El empoderamiento económico de las mujeres a través de los emprendimientos como oportunidad de desarrollo

María Inés Ciancaglini

“Invertir en el empoderamiento económico de las mujeres contribuye directamente a cerrar la brecha de la desigualdad de género, la erradicación de la pobreza y el crecimiento económico inclusivo. Que las mujeres contribuyan de manera significativa a la economías de sus países, redunda directamente en el desarrollo humano de las sociedades y las comunidades donde viven”. Directora regional de la ONU MUJERES en Latinoamérica y el Carive, Luiza Carvalho.

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La importancia del empoderamiento económico de las mujeres para el desarrollo

Invertir en el empoderamiento económico de las mujeres contribuye directamente  a la igualdad de género, el crecimiento económico inclusivo y la erradicación de la pobreza. El empoderamiento se convierte en un factor fundamental para lograr la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres. Cuando las mujeres están empoderadas pueden exigir sus derechos, ejercer liderazgos, tener una independencia tanto económica como social y  aprovechar oportunidades de educación y empleo para su desarrollo.

El empoderamiento económico tiene el poder de reactivar las economías de los países y por ende del mundo entero. La economía necesita de las mujeres ya que estas representan más de la mitad de la población mundial pero su contribución a la actividad económica está muy por debajo de su potencial. Según cifras de ONUMUJER, si las tasas de empleo remunerado de las mujeres se incrementaran hasta equipararse a las de los hombres, se estima que el producto interno bruto de Estados Unidos sería un 9 por ciento mayor, el de la zona del euro aumentaría un 13 por ciento y el de Japón un 16 por ciento. En las 15 economías en desarrollo más importantes, los ingresos per cápita crecerían un 14 por ciento de aquí a 2020 y un 20 por ciento hasta 2030.

El empoderamiento económico de la mujer es un buen negocio. Según estudios efectuados en países de la OCDE y en algunos países no miembros, el aumento de la participación de las mujeres en la fuerza de trabajo o una reducción de la disparidad entre la participación de mujeres y hombres en la fuerza laboral produce un crecimiento económico más rápido. Según hechos de ONUMUJER, las empresas se benefician enormemente al aumentar las oportunidades en cargos de liderazgo para las mujeres, algo que ha demostrado aumentar la eficacia organizacional. Se estima que las compañías donde tres o más mujeres ejercen funciones ejecutivas superiores registran un desempeño más alto en todos los aspectos de la eficacia organizacional. Esto se debe a que las habilidades femeninas y su liderazgo responden mejor a las necesidades de la nueva economía por ser más solidarias, cooperativas, participativas, creativas y  trascender con frecuencia el mero interés económico. Por último para incrementar el gasto y promover el crecimiento económico se debe empoderar a la mujer como agente de demanda agregada ya que las mujeres controlan cerca del 65% de las decisiones de compra totales en bienes y servicios a nivel global.

El empoderamiento económico de la mujer tiene un efecto multiplicador. Así la participación económica de la mujer se convierte en una fuente de crecimiento con un papel fundamental en el desarrollo humano ya que tiene un  efecto multiplicador en sus familias y en la participación de las actividades de las comunidades contribuyendo a la erradicación de la pobreza. Datos empíricos procedentes de diversos países muestran que incrementar la proporción de los ingresos del hogar controlados por las mujeres, procedentes de lo que ganan ellas mismas o de transferencias de dinero, modifica los patrones de gasto en formas que benefician a los hijos.

Los emprendimientos con enfoque de género para el empoderamiento económico

El emprendimiento de las mujeres está creciendo a nivel global, al igual que el potencial de sus empresas para contribuir al desarrollo económico. Hoy en día, las mujeres forman 40.8% del mercado laboral, y entre el 32 y el 39% de todas las empresas privadas del mundo son de mujeres. Sin embargo, menos mujeres (47.7%) que hombres (62.1%) creen que tienen las capacidades para arrancar y operar un negocio. Apoyar a mujeres en el desarrollo de sus capacidades y en el acceso a financiamiento, requiere tanto el desarrollo de sus capacidades y habilidades empresariales como también el desarrollo de capacidades sociales que impacta la manera en que las mujeres desarrollan su empresa. Para lograr este apoyo real es necesario  considerar las situaciones y condiciones desiguales que enfrentan las mujeres que llevan a reducir las oportunidades para emprender. Las mujeres siguen sufriendo de manera desproporcionada la pobreza, la discriminación y la explotación. La discriminación de género implica que a menudo las mujeres acaban desempeñando trabajos no seguros y mal pagados, y siguen siendo una pequeña minoría en puestos directivos. La discriminación también reduce el acceso a bienes económicos como la tierra y los préstamos y limita su participación en el diseño de políticas sociales y económicas. Otro aspecto a considerar es que la mayoría de las tareas domésticas recae en las mujeres, por lo que suelen tener poco tiempo libre para aprovechar oportunidades económicas.

