Innovación en el sector del automóvil: el caso de Tesla Motors

En esta entrada del blog quería hablaros de Tesla. No del ingeniero que tantos inventos y patentes realizó, sino de la compañía que está revolucionando el sector del automóvil: Tesla Motors.

No quiero hablar de sus coches, pues ya se habla largo y tendido en multitud de revistas, páginas, foros y redes sociales. Quería hablar más bien sobre la compañía, y de cómo ésta está innovando, consiguiendo romper con el funcionamiento establecido por las grandes compañías automovilísticas.

Un poco de historia

Desde que el señor Henry Ford inventara la cadena de producción para su magnífico Ford T a principios del siglo XX, las empresas de fabricación de automóviles han ido siguiendo unos modelos de negocio similares, sobre todo desde finales del siglo XX. Básicamente, la empresa fabrica los automóviles, comprando piezas o materiales a sus proveedores, y ensamblando el vehículo final en una cadena de montaje.

Foto en blanco y negro de un Ford Model T de 1920

Ford Model T de 1920

Pero como venden estos vehículos? Al principio los vendían directamente, incluso a través de pedidos por correo (correo ordinario, no electrónico!) o representantes que viajaban por el país. Más tarde se introdujeron los concesionarios. Unas “tiendas” independientes que disponían de una concesión (de ahí el nombre) para vender los vehículos de una marca, disponiendo también de taller y servicio de atención al cliente.

Este sistema se impuso y hasta consiguió que en muchas regiones se impusiera la obligatoriedad por ley que los fabricantes vendieran sus vehículos sólo a través de estos concesionarios.

Negocio redondo: los fabricantes no se preocupaban por el servicio de venta y mantenimiento directo al cliente final, mientras que los concesionarios ganaban una parte del precio del vehículo, así como todo lo relacionado con él: revisiones, reparaciones, accesorios, etc.

Además, un hecho importante hacía más lucrativo el negocio: los vehículos con motor de explosión interna (vamos, en la práctica, todos los vehículos en aquel entonces) necesitaban de un mantenimiento fijo: cambios de filtros, aceite, bujías, correas, tubos de escape, etc.

Otra parte importante del pastel de los vehículos de combustión interna era justamente esto, el combustible. Sí o sí tenías que rellenar de vez en cuando (más bien a menudo) el depósito con gasolina o gasóleo. Por lo tanto, aparecía otro actor importante en el negocio: las compañías petrolíferas. Tenían el negocio asegurado, pues cada vez había más vehículos de gasolina/gasóleo y su dependencia con ellos era total. Aunque cada vez consumieran menos, a su vez, cada vez habían más, por lo que no tenían mucha más preocupación que la de extraer el petróleo, refinarlo y venderlo al precio que considerasen ventajoso (sobre todo para ellos!).

Eléctricos, que es eso?

En aquella época (y hasta no hace mucho) el vehículo eléctrico era una cosa que poca gente había oído hablar. Sí, los trenes han sido eléctricos des de hace muchos años, los carritos de golf también, pero, coches? Eso no existe! Verdad?

Pues hay que remontarse hasta finales del 1800, donde los primeros vehículos que sustituyeron a los carros tirados por caballos fueron eléctricos o de vapor.

Foto en blanco y negro de un coche eléctrico de 1884 de Thomas Parker con 3 personas encima

Coche eléctrico de 1884 de Thomas Parker

No fue hasta 1885 cuando el Sr. Carl Benz inventó y patentó el “Benz Patent-Motorwagen” (patente número 37435). Desde entonces, y sobre todo después que los automóviles eléctricos perdieran en diversas carreras de velocidad y distancia, el automóvil con motor de combustión interna no ha parado de evolucionar, relegando al coche eléctrico a la historia y visto como una cosa “de risa”.

Foto en blanco y negro de un Benz motor-wagen de 1886 con dos hombres encima

Benz motor-wagen de 1886

Así pues, han sido muchos años de evolución de la técnica, pero también de toda la industria relacionada con él.

Aun así, el coche eléctrico siempre ha estado ahí, pero como un nicho, como un proyecto considerado “de hippies idealistas”. Dejando de lado las teorías conspiracionistas, la verdad es que nunca ha tenido un éxito remarcable, incluso aunque a principios de los 90 California impuso una ley que obligaba a los fabricantes de vehículos a disponer de, al menos, un vehículo “ZEV” (Zero Emissions Vehicle). Así pues, el automóvil dominante siguió siendo el de combustión interna, en sus variantes gasolina o diésel, o, en menor parte, de gas.

Cambio de paradigma

Y aquí es donde entra Tesla Motors. Una compañía, liderada desde casi sus inicios por el que fuera creador de PayPal, Elon Musk, decidida a cambiar la imagen de los automóviles eléctricos, con vehículos normales (es decir, sin que parezcan naves espaciales), con prestaciones a la par o superiores a sus homólogos de combustión y a precios razonables. Pero en paralelo a todo esto, también con la intención de cambiar la forma en que se mueve toda la industria del automóvil. Así pues, dejando de lado toda la innovación relacionada con el propio vehículo, vimos por primera vez como una compañía de automóviles de reciente creación empezaba a tener éxito (la última empresa automovilística con éxito en estados unidos fue más de 100 años antes: Ford).

A pesar de los problemas económicos iniciales, que casi llevan a Tesla a la banca rota, y de la lucha de sus competidores, la compañía siguió (y sigue) adelante.

Y cómo ha conseguido cambiar la industria del automóvil? Pues con innovación, con una visión moderna y fresca de la industria, dejando atrás los viejos métodos de fabricación, venta y mantenimiento que tantos beneficios había dado a las otras compañías.

