Interfase, interacción, creación

Interfase, interacción, creación

 

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Toda existencia o entidad, ya sea real o virtual, incluso las ideas, tienen un límite, una interfase.

La interfase es el lugar que delimita y define la entidad, además de ser el lugar donde ésta contacta, se acopla e interacciona con las otras entidades. Por lo tanto, la interfase es el lugar a través del cual las diferentes entidades entran en contacto con otras y se produce la interacción, hecho que conlleva un flujo de información, materia o energía entre ellas, y, con éste, el cambio, la evolución y la creación en las mismas.

La interfase no solo es el lugar donde se producen o suceden las interacciones, sino que, a la vez, también es la estructura que otorga la entidad e identidad a las distintas existencias, a las que mantiene y acopla, donde éstas convergen, posibilitando su coexistencia y determinando su evolución.

En química, la interfase es la superficie entre dos fases distintas en una mezcla heterogénea.

En geología, la interfase es una capa o superficie distinta o anómala interpuesta entre dos formaciones geológicas determinadas, ésta nos muestra el punto de transición entre dos épocas o tipos geológicos.

La pantalla de un ordenador también es una interfase entre el usuario o espectador y el disco duro del mismo.

Un guía turístico es una interfase entre el lugar visitado y el turista visitante.

Esencia y Condición

Como he mencionado anteriormente, la interfase es la estructura necesaria para la existencia y coexistencia de todas las entidades, y tiene la propiedad o función de separar y unir, de forma simultánea, las mismas, definiéndolas, acoplándolas, condicionando y determinando su existencia, sus características y evolución, que son el fruto de las interacciones entre las partes o entidades que en ella o a través de ella se producen.

Esta interacción implica y determina el flujo de información, materia o energía entre las distintas entidades implicadas, y se produce gracias y a través de la no interposición o la no interferencia, es decir, de la libertad, necesaria e incluida en la interfase y que, junto a la interacción por ella permitida o determinada, son la esencia y condición de la misma. Sin la libertad, o la no interposición, o la no interferencia, no habría o no se podría producir la interacción.

Como expresión gráfica del significado de la interfase y la interacción, primero recordaré las palabras de Filolao, un discípulo de Pitágoras, que decía: “todo lo que es tiene número, pues sin número nada puede ser o existir”.

Todas las entidades necesitan de la interfase para su existencia y evolución, así los números, separados y unidos por un espacio de “papel en blanco”, son un claro ejemplo de dicha necesidad.

Es este espacio de papel en blanco, el espacio entre los números, la estructura que les da o posibilita el ser y los soporta, a la vez que es él, el papel, el que gracias a su no interferencia, a su libertad, permite su interacción, es decir, la combinación, interrelación, acoplamiento o integración de muy diversas formas entre los mismos, siendo éstas las características propias de la interfase y, con ella, de la interacción.

Este espacio en blanco es la única entidad, estructura o condición que carece de número, es el “no número”, sin embargo, él es el generador y soporte de los mismos y, como término, es la “expresión matemática” de la no interferencia, de la libertad, además de ser el lugar donde se produce la interacción entre ellos, hecho que determina su cambio, evolución y creación. La imagen de los números sobre el papel es una representación gráfica de la misma, pero, aunque sea a nivel mental o cualquier forma o soporte de expresión, este espacio de “papel en blanco” siempre es necesario y está ahí, pues, sino, estos perderían su identidad, se mezclarían, superpondrían y confundirían, desapareciendo como tales, haciendo imposible su ordenamiento y combinación.

Este mismo ejemplo o modelo de carácter matemático es trasladable a las letras, a las notas musicales, y a cualquier otro símbolo o disciplina del conocimiento, entidad o existencia. La poesía, la música, la pintura, la arquitectura, la ingeniería,…, todo son expresiones de esta libertad, de esta no interferencia, escritas, estructuradas o construidas sobre la propia libertad, sobre la propia no interferencia. Por lo tanto, esta libertad, este “no número” es anterior a las matemáticas y a cualquier orden u ordenamiento, y es la única entidad que carece de límite.

Nosotros, como entes, también tenemos interfase, y nos interrelacionamos o vemos a través de ella, y la imagen o la parte de los otros entes con la que interaccionamos o que vemos también es su interfase. Por ello, cuando miramos un ente, siempre vemos el límite o lugar donde éste entra en contacto con las otras entidades o con nosotros mismos, vemos la interfase y el fruto de la interacción, vemos la propia interacción, e interaccionamos al ver.
Utilizo el aspecto visual de la interrelación entre las distintas entidades como ejemplo, pues, para mí, es el más gráfico y sencillo a la hora de expresar su sentido y realizar su explicación.