Frente a esta realidad la posibilidad de trabajo independiente y el potencial de los emprendimientos protagonizados por mujeres, ha sido planteado desde distintos ámbitos, como una oportunidad  para enfrentar estas barreras ya que constituyen estrategias que combinan de manera sinérgica componentes educativos, económicos y de género, con el resultado de transformaciones profundas en las personas, en los colectivos que integran y, al interior de éstos, en el vínculo intergeneracional, y en muchos casos interparental, así como en las relaciones que llegan a establecerse a nivel de la comunidad y, con frecuencia, en ámbitos sociales mucho más amplios.

El emprendimiento como oportunidad de desarrollo

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América Latina y Caribe tienen uno de los índices más altos de desigualdad de género e ingreso económico en el mundo. En América Latina, la población de mujeres alcanza 278 millones de personas. Según cálculos del Banco Mundial (BM), más del 50% de ellas pertenecen a los sectores socioeconómicos más pobres de la región. Las mujeres enfrentan barreras complejas en la participación de la economía formal. En el caso de las mujeres de los sectores más pobres están envueltas en un círculo vicioso que limita las oportunidades de desarrollo y las lleva a la exclusión social. Los roles tradicionales de género, la discriminación y la violencia, la falta de acceso a capital, educación, empleo y atención en salud están íntimamente relacionados y perpetúan la pobreza. Las relaciones de género sitúan a las mujeres en un lugar secundario y subordinado generando un sentimiento de desvalorización, dependen económicamente de sus parejas, realizan trabajos poco calificados, hay un desconocimiento y falta de ejercicios de derechos y sufren en muchos casos violencia familiar. Este círculo no solo tiene consecuencias para sí mismas sino que se instauran las condiciones propicias para la reproducción de la pobreza en las nuevas generaciones.

Para muchas de estas mujeres solo se necesitan una oportunidad para desarrollase y los emprendimientos se presentan como una nueva forma de hacer negocios más inclusivos en donde no solo es importante la maximización de las utilidades, sino el propósito y el impacto positivo que estas empresas pueden llegar a tener en la vida de las mujeres. Ellas se  convierten en las protagonistas de sus vidas y se  genera la capacidad de tomar decisiones, tener una independencia económica y ejercer sus derechos. La mujer toma un rol clave en el desarrollo de los emprendimientos por su alto potencial emprendedor ya que como pilares de su familia son motores de prosperidad y bienestar. Cuando la situación se pone difícil son las mujeres que toman la iniciativa y buscan las maneras de salir adelante. Tienen una conciencia mayor de lo que es el desarrollo de la familia y de la comunidad y  tienen la responsabilidad muchas veces como únicas proveedoras del hogar de salir adelante.

 

El emprendimiento como efecto multiplicador

El desarrollo de un emprendimiento tiene un gran impacto en la vida de las mujeres y en todo su entorno. El beneficio económico es el valor más visible, pero el impacto es más profundo con efectos multiplicadores ya que hay un desarrollo personal de la mujer y cuando las mujeres prosperan hay un impacto en sus familias y  en la sociedad en general.

Empoderar a las mujeres significa que se hagan cargo de sí mismas.  A través del desarrollo de los emprendimientos las mujeres logran afirmar su autoestima generando una valoración de sus personas. De esta manera se supera los anclajes en la victimización y la culpabilización, recuperando las energías para ser protagonistas de su vida y exigir sus derechos. Cuando una persona recupera la dignidad del trabajo y se siente integrada, claramente hay un cambio profundo en ella misma, y también en la forma en la que se relaciona con su entorno.

