La producción de transgénicos para satisfacer objetivos de seguridad alimentaria y sus consecuencias ambientales

El surgimiento de los organismos genéticamente modificados (OGM) o productos transgénicos, es decir, los productos agrícolas y alimenticios producidos por técnicas de ingeniería genética, ha planteado un sin fin de interrogantes acerca de los posibles efectos de estos productos en la seguridad alimentaria, la biodiversidad agrícola y el medio ambiente, además de abrir un amplio debate en torno de los riesgos de su consumo para la salud de los consumidores.

El desarrollo de los transgénicos se ha enfocado principalmente en el cultivo de soja, maíz, colza y algodón y su cultivo se concentra en su mayor parte en Estados Unidos, Canadá, Argentina, Brasil e India (en este último solo se cultiva algodón). Muchos son los actores que intervienen en el debate acerca de los transgénicos: la comunidad científica, los ambientalistas, las grandes corporaciones, los productores agrícolas y los gobiernos, y cada uno de ellos mantienen posiciones muy diferentes en relación a la comercialización de estos productos. Pocos temas generan tanta controversia y puntos de vista tan opuestos. El rasgo del transgénico está básicamente limitado a la tolerancia a herbicidas (maíz, colza, soja y algodón) y en menor medida a la resistencia a insectos (maíz y algodón). Esta limitación junto al hecho de que el negocio de la ingeniería genética está concentrado en un número reducido de grandes multinacionales agroquímicas y farmacéuticas, genera controversia. Si a esto le añadimos el temor de los posibles efectos dañinos que los OGM pueden tener para la salud y el medio ambiente y que algunos sectores denuncian, el debate está servido.

Este desequilibrio y disparidad de opiniones se puede ver en la abundante y diferente información, artículos y ensayos que hay al respecto y que ponen de manifiesto esta falta de consenso.

En este artículo nos vamos a centrar en dos de los puntos que más controversia genera el uso de OGM y que son la producción de transgénicos para satisfacer objetivos de seguridad alimentaria y otro sobre su efecto en el medio ambiente.

¿Qué países producen cultivos GM? (1)

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Los transgénicos y la seguridad alimentaria

Para entender mejor este primer punto es necesario definir lo que se entiende por seguridad alimentaria. Existe seguridad alimentaria cuando todas las personas tienen de forma permanente acceso físico y económico a suficientes alimentos inocuos y nutritivos para satisfacer sus necesidades alimenticias y sus preferencias en cuanto a los alimentos a fin de llevar una vida activa y sana (2). Las causas de la inseguridad alimentaria son la falta de disponibilidad de alimentos, el escaso poder adquisitivo y una distribución no apropiada o un uso inadecuado de los alimentos en los hogares.

Parece evidente que la producción de OGM en sí misma no puede dar respuesta ni resolver los problemas fundamentales de la seguridad alimentaria. No obstante, sí podemos esperar de la biotecnología una contribución importante facilitando, por ejemplo, una mejor atención de la salud, un aumento de la seguridad alimentaria mediante prácticas de agricultura sostenible, un mejor abastecimiento de agua potable y procesos de desarrollo industrial más eficaces para la elaboración de las materias primas. Un apunte que merece la pena hacer es que el término biotecnología suele usarse impropiamente como sinónimo de modificación genética cuando hemos visto que su aportación es mucho más amplia. La biotecnología se utiliza como herramienta de diagnóstico para supervisar la inocuidad, prevenir y diagnosticar enfermedades de origen alimentario y verificar el origen de los alimentos (3). La encendida controversia acerca del tema de la biotecnología agropecuaria se refiere a una sola biotecnología, la modificación genética y sus productos derivados, los OGM. Sin embargo, el debate acerca de las ventajas y desventajas, reales o percibidas, de los OGM comenzó hace dos décadas y todavía persiste, sin que aparezcan señales perceptibles de apaciguamiento.

Los avances que se han llevado a cabo en el campo de la biotecnología durante la segunda mitad del siglo XX han abierto nuevos caminos al desarrollo humano. Estos avances brindan muchos beneficios pero también llevan asociados riesgos, lo que aumenta la necesidad de sistemas de buen gobierno que permitan administrar la tecnología bajo la supervisión de instituciones democráticas. La libertad de innovar, y de correr riesgos, seguirá desempeñando un papel cardinal en el desarrollo mundial. La tarea crucial que todos encaramos consiste en garantizar que aquellos que ejerzan esa libertad fundamental lo hagan de manera que promuevan una ciencia de calidad, fomenten la confianza en la ciencia y la tecnología y amplíen su función en el desarrollo humano

