivo, valiosísimo, con una capacidad permanente de cambio, pero también con una capacidad constante de renuncia.

Así las cosas, es frecuente encontrar cómo las presiones del escenario profesional exigen más dedicación, mucha más dedicación, en detrimento de alguno de los otros conceptos. Normalmente lo personal. El yo, sale perdiendo.
Nos gustaría creer en los cuentos de magia y aventuras con final feliz y con perdones y festines colectivos, pero la vida real impone sacrificios cotidianos que nadie agradece. Vencer la tentación de olvidar el entorno humano es el gran acierto.
Solo las relaciones emocionales pueden poner en marcha el ascensor que sube al ángulo superior de la pirámide de Maslow.
“Una sanguijuela” gritó Groucho. “Hay que eliminar a la sanguijuela” replicó Sócrates y el Doctor Jenkins mató a su socio; pero luego no puedo irse de vacaciones.


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