Piensa Global y ¿Actúa…?: el comercio internacional y el cambio climático

Quien se pare a pensar detenidamente en la repetida frase Piensa Global, Actúa Local, lema de tantos movimientos sociales que defienden una globalización más justa para los habitantes del planeta, se dará cuenta de que no son más de cuatro palabras, dos mandatos claros… pero mil dilemas y algunas contradicciones.

Uno de los dilemas que se pueden plantear tiene que ver con el comercio internacional y su relación directa con el cambio climático a través del incremento de emisiones de CO2 derivadas del transporte. Y aquí la visión global del dilema no hace sino complicar las decisiones que un consumidor responsable puede tomar.

Parece incuestionable la necesidad de motivar y promocionar mecanismos que permitan el comercio internacional, especialmente importante para permitir el crecimiento de las economías de algunos países a partir de sus exportaciones. Un aumento de estas conlleva un aumento de la demanda agregada nacional y un aumento de la riqueza del país. En condiciones teóricas, los estados aumentarán la recaudación por impuestos pudiendo aumentar su gasto público y los ciudadanos y empresas podrán aumentar su consumo e inversión, creando más riqueza en el país. Y este aumento de la renta se puede trasladar a otros países vía importaciones. Es decir, si la transmisión funciona, es incuestionable que el incremento del comercio internacional es beneficioso para los países y para el desarrollo humano de sus habitantes.

Pero aquí surge una primera consideración a plantear y es la del comportamiento de la empresa: ¿paga sus impuestos en el país en el que produce? ¿son dignas las condiciones de sus empleados? ¿paga salarios justos y les repercute las mejoras de productividad? ¿hace lo mismo con sus suministradores? Esta primera consideración es importante, pues como se ve a continuación el perjuicio global que provoca a todos los ciudadanos el transporte internacional requiere que los beneficios que se produzcan sean repartidos equitativamente a todos los ciudadanos.

El impacto ambiental que tiene el comercio internacional, especialmente referido al cambio climático, se puede descomponer en tres efectos: efecto escala, efecto técnica, y efecto composición (1).

El efecto escala tiene que ver con el aumento de las emisiones de GEI a partir de una mayor actividad económica: por una parte por el mayor uso de los recursos disponibles y de los medios de producción, y por otra parte por el incremento del transporte internacional (marítimo, aviación y terrestre).

El efecto técnica hace referencia a la mejora en los métodos utilizados para la producción de los bienes y de los servicios, lo cual potencialmente incide en una disminución de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI). Una mayor apertura al comercio internacional posibilita el aumento en la disponibilidad de productos con menor impacto sobre el cambio climático, es decir, a un consumidor se le podrían ofertar bienes más respetuosos con el medio ambiente; y por otra parte, el aumento de la renta de la población de un país, acompañada de políticas regulatorias adecuadas, podría hacer que esta población demandara productos que supongan menores emisiones de GEI.

El efecto composición tiene que ver con los cambios que se pueden dar en la estructura productiva de un país, expandiéndose algunos sectores y contrayéndose otros. Este cambio puede hacer que aumente o que disminuya la emisión de GEI.

El efecto agregado de los tres conformará el balance neto de las emisiones de GEI, el cual dependerá de la intensidad de cada uno de ellos, suponiendo un incremento el efecto escala, un decremento el efecto técnica, y un depende el efecto composición.

Según se recoge en el Informe del PNUMA y la OMC “El Comercio y el Cambio Climático” (2) elaborado en 2009, actualmente el efecto escala es el que tiende a ser más importante de los tres, destacándose la importancia de las emisiones de GEI (especialmente de CO2) derivadas del transporte de mercancías. En el gráfico que se muestra a continuación se puede observar cómo el transporte supuso el 22% del total de emisiones de CO2 correspondientes a la energía.

Flujo emisiones GEI 2000

Las estimaciones de la Agencia Internacional de la Energía (3) en un escenario base prevén un incremento en las emisiones de CO2 de cerca del 50% antes de 2030 y del 80% hacia el 2050 si se mantienen los ritmos de crecimiento actuales.