Pero además hemos visto que la seguridad alimentaria no solo depende de la disponibilidad de alimentos y del poder adquisitivo sino también de una distribución apropiada y de un uso adecuado de los alimentos en los hogares. ¿Cómo se puede conseguir esto? Los gobiernos locales deben implantar estrategias de desarrollo en las áreas rurales que incluyan medidas políticas, sociales, económicas, tecnológicas, culturales y financieras

Los gobiernos de los países en desarrollo tienen la responsabilidad de elaborar su propia visión y política nacional de innovación en agricultura, incluyendo las biotecnologías. Para que ciencia y tecnología puedan jugar su papel en las políticas y en los programas de seguridad alimentaria, ante todo se requieren adecuadas inversiones — considerablemente mayores que las actuales— y constantes en el tiempo. La innovación tecnológica y social no tiene la propiedad inherente de beneficiar a los necesitados, el sector público tiene la responsabilidad de dirigir las inversiones hacia objetivos bien definidos y de enfocar la investigación agrícola a las necesidades de los pequeños agricultores y productores. Además, las inversiones deben estar acompañadas de políticas y marcos normativos nacionales eficaces y favorables a la innovación en agricultura.

Otro aspecto de gran importancia es asegurar a las mujeres el acceso a las nuevas tecnologías y al conocimiento (4). Si se les favorece el acceso a la tierra, la ganadería, la educación, los servicios financieros, la extensión, la tecnología y el empleo rural aumentarían la productividad así como la producción agrícola, la seguridad alimentaria, el crecimiento económico y el bienestar social. Se calcula que, por sí solo, el cierre de la brecha de género en el ámbito de los insumos agrícolas podría sacar del hambre a entre 100 y 150 millones de personas (5)

Los gobiernos nacionales y la comunidad internacional descuidan la investigación agrícola. ¿Por qué? En primer lugar, debido a la percepción de que el excedente de alimentos del mundo significa que ya no es necesaria la investigación sobre la productividad. Pero ese excedente no está en las manos de las personas que lo necesitan: el aumento de la productividad de los agricultores de bajos ingresos sigue siendo esencial para aumentar la seguridad alimentaria y erradicar la pobreza. En segundo lugar, con la bajada de los precios mundiales de los alimentos las políticas agrícolas proteccionistas, particularmente en la Unión Europea, están dando por resultado el dumping de alimentos en países en desarrollo, con lo que se debilitan los mercados locales. En tercer lugar, el aumento de la investigación privada en los países industrializados ha opacado la necesidad de mantener la inversión pública en los cultivos y las necesidades de los países en desarrollo.

La mejor manera de garantizar el uso seguro de las nuevas tecnologías consiste en establecer un método sistemático de evaluación y gestión de riesgos. Para introducir cultivos modificados genéticamente, es necesario que cada país establezca un sistema de seguridad biológica con directrices claras y coherentes, cuente con personal calificado que oriente el proceso de adopción de decisiones, y establezca un proceso de examen y mecanismos para recibir retroinformación de los agricultores y los consumidores.

Uno de los aspectos sobre los que inciden los defensores del cultivo de OGM es que puede ayudar a producir alimentos nutritivos ayudando a erradicar el hambre en el mundo y mejorar la seguridad alimentaria. Si queremos garantizar que estos cultivos van a mejorar las condiciones de vida de una comunidad o por el contrario van a aumentar la pobreza e inseguridad, como dijo Gandhi hace más de 80 años “recuerde el rostro de la persona más pobre y débil que haya visto y pregúntese si los pasos que piensa dar serán de alguna utilidad para ella.”(6)

¿Y las consecuencias ambientales?

La experiencia adquirida a lo largo de las dos últimas décadas de estudios sobre los efectos ambientales indica que es posible que pasen años o decenios antes de que se comprendan las consecuencias de los nuevos elementos biológicos en los ecosistemas. Sin embargo ya hay algunas evidencias de los efectos ambientales de los OMG introducidos y que pueden ser de carácter ecológico o genético, entre los que se incluyen los siguientes:

Teniendo en cuenta que estos efectos potencialmente perjudiciales se han documentado sobre el terreno para especies distintas de los OMG y que las consecuencias de esos efectos podían ser graves, es importante regular y vigilar eficazmente todas las introducciones de OMG. En el ámbito de la ecología, los experimentos sobre el terreno tardan meses o años en validarse. Cualquier dato actual relativo a los OMG sobre el terreno debería considerarse específico del lugar, y las extrapolaciones de experimentos en laboratorio o simulaciones con computadora a situaciones reales deberían realizarse con cautela.

