7 AÑOS DE VACAS GORDAS Y 7 AÑOS DE VACAS FLACAS

Desde la profecía de los siete años de vacas gordas y siete años de vacas flacas, los ciclos económicos más o menos largos e intensos son una realidad incuestionable. Parecía que los intereses que acompañaban a la globalización, iban a reducir los efectos de los ciclos, procurando largas épocas de estabilización. No ha sido así. Casi al contrario.
Los cambios económicos han sido en los últimos 40 años rápidos y profundos, y no han venido solos. Han venido acompañados de profundas modificaciones políticas, sociales, jurídicas, demográficas y geográficas, que han puesto en solfa tradiciones consolidadas y han convertido en cotidiano e imprescindibles elementos históricamente desconocidos, familiarmente reprochables y personalmente complicados.
A principios del siglo XX se puso de moda la frase: “Es la modernidad”. Con ella se explicaba el cambio y la ruptura de la herencia acumulada de muchísimos años, hacia las nuevas formas de vida basadas en la industrialización y en la dependencia interpersonal. Un siglo después, la frase “Es la tecnología” que relaciona la sumisión de la actividad del hombre a una herramienta nueva que transforma tiempo y espacio y que pone de manera constante al mundo a disposición de cada persona.
Los siete años de vacas gordas se identifican con los años de la abundancia, las inversiones, el dinero fluyendo fácilmente, el despilfarro y la falta de preocupación por la buena administración. Los siete años de vacas flacas representan la dificultad, la economía de la restricción, el miedo económico, la administración férrea y la espera de tiempos mejores.
Frente al pensamiento adaptador, típico de las épocas de desarrollo (hacer, hacer), hoy impera el pensamiento divergente. Se buscan capacidades nuevas que sean adecuadas para prosperar con inversiones mínimas, gastos mínimos y mínimos recursos. Muchos países están viviendo siete años de vacas gordas. Otros desgraciadamente vivimos en escenarios más deprimidos. No hay mal que cien años dure. Sin embargo, (y de todo se aprende) las “reformas económicas” y los “modelos de administración” que estamos utilizando en este periodo de vacas flacas y que podemos definir con el incitante apellido de “austeridad” deberían calarnos y hacernos fuertes para que cuando lleguen los años de vacas gordas (pronto será, según los optimistas) seamos capaces de vivirlos con mayor consciencia. Así durarán más tiempo y disfrutaremos sin los excesos de la ingenuidad estúpida. Simplemente haremos las cosas mejor.


Suscribirse a comentarios Respuestas cerradas, se permiten trackback. |

Comentarios cerrados.


Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies