¿Desarrollo para qué y para quién? Una mirada desde Latinoamérica

El tema del desarrollo ha sido bastante debatido. Solo pensarlo evoca para mí la relación entre el Norte y el sur, seguramente porque vivo en el Sur, en un país en vías de desarrollo como le dicen. Siempre me he preguntado si realmente los pobladores del Sur queremos o necesitamos desarrollarnos, desarrollarnos para qué o para quién, es la pregunta. En este ensayo me centraré en analizar ese desarrollo en varias dimensiones con la hipótesis central que el desarrollo no puede ser medido ni valorado de la misma manera en todas las naciones ni países, especialmente en América Latina.

Para autores como Portes[1] en las sociedades capitalistas, los recursos que definen la clase están ligados explícitamente a los mercados y a la habilidad de los individuos para actuar efectivamente en ellos. Latinoamérica se diferencia de las “sociedades avanzadas” en tanto un porcentaje significativo de la población  no está incorporada a las relaciones laborales completamente mercantilizadas y legalmente reguladas, sobreviviendo al margen de éstas en actividades económicas de subsistencia, que se pueden ubicar en el sector informal. Este hecho es fundamental para comprender como se forman las clases en Latinoamérica, pues en sociedades avanzadas o centros capitalistas globales, nos dirá el autor, las clases sociales pueden ser definidas de manera homogénea. En cambio en la periferia, como en el caso de Latinoamérica, las clases se encuentran segmentadas debido a su limitada incorporación a una economía totalmente monetizada y legalmente regulada. Sin embargo, al igual que en las sociedades “avanzadas”, las clases dominantes latinoamericanas están definidas por el control dentro del mercado capitalistas de los recursos claves que confieren poder.

Los grandes y medianos empleadores, los altos ejecutivos y profesionales, son las clases dominantes en todos los países de Latinoamérica. El proletariado informal, se convierte en la clase subordinada y  representa el mayor porcentaje en la PEA latinoamericana y aquella que con el ajuste neoliberal se reproduce con mayor rapidez en todos los países de América Latina. Ocasionando que este segmento de la sociedad sea el más significativo en términos porcentuales y aquel que está excluido de las relaciones capitalistas modernas, que debe sobrevivir por medio del trabajo no regulado y actividades directas de subsistencia.

 

Portes logra identificar cuatro tendencias a nivel económico: 1) declive consistente de los trabajadores del sector público, 2) declive paralelo del proletariado formal, 3) surgimiento de la clase de los pequeños empresarios y 4) estancamiento o incremento del proletariado informal. El crecimiento de la desigualdad del ingreso en esta región ha generado otras formas de empresariado que se relacionan con el crimen, la violencia y la migración.

 

Si bien este autor dice que no se puede asegurar que el modelo neoliberal, la pobreza y la desigualdad del ingreso generen criminalidad y violencia, si nos dirá que las causas de criminalidad violenta coinciden en identificar la desigualdad económica como uno de los factores más importantes. Parafraseando a Garreton[2], la globalización económica trajo algunos efectos y transformaciones a nivel del mercado y la economía de las regiones, los medios masivos de comunicación también generaron transformaciones en el interior de la sociedad afectando la cultura, las identidades y los movimientos sociales. Todos estos cambios han generado transformaciones en los movimientos de la sociedad civil que han tenido que modificar sus demandas y repertorios de  acción. Las multinacionales han traído malas condiciones laborales, extracción de recursos naturales, deterioro del medio ambiente, ante estas situaciones poco ha podido incidir el sindicalismo y los movimientos sociales. Sin embargo, con la globalización los movimientos locales, nacionales y mundiales han logrado utilizar diversos mecanismos globales para resistir a los impactos negativos del neoliberalismo.

 

La identidad y la cultura han sobrepasado los problemas de clase consolidando formas alternativas de movilización política y protesta popular. Aunque en America Latina los jóvenes se pueden ver influenciados por la música y el cine norteamericano, en Estados Unidos, Rusia y Europa también se puede apreciar en los programas de televisión bastantes contenido latinoamericano, lo que demuestra que en el campo cultural la globalización es un camino de dos vías (Garretón). Así mismo las comunicaciones pueden jugar un papel fundamental en la visibilidad de las políticas públicas, convirtiendo problemas que parecían locales en problemas globales. Si bien la globalización económica ha significado la creación de un mercado mundial, la globalización política ha implicado un gobierno global, así mismo la globalización significa en el medio de la cultura la conversión de un espacio territorial a un espacio de comunicaciones.