Como hemos indicado la mayor parte de la superficie en que se han plantado cultivos modificados genéticamente se ha destinado a variedades resistentes a herbicidas. Los cultivos transgénicos tolerantes a herbicidas son diseñados para la aplicación masiva de químicos, y la resistencia de las hierbas que ahora emerge rápidamente requiere formulaciones más fuertes de herbicidas, aumentando el impacto ambiental

Según datos de la FAO, los científicos reconocen que no se sabe lo suficiente sobre los efectos a largo plazo de los OGM (ni de la mayoría de los tradicionales). Será difícil detectar efectos a largo plazo porque hay muchos factores que desconciertan, tales como la variedad genética existente en los alimentos y problemas para evaluar los efectos de los alimentos enteros-

La tecnología genética -lo mismo que el mejoramiento tradicional- puede incrementar o reducir la cantidad tanto de proteínas como de toxinas u otros compuestos nocivos presentes naturalmente en los alimentos. Los alimentos elaborados tradicionalmente no se suelen examinar para determinar estas sustancias, si bien se hallan en muchos casos naturalmente presentes y pueden resultar afectadas por el mejoramiento tradicional. Los alimentos modificados genéticamente que se hallan normalmente en el mercado han sido examinados para determinar si tienen niveles mayores de alérgenos y toxinas conocidas y no se ha encontrado ninguno que los tenga (CIUC). Sin embargo los científicos están de acuerdo en que estos ensayos normalizados deben evaluarse y mejorarse continuamente y que hay que actuar con cautela al evaluar tanto los alimentos nuevos como los derivados de cultivos transgénicos (9).

El PNUMA indica que en el debate sobre los transgénicos ”interfieren posiciones polarizadas y grandes intereses comerciales, por lo que el principio de precaución debería aplicarse como regla principal hasta que exista un consenso científico sobre el tema”.

El principio de precaución está consagrado en el Protocolo de Cartagena, el primer acuerdo internacional que rige la transferencia, manejo y uso de organismos vivos modificados que entró en vigor el 11 de septiembre del 2003. Dicho principio establece que los gobiernos tienen derecho a efectuar una evaluación de riesgo de todos los organismos genéticamente modificados antes de adoptar decisiones sobre su importación o de establecer normas para su uso confinado dentro de su jurisdicción.

¿Cómo enlazamos seguridad alimentaria y protección al medio ambiente?

Una meta del primer Objetivo de Desarrollo del Milenio era reducir a la mitad, entre 1990 y 2015, la proporción de personas que sufren hambre. El segundo desafío global era el cambio climático, que tiene extensas consecuencias sobre la agricultura (10), porque afecta la frecuencia de los fenómenos meteorológicos extremos y altera tanto las modalidades de la producción agrícola como los regímenes de distribución de las plagas, malas hierbas y enfermedades que amenazan los cultivos y el ganado. ¿Cómo conseguir ambos objetivos de manera sostenida? Las consecuencias del cambio climático son más severas en las áreas donde es más grave la desnutrición, afectan desproporcionadamente a los pobres y a los grupos en desventaja, que dependen de la agricultura para su subsistencia y tienen menor capacidad de adaptación.

Además de ser afectada por el cambio climático, la agricultura contribuye a su vez al calentamiento global. Se estima que esta actividad es responsable de alrededor del 15 % de las emisiones de gas invernadero, que llega hasta el 26 %, si se consideran también las emisiones debidas a la tala de los bosques en los países en desarrollo, donde la agricultura es la causa más importante de la pérdida de sinnúmero de árboles (11).

La adaptación al cambio climático y la mitigación de las emisiones de gases invernadero requerirán del desarrollo y la adopción de nuevas prácticas agrícolas, novedosas estrategias de negociación de conflictos sociales y políticos y avanzadas técnicas de manejo de los recursos naturales.

Para enfrentar los desafíos globales, el nexo entre el aumento de la productividad de la agricultura, la conservación de la base de los recursos naturales y la innovación en agricultura parece obvio. Esto aunque ya se subrayó en la Cumbre de las Naciones Unidas en Nueva York, de 2010, es aún un asunto pendiente. Además la falta de consenso en este tema hace que resulte difícil entablar un debate objetivo y bien informado. Si se desea que los países en desarrollo adopten decisiones bien fundamentadas sobre el cambio tecnológico y la seguridad alimentaria sin dañar su entorno y biodiversidad, es necesario corregir el desequilibrio de puntos de vista e influencias y permitir que sus opiniones orienten el proceso de adopción de decisiones.

Fuentes:

(1)James 2011. op. cit

(2)Schmidhuber y Tubiello, 2007.

(3)FAO, 2003

(4)FAO, 2010

(5)FAO, 2011

(6)Informe sobre el desarrollo humano 2001

(7)Lövei, G.L. & Arpaia, S. 2005

(8)Holst, N., Lang, A., Lövei, G & Otto, M. 2013

(9)CIUC, GM Science Review Panel)

(10)IPCC, 2007

(11)World Bank, 2007.


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