Estos escenarios son incompatibles con los objetivos de reducción de GEI que persiguen limitar el incremento medio de la temperatura de la tierra, y que son causantes del cambio climático. Hay extensa bibliografía sobre sus efectos, en particular el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) señala entre los más relevantes (4) la subida del nivel del mar y daños en las costas, acidificación de los océanos, olas de calor extremo, sequías, cambio en los patrones de lluvia, fenómenos climáticos extremos, pérdidas de cosecha y de productividad, pérdida de biodiversidad, aumento de las tasas de mortalidad por enfermedades relacionadas con el agua… Los impactos por regiones se pueden ver en el siguiente mapa:

Mapa Impacto CC

Si bien se trata de un fenómeno global, la vulnerabilidad de cada región es diferente y por tanto su efecto es desigual, siendo extremadamente impactante para las condiciones de subsistencia de la población en las zonas más pobres del planeta, como África, Latinoamérica y el sudeste asiático. Esto supone una dificultad añadida hacia la convergencia de las economías de las distintas regiones del mundo en el largo plazo y la reducción de la pobreza, compromiso de las Naciones Unidas plasmado en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (5).

Por tanto estamos ante un círculo perverso en el que los países que más necesitarían del comercio internacional para desarrollar sus economías y mejorar el bienestar de sus habitantes, provocarían con ello un incremento de las emisiones de GEI, que a su vez contribuirían a un cambio climático que les impactaría fuertemente en sus condiciones de vida y en su capacidad productiva, basada en muchos casos en la agricultura.

Es de justicia recordar también la deuda moral que las naciones más ricas tienen con las regiones del mundo a las que han estado expoliando desde el inicio de la colonización occidental, tanto en Latinoamérica desde el siglo XV, como en África desde el siglo XIX, y ante lo que resultaría injusto establecer legislaciones proteccionistas por parte de los países más industrializados para limitar a esas zonas el comercio internacional en aras del bienestar global del clima.

Y no menos importante es recordar que los países más ricos aportan casi la mitad de las emisiones de CO2 pero sólo albergan al 15% de la población (6), y que se estima que han sido responsables de casi el 70% del total de las emisiones históricas.

¿Cómo actuar entonces a nivel local para tratar de maximizar el bien global, considerando en este tanto la minimización de los efectos del cambio climático como el desarrollo de las regiones más pobres? La respuesta no es ni evidente ni fácil, pero es posible marcar una serie de aspectos que posibiliten la búsqueda de un equilibrio a largo plazo:

Un consumo responsable dentro de la oferta de productos de importación existente y la racionalidad en las actividades de transporte, unido a una regulación internacional comercial que contemple los aspectos medioambientales, pueden limitar el efecto escala e incidir en el efecto técnica, de modo que se pueda alcanzar un equilibrio en el largo plazo. En cualquier caso, es imprescindible una concienciación sobre las necesidades personales de consumo propio, evitando el despilfarro y alargando la vida útil de los productos.

Piensa Global, y actúa consecuentemente.

 

Referencias

(1) EMILIO CERDÀ TENA, Comercio Internacional y Cambio Climático. 2011

(2) PNUMA y la OMC, El Comercio y el Cambio Climático. 2009

(3) INTERNATIONAL ENERGY AGENCY, Transport, Energy and CO2. 2009

(4) IPCC Fifth Assessment Report, Climate Change. 2014

(5) ONU Objetivos Desarrollo Sostenible. 2015

(6) HUMAN DEVELOPMENT REPORT 2007/08 Fighting Climate Change

Figuras

(1) Flujo global de emisiones de gases de efecto invernadero, por sector y uso final / actividad obtenido de PNUMA y la OMC, El Comercio y el Cambio Climático. 2009

(2) REGIONAL KEY RISK AND POTENTIAL FOR RISK REDUCTION obtenido de IPCC Fifth Assessment Report, Climate Change. 2014


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