Así pues, Tesla ha conseguido cambiar la mayoría de las cosas que formaban el statu-quo de la industria automovilística. Cómo?

Primero, el propio vehículo: el motor y su funcionamiento

Sin entrar en detalles, decir que un motor eléctrico tiene básicamente dos piezas móviles: el rotor y el engranaje reductor. En cambio, un motor de combustión tiene centenares de piezas moviéndose con precisión nanométrica a velocidades y temperaturas asombrosas, y con otros centenares de piezas para controlarlo. Así pues, el motor de combustión parece más bien un fantástico reloj de cuco suizo (tal y como explica en este vídeo Álvaro Sauras) mientras que el eléctrico parece un juguete. Esto hace que construir un motor eléctrico sea mucho más barato que uno de combustión (aunque la batería ya es otro tema) y sea mucho más pequeño (el motor del Tesla es del tamaño de una sandía grande). También hace que la oferta de proveedores de motores sea más amplia. Actualmente existen unos pocos fabricantes capaces de fabricar (y homologar) motores de combustión. ¿Cuántas empresas hay que hagan o sean capaces de hacer motores eléctricos? Muchas más. Tesla incluso ofrece gratuitamente licencias de sus patentes de las partes más complicadas para hacer un motor eléctrico.

Imágen donde se ve a la derecha el despiece de un motor de combustión y, a la derecha, un motor eléctrico

Diferencia entre un motor de combustión y uno eléctrico

Por otro lado, el funcionamiento del coche modifica lo establecido hasta el momento. Por ejemplo, la gran mayoría de coches de combustión tiene el motor delante y el maletero detrás (o viceversa). Tesla innova: sí, tiene un maletero detrás, como la mayoría de coches (aunque más grande al no tener el depósito de combustible), pero también otro delante. Y el motor? Escondido entre los ejes.

También, en la mayoría de coches hay que arrancarlo, ya sea girando una llave o pulsando un botón (en los más modernos). En los Tesla? Nos sentamos en el asiento, ponemos la marcha adelante y listos. Es más, incluso te abre la puerta automáticamente conforme te acercas al coche, y la cierra cuando estás dentro.

Conducción autónoma? Mientras grandes empresas como Apple o Google siguen trabajando en vehículos con apéndices exteriores como cámaras, sensores y hasta LIDARs en el techo, con formas a veces cómicas y con vistas de comercializarlo en un futuro incierto, Tesla ya tiene en el mercado un coche con asistente de conducción autónoma y pronto (principios del año que viene) con piloto automático. Todo esto sin dejar de ser un coche “normal”, que pasa desapercibido a la mayoría.

Imágen de diversos prototipos de vehículos autónomos de Ford y Google

Prototipos de vehículos autónomos (Ford y Google)

Segundo, la distribución

Tesla ha conseguido vender sus vehículos directamente en sus propias tiendas. Algo parecido a lo que hace Apple. Esto ha enojado al sector de los concesionarios, que ven como se les escapa su parte del pastel. Esto les permite tener un control directo y un contacto con el cliente final que no poseen otras marcas.

Fotografía de una tienda de Tesla

Tienda de Tesla

Tercero, el mantenimiento del vehículo

El motor eléctrico no tiene apenas mantenimiento: no hay que cambiar aceite, ni filtros, ni correas. Nada. Eso significa menos visitas al taller, y eso no gusta a determinados sectores. Hasta ahora, cuando comprabas un coche, al salir del concesionario el vendedor te daba las gracias y te recordaba que tendrías que volver tarde o temprano para las revisiones (en muchos casos, perdiendo la garantía del vehículo si no lo hacías). De igual forma, te recordaba que muy a menudo tendrías que ir a los establecimientos de sus amigos (las empresas petrolíferas) para poner combustible. Es decir, al salir por la puerta del concesionario tu coche se convierte en una máquina de gastar dinero, que ya no mejorará hasta que compres uno nuevo. Como ha cambiado esto Tesla? Pues básicamente con dos innovaciones:

Por un lado, el coche recibe actualizaciones de forma continua. Es decir, puedes comprar el coche e ir recibiendo mejoras a lo largo de su vida. Por ejemplo, los compradores del Model S recibieron una actualización que incorporaba el piloto automático, sin coste alguno. Por lo tanto, tienes un coche actualizado, cosa impensable en otros coches. Claro está que sólo son actualizaciones “de software”, ya que cambios que requieran modificaciones de piezas no son posibles, pero es mucho mejor que no tener nada. ¿No os habéis sentido frustrados cuando unos pocos meses más tarde de comprar vuestro coche aparece una versión mejorada con algunas cosas más?

Por otro lado, los compradores de Tesla disponen de una red de cargadores a su disposición, gratuitos (o con límites razonables), para cargar sus vehículos en ruta. Además, no tienes ninguna restricción para “llenar” la batería: puedes hacerlo en casa, con la corriente de la compañía o la que generes con tus paneles solares (bueno, aquí en España…. vamos a dejarlo…). O puedes cargarlo en el centro comercial (generalmente de forma gratuita), mientras ves una película. Es decir, no estás tan directamente conectado a cuatro empresas que controlan el negocio.

 

En resumen, pues, creo que Tesla ha hecho un movimiento muy valiente (y arriesgado) como es innovar en un sector que hace 100 años que, sí, iba innovando, pero a su ritmo, siguiendo sus normas y sus intereses. De repente viene Tesla y cambia por completo el modelo de negocio. Ya no se generan beneficios por mantenimientos ni por combustible. Se genera negocio con la propia venta de vehículos. Y este tipo de innovación es la que, en mi humilde opinión, hace avanzar de verdad el mundo.


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