LAS MUJERES FRENTE A LA CRISIS

Esta semana celebramos el Día Internacional de la Mujer que conmemora la lucha de las mujeres por su participación, en pie de igualdad con el hombre, en la sociedad y en su desarrollo íntegro como personas. Lo conseguido desde la primera celebración (a comienzos del siglo XX) no es nada desdeñable, sobre todo en algunos sectores. Pero lo cierto es que como señala V. Camps se mantiene una división del trabajo muy tradicional y el acceso de la mujer a cargos y puestos de responsabilidad avanza con demasiada lentitud.

A esta situación inicial del siglo XXI hay que añadirle los efectos de una crisis global que aún no ha tocado a su fin. Las recesiones económicas repercuten negativamente sobre toda la sociedad, pero lo hacen más duramente sobre los más vulnerables. Es cierto que la situación de partida nunca llegó a ser la misma para los hombres que para las mujeres, en general hablamos de una “sobrerrepresentación” femenina en los empleos informales, más precarios y una “subrrepresentación” en todos los niveles en la toma de decisiones, tanto en el ámbito público como en el privado. Pero la propia Comisión Europea alerta de que “la crisis actual hace temer que los progresos conseguidos en materia de igualdad entre las mujeres y los hombres corren peligro y que los efectos de la crisis amenazan con afectar en particular a las mujeres”.

El presente post pretende hacer una reflexión sobre los principales efectos de la crisis en las mujeres y en especial sobre el paso atrás que suponen para la igualdad. La falta de perspectiva temporal impide valorar si estos efectos se podrán contrarrestar en el corto plazo o si por el contrario serán un handicap difícil de superar. No obstante, en el contexto actual también se vislumbran datos esperanzadores que ponen una vez más sobre la mesa que éste puede ser el “siglo de las mujeres” [1].

 

Desempleo y subempleo

La crisis se está cobrando muchos puestos de trabajo. Los primeros años fueron especialmente duros con los sectores más masculinizados (construcción, automoción, transporte…) pero a partir de ahí surgieron las políticas de austeridad que afectan directamente a los nichos tradicionales de empleo femenino como son servicios sociales, sanidad y educación.

Los recortes en bienestar no sólo debilitan a la población frente a los impactos de la crisis, sino que repercuten en la empleabilidad de las mujeres. El sector público es un sector de empleo tradicional para ellas, por lo que la reducción de puestos de trabajo o la congelación de salarios les afecta en mayor medida. Paradójicamente las políticas públicas se están enfocando a la recuperación de los sectores masculinizados “manteniendo el ideario que asocia al hombre como el sostén económico de las familias” [3].

Además las mujeres son las protagonistas de un fenómeno que no se refleja en las portadas de los periódicos y que aparece de soslayo en las estadísticas: el subempleo. La Comisión Europea en un informe de 2010 sobre la igualdad entre las mujeres y los hombres señaló: “es importante prestar una atención especial a la evolución de las tasas de desempleo durante la recesión, pero no debemos perder de vista otras tendencias, menos visibles, como la sobrerrepresentación de las mujeres entre los desempleados a tiempo parcial, que no están registrados necesariamente como desempleados”. Las personas que trabajan a tiempo parcial no son consideradas como demandantes de empleo, pero les gustaría poder trabajar más. En realidad las mujeres sen han visto más afectadas por estas nuevas condiciones laborales que por el desempleo como tal.

A este hecho habría que añadirle el aumento del trabajo precario e informal. Una vez más el Parlamento Europeo puso de manifiesto la situación femenina en este campo en dos resoluciones votadas en junio y en octubre de 2010, que no han tenido mucho efecto: “la crisis financiera y económica en Europa tiene repercusiones particularmente negativas en las mujeres, más expuestas a la precariedad del empleo y al despido y menos cubiertas por los sistemas de protección social”.

También hay que tener en cuenta el incremento de la pobreza entre las personas trabajadoras. La carestía de la vida frente a la reducción o congelación de los salarios y la proliferación de los mini-jobs aumentan el riesgo de exclusión social. En este aspecto las mujeres también se llevan la peor parte por la histórica brecha salarial, que aunque se ha reducido en los últimos años, a nivel europeo sigue estando por encima del 15% y aumenta en los puestos de jornada reducida.

Los efectos de la austeridad

Tras la Segunda Guerra Mundial surge el denominado Estado del Bienestar garantizando una serie de servicios que favorecen el aumento de la calidad de vida y la cohesión social. La asunción por parte de las administraciones de determinadas funciones que tradicionalmente se habían desarrollado en los hogares redujo la carga femenina y les permitió acceder al mercado laboral, en un momento de pleno empleo, y a la esfera pública.