 

Los fenómenos globales de causa y efecto entre el despilfarro del Norte, la pobreza del Sur y la destrucción de la naturaleza, así como la toma de conciencia y la creación  de capacidades para solucionarlo son los conflictos que realmente existen entre el Norte y el Sur, según señala Mármora[3]. En principio la idea de modernización basada en la imitación del modelo de crecimiento económico vigente en los países desarrollados más avanzados tuvo gran acogida, pero luego, vino un desencanto, explica el autor,  pues en las sociedades desarrolladas el crecimiento solo beneficio a los estratos más altos. La brecha entre los ricos y los pobres se hizo más grande, así como entre el Norte y Sur. El problema es que tanto el Norte como el Sur, aceptaban la sociedad industrial moderna como el modelo a seguir. Sin embargo, la idea del desarrollo sustentable incluye una crítica a ese modelo y apunta a la reconversión social y ecológica en los centros mismos de la modernidad.

 

Este autor se basa en los planteamientos de  Ulrich Beck para explicar cómo el trayecto cubierto hasta el momento por las sociedades industriales modernas ha generado riesgos y costos de naturaleza social, ecológica, política y cultural que estos países han logrado externalizar de manera para ellos favorable. Existen así esferas o espacios externos que se prestan para la reproducción global de la civilización industrial moderna, cargando con los riesgos y costos  de la modernización de los centros. Existen  así dentro de la relación entre los hemisferios Norte y Sur dos escenarios conflictivos. En uno actúan las contradicciones económicas en un sentido restringido, la lucha por espacio en el mercado mundial y en el segundo escenario se libran las batallas por la redistribución de los riesgos civilizatorios. Un ejemplo de esto son las fábricas que han vendido o trasladado  a países “en desarrollo” para evadir las normas ambientales  y sanitarias de sus propios Estados y sociedades, fábricas que causan un gran peligro ambiental. Pero también existen productos que son vendidos en estos países, como cigarrillos con mayor contenido de nicotina, fármacos medicamentos y píldoras anticonceptivas o pesticidas que fueron prohibidas hace años en Europa y EEUU o Japón.

 

Esto lo que muestra, es como los efectos colaterales y déficit del sistema capitalista mundial son descargados sobre los hombros de los más débiles y cómo facilita el funcionamiento del sistema en los centros de poder internacional. La destrucción ambiental exportada a la periferia ocasiona costos económicos y miseria, la miseria impide ver los riesgos de mediano o largo plazo y obra contra ellos. Los mecanismo del mercado mundial posibilitan el saqueo de las materias primas del Sur y la exportación de todo género de tóxicos y desechos inservibles. El desnivel entre los “países en desarrollo” y “el mundo ya  desarrollado” se agranda en una especie de movimiento de tenazas provenientes de la economía y la ecología. Muchas empresas multinacionales dañan los intereses de los países en desarrollo doblemente, económicamente al establecerse como oligopolios y ecológicamente al introducir técnicas  de producción y comercializar productos prohibidos en sus países de origen.

 

Es un hecho que la mayor contaminación global del medio ambiente proviene de los países industrializados avanzados. Pero no  se puede desconocer que la degradación ambiental debida a la pobreza y al “subdesarrollo” aumenta con mayor rapidez que la causada por el hiperdasarrollo. Es así como, cuanto más tiempo permanecen sumidos estos países en el “”subdesarrollo o en un desarrollo deformado, más rápido aumentan los peligros ecológicos globales.  Esto y los flujos de refugiados, el fuerte crecimiento demográfico en las regiones deprimidas, el tráfico de drogas y el aumento rasante de las plantaciones de coca, solo nos muestra como los riesgos y daños de la modernidad externalizados a la periferia mutan y retornan a los centros.

 

Parafraseando a Mármora, sí el Sur sigue imitando la modernización primaria del Norte, será una empresa sin futuro, ya que los costos y los riesgos secundarios, no pueden externalizarse como en el siglo pasado. Para resolver los problemas del desarrollo, de la pobreza y para modificar la correlación internacional de fuerzas en pro de un orden económico mundial más justo debe estar en consonancia con las necesidades de la protección ambiental global. Pero nada cambiara, si el Sur es poco responsable y rechaza la protección global del medio ambiente, y menos responsables serían los países industrializados impidiendo que las naciones en desarrollo accedieran con mayor facilidad a las nuevas  tecnologías que sirven para reducir la contaminación y ahorrar energía.

[1] Portes Alejandro (2004), Las estructuras de clases sociales en America Latina: Su composición y cambio durante la era neoliberal. En: El desarrollo futuro de América Latina.

[2] Garretón Manuel Antonio (2004), America Latina en el siglo XXI.  Capítulo III: el nuevo contexto mundial.

[3] Mármora Leopoldo (1992), Revista Nueva Sociedad N. 122 “Del sur explotado al sur marginado, justicia económica y justicia ecológica a escala global”.


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