La mujer logra niveles de decisión sobre los recursos en suma autonomía económica. A través del emprendimiento se inicia procesos de democratización del trabajo doméstico donde las mujeres, al lograr ingresos propios, se fortalecen como personas independientes, rompiendo con  la dependencia económica con su pareja, lo que se constituye un primer nivel de negociación dentro del hogar.

La mujer logra desarrollarse como persona. El contar con mayores ingresos se traduce en una mejora en el acceso a  recursos y al control sobre ellos, y en un aumento de las oportunidades para aprovechar plenamente estos recursos.

Se rompen los círculos de pobreza generacionales. Las mujeres cumplen un rol clave para que sus familias y sus hijos salgan de la pobreza. Con el incremento de los ingresos a través del emprendimiento y logrando la independencia económica, se beneficia toda la familia, ya que se invierte en mejor alimento, mejor educación, mejor vivienda y mejor salud.

La mujer toma un rol importante en el desarrollo territorial. Ellas se convierten en actoras dinamizadoras de las economías locales, tienen la práctica y el conocimiento empírico para desarrollar emprendimientos económicos estratégicos para el desarrollo del lugar, del país y de la región. El empoderamiento de las mujeres refuerza el conjunto de trabajo y talento que pueden aprovechar las economías y aumentar la productividad nacional per cápita.

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Los desafíos para el desarrollo de los ecosistemas de emprendimientos femeninos

Debemos plantearnos cuales son  los desafíos concretos para generar las oportunidades de desarrollo. Muchos de los emprendimientos pueden iniciar frente a una oportunidad pero muchos inician como una necesidad ante la falta de empleo, la urgencia económica para la subsistencia familiar o romper con el ciclo de violencia. Los emprendimientos no pueden crecer solos sino que deben ser acompañados por políticas económicas y sociales, programas de desarrollo y financieros, y capacitaciones tanto técnicas como sociales para crear ecosistemas de emprendimientos femeninos. Estos permitirán las sostenibilidad del emprendimiento a largo plazo, brindar las herramientas necesarias a la emprendedora para que pueda desarrollar su negocio de manera exitosa y crear un entorno propicio que brinde a las mujeres igualdad de oportunidades frente a los retos  actuales.  Cuando nos referimos a retos actuales no solo  nos referimos a la falta de capacitación, acceso a servicios financieros o factores productivos, sino también a la necesidad de generar cambios en los patrones culturales y sociales que contribuyan a cerrar la brecha de género y que garanticen el pleno ejercicio de los derechos económicos de las mujeres.

Es necesario en el desarrollo de ecosistemas la participación de distintos actores tanto del sector público, privado, y de sociedad civil para  aportar distintos recursos y capacidades para lograr mayores impactos y se garanticen los plenos derechos de las mujeres. El sector público cumple un rol fundamental  ya que debe generar políticas que apuesten al reconocimiento de las mujeres emprendedoras como agentes dinamizadoras de las economías locales, con saberes y con derechos al ejercicio de la ciudadanía plena. En general las políticas nacionales y locales no han reconocido sus aportes ni sus necesidades específicas, lo que ha incidido negativamente en su calidad de vida y bienestar, desfavoreciendo sus derechos, capacidades y potencialidades.

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Una mujer que emprende está diseñando futuro y  abriendo oportunidades a las generaciones venideras. Estamos ante la oportunidad de ser protagonistas de este cambio e  invertir en el empoderamiento económico de las mujeres proporcionando mayores posibilidades para generar ingresos y fomentar el emprendimiento.

Referencias

El Banco Mundial, 2012, Informe sobre el Desarrollo Mundial: Igualdad de Género y Desarrollo.

http://www.cepal.org/mujer/noticias/paginas/5/38885/A6493E.pdf

http://www.unwomen.org/es/what-we-do/economic-empowerment

http://www.unwomen.org/es/what-we-do/economic-empowerment/facts-and-figures

http://www2.unwomen.org/~/media/headquarters/attachments/sections/library/publications/2013/eseethematicbriefa4lowres%20economic%20empowerment%20spanish%20pdf.ashx?v=1&d=20141013T121458

http://www.v4w.org/images/generales//Resources/CreandoOportunidades-VfW-Dic2014.pdf


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