Si miramos en el interior de dichas entidades, a través de sus interfases, mediante el ojo o el instrumental necesario para ver la composición, estructura o la realidad del interior de las mismas, siempre veremos las interfases de las distintas entidades que la forman o componen y las interacciones entre ellas, y, así sucesivamente si seguimos profundizando hacia el interior, hacia el origen de las entidades o sistemas y las interacciones que dan lugar a las mismas, hasta la primera interacción, hasta la primera interfase, hasta la no interferencia total o “libertad original”, y esto sucede tanto si miramos hacia el interior como hacia el exterior.

Todo, cualquier entidad, es fruto de la interacción y la repetición de la interacción a través de las interfases que la definen, caracterizan y conectan. Esto transforma a toda entidad en una “entidad de entidades”, en un sistema, para ser más exactos, en un sistema complejo permeable, donde las entidades formadoras de la nueva entidad o sistema se acoplan en una estructura y evolucionan gracias a su interacción, a su no interferencia, a su libertad. Y en él, el sentido o significado individual de las partes no se expresa como tal, sino que éstas se acoplan y adquieren el sentido o significado del sistema o entidad formada. Por ello, todo está formado por entidades interrelacionadas que forman sistemas complejos permeables y, en sí mismas, las entidades, al ir desmenuzándolas, vemos que todas son un sistema de sistemas, hasta llegar a las primeras entidades, que son comunes, y las mismas que hacen posibles a todas las demás entidades, a la posibilidad de la existencia y a la no posibilidad de la existencia, y que son las entidades más cercanas a la “libertad original”.

Siempre vemos, tocamos o entendemos la interfase de las cosas, fenómenos o entidades, es decir, vemos el lugar y el fruto de la interacción o la propia interacción con los otros entes y con nosotros mismos, por lo que, más que su ser, vemos su devenir, vemos lo que sucede, vemos la interacción, sus expresiones y/o los fenómenos que la acompañan.

Toda interacción determina un cambio, una nueva entidad o situación que, además, incorpora en su esencia la libertad, la no interferencia, de las interfases de los entes generadores o formadores de la misma, y, por ello, todo ente es también libertad o libre, o no interferente, y, como consecuencia de ello, todo ente es a su vez interfase, y, en él, o a través de él, en todos los niveles, también se puede producir la interacción, la creación y el cambio.

Por lo que, realmente, sucedemos como fruto o resultado de la interacción, y, somos porque actuamos como interfase y en nosotros se produce la interacción, hechos que se dan de manera conjunta y “simultánea”. Somos creación y creadores, sucedemos y somos.

Si bien esto se expresa o produce en todo lo que es, un claro ejemplo de ello lo podemos ver o apreciar en la física cuántica, en la dualidad onda partícula, en el fotón, que es onda, es decir, sucede, y también es partícula, es, a la vez, cuando se interacciona con él. Nosotros, como todas las entidades, también somos onda y partícula. En ellas, la libertad, la no interferencia, como tal, expresada en la interfase se revela como la entidad creadora. De la misma forma que la interacción por ella permitida o gestionada, lo es de la creación y la evolución de la existencia, así como del acto creativo.

La libertad, esencia de la interfase y condición indispensable para la interacción, deviene en una necesidad, incluyendo el origen de todas las cosas y también el motor de su evolución, que genera y transforma la existencia. Es la interfase, expresión local de esta libertad, la estructura que genera, establece, determina y condiciona el orden y sus evoluciones. La interacción permitida por ella es la base de la creación, la evolución y la existencia.

Todo es libertad e interacción, interfase y orden, el momento actual también lo es, vivimos en ella, cabalgamos sobre ella. Ella es el papel o soporte que “conecta” todas las entidades y en el que sucede la existencia, es “el papel de los papeles”. El momento actual es la interfase entre lo que acaba de suceder o lo sucedido y lo que va a suceder o sucederá, vivimos en la interfase entre el pasado y el futuro.

La libertad en todas sus expresiones es la única “entidad” que realmente es o existe siempre, no puede no existir, ella permite que sucedan las demás entidades, ella las genera, soporta, ordena y determina su evolución. Su condición no es paradójica, es la única verdad, es la certidumbre, la singularidad, el no número, y está antes que cualquier forma de orden. Ella es la clave de la creación y la existencia, pero también de la comprensión y el entendimiento de la misma.

Como he comentado, la libertad incluida en la interfase significa y conlleva la posibilidad de intercambio y, por ello, también la posibilidad del entendimiento, del conocimiento y de la comprensión. Ella es la función o condición para acceder al conocimiento o entendimiento tanto particular como general de la existencia.

Por ello, todo cambio, innovación o creación, necesita de ella en todos los sentidos, en nuestro cerebro y pensamiento, es ella, la libertad contenida en las interfases que delimitan nuestros pensamientos, la que nos permitirá conectar, combinar, interaccionar ideas o conceptos, a veces muy distantes entre si, para así obtener una idea nueva o innovadora o evolucionar una preexistente.

 

Para más información sobre este tema, ver: www.infinitefractal.com (Principios de la Naturaleza)

 

azulin3

 


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