A pesar de los avances en igualdad, por cuestiones culturales las funciones que no asume el Estado del Bienestar están recayendo de nuevo en las mujeres. “La variación en el tiempo dedicado por los hombres al trabajo no remunerado no ha sido suficiente para diluir la brecha de género ni mucho menos para romper la división tradicional de roles”. [4]

Hoy en día, la crisis está poniendo a prueba a los gobiernos y de hecho algunos autores los clasifican en función de sus niveles de protección social que permite reducir el embate de la recesión. Lamentablemente muchos, ante la presión de los mercados financieros, están optando por los recortes sociales. Los servicios de guardería, las prestaciones por maternidad, las ayudas a las personas dependientes o discapacitadas están siendo suprimidos o minorados. Ante este desamparo por parte del sector público, las mujeres aumentan su carga de trabajo no remunerado dentro del hogar, lo que repercute en el fenómeno del subempleo ya mencionado. Ellas tienen menos miramientos a la hora de escoger un trabajo peor pagado, a tiempo parcial, o de carácter informal porque su objetivo es poder aportar a la economía familiar y compatibilizarlo con el resto de responsabilidades.

 

El efecto amortiguador

Las familias en países como España, están haciendo una función amortiguadora frente a la incapacidad de las instituciones. El trabajo de las mujeres en el ámbito privado (no remunerado) contrarresta la exclusión social, y la conflictividad que cabría esperar de una situación económica como la vivida. Sin embargo, estos nuevos retos para las familias “pueden retroalimentar la discriminación de género (…) al no repartirse ni los tiempos, ni los trabajos, ni las responsabilidad de igual manera entre sus integrantes” [3].

Este hecho es especialmente evidente en los jubilados que perciben una pensión pública y que están asumiendo el sostenimiento de los hogares (reagrupación familiar, cuidado de los nietos…). Cabe destacar que en España, el 70% de los pensionistas son mujeres y que las pensiones femeninas son más bajas que las masculinas, lo que aumenta su carga en detrimento de su calidad de vida.

Ante esta situación, algunos colectivos feministas ya proponen como modo de protesta las “huelgas de cuidados”. ¿Qué pasaría si desapareciera ese efecto amortiguador?

 

Las mujeres trabajadoras

No todos los datos son pesimistas para las mujeres. Se está comprobando que soportan mejor la incertidumbre de la crisis económica, que en general se sienten menos frustradas y que son más optimistas, lo que permite una mejor búsqueda de soluciones.

En época de crisis muchas pasan a ser población activa porque quieren apoyar la renta familiar. En estos momentos en España 27.400 mujeres mayores de 45 años buscan su primer empleo mientras que sólo 2.700 hombres de esa edad lo hacen [7]. Desde que comenzara la crisis las mujeres mayores de 45 años están desempeñando un gran protagonismo a la hora de afrontar la recuperación. Además de la necesidad económica, este hecho se debe a otras circunstancias como el aumento de las rupturas matrimoniales o el cambio de los valores culturales. En este sentido se constata una tendencia a escala planetaria: la globalización económica no repercute especialmente sobre las mujeres, pero sí lo está haciendo la globalización de la información que conlleva un cambio en los valores femeninos [8].

Además, esa necesidad económica no satisfecha por el mercado laboral, las hace más emprendedoras y son muchas las que están creando sus propias empresas (microempresas, principalmente) favorecidas por su formación académica y por las nuevas tecnologías.

Algunas propuestas, como el ecofeminismo, “tratan de ir más allá y comienzan a plantear cambios radicales en el sistema socioeconómico y en sus análisis, situando la sostenibilidad de la vida en el centro” [5]. “Si los mercados no tienen como principal objetivo satisfacer las necesidades humanas, no tiene sentido que se conviertan en el centro privilegiado de la organización social. (…) Se trata de poner en el centro del interés el bienestar de las personas y ello pasa por asumir que no son las mujeres en soledad, sino hombres y mujeres quienes se tienen que responsabilizar de la reproducción social” [6].

En un día tan señalado como el 8 de Marzo no se trata de presentar a las mujeres como víctimas sino al contrario, porque el hecho de conocer los efectos de las distintas políticas sobre las personas es fundamental para la movilización. “Las mujeres son protagonistas insoslayables en los movimientos sociales y en la construcción de alternativas a las políticas actuales” [2]. La igualdad entre géneros es un indicador del grado de desarrollo de una sociedad y las políticas igualitarias forman parte de la solución para salir de la crisis.

 

FUENTES

[1] “El siglo de las mujeres” (V.CAMPS)

[2] “Impacto de la crisis y la austeridad sobre las mujeres” (C. MARTY)

[3] “El desigual impacto de la crisis sobre las mujeres” (L.VICENT)

[4] “Cómo afecta la crisis y las políticas de austeridad a los derechos de las mujeres y a la igualdad” (C. CASTRO)

[5] “Sostener la vida: respuesta feministas en torno a la organización social de los cuidados” (A. AJENJO)

[6] “Pautas ecofeministas para repensar el mundo” (Y. HERRERO)

[7] “III Informe #empleoparatodas: mujer en riesgo de exclusión en el mercado laboral” (Fundación ADECCO).

[8] “Globalized markets, globalized information, and female emplyment: accounting for regional differences in 30 OECD countries” (J. FISCHER).

[9] “Is a More Gender-Equal World better for Income Convergence? The OECD Evidence” (D.Kılınç y H.Yetkiner).

 

 


Suscribirse a comentarios Comentarios | Trackback |

Enviar comentario


XHTML: Puede utiliza las etiquetas: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>

*


Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies