La productividad se marchita

El aumento de la productividad es la clave del progreso y del crecimiento de un país. El problema es que, desde que comenzó la crisis, el crecimiento de la productividad se ha colapsado. Algunos expertos argumentan que esta tendencia negativa va a continuar, debido al envejecimiento de la población, el estancamiento del progreso educativo y el aumento de la desigualdad y de la deuda pública. Los más optimistas afirman que es imposible ser pesimista viendo los avances tecnológicos de las empresas punteras de cada sector, como Google, Apple o Amazon. Otros apuntan que es solo una desaceleración cíclica debido al desplome de la inversión inducido por la crisis.

En un estudio publicado por la OCDE, se concluye que el crecimiento de la productividad se ha mantenido robusto, e incluso se ha acelerado, en las empresas más innovadoras de cada sector. Sin embargo, parece que se ha paralizado la difusión de la innovación desde las empresas punteras al resto dentro cada sector. En este marco por tanto, conviven simultáneamente el rápido progreso tecnológico a nivel de empresa y desaceleración de la productividad a nivel macroeconómico.

Las razones son varias.

Las innovaciones primero se trasmiten desde su lugar de origen hasta cada país, y dentro de cada país desde las empresas punteras al resto. Por tanto, la apertura de un país al comercio internacional y a la inversión extranjera facilita la difusión de la productividad y fomenta la competencia a nivel nacional. Los países que más comercian con el país más innovador (por ejemplo Canadá con EEUU) presentan una clara ventaja en la difusión de la productividad.

La habilidad y capacidad de experimentar con nuevas ideas promueven la innovación y dependen de la existencia de un marco legislativo que facilite una salida limpia y rápida de situaciones de insolvencia empresarial, y de un sistema financiero que sea capaz de evaluar proyectos empresariales, y no solo el valor del colateral, a la hora de dar préstamos. Es fundamental crear un ambiente donde se pueda experimentar y fracasar de manera controlada.

La inversión pública en I+D+i, sobre todo en fase inicial, es otra clave para el crecimiento de la productividad. Por desgracia, esta inversión de base es la primera que se reduce cuando se producen recortes presupuestarios, con consecuencias muy negativas a largo plazo.

Una eficiente reasignación de recursos permite a las empresas punteras crecer lo suficiente y cubrir los costes iniciales de la innovación. Si, por el contrario, la reasignación de recursos es ineficiente, los trabajadores se ven atrapados en trabajos no adecuados a sus cualificaciones.

Según la OCDE, España e Italia son los países con el mayor porcentaje de trabajadores (más de un treinta por ciento) en empleos no adecuados a sus cualificaciones. Este alto porcentaje refleja, además de rigideces en el mercado laboral, la excesiva longevidad de muchas empresas pequeñas. Las firmas pequeñas suelen ser menos productivas y deberían desaparecer pronto si no son exitosas para permitir el crecimiento de empresas más productivas, facilitando así el crecimiento de los salarios y contribuyendo a la reducción de la desigualdad. En EE UU, las empresas manufactureras de más de 10 años de antigüedad son ocho veces más grandes que las empresas de menos de dos años de antigüedad. En España, tan solo cuatro veces más grandes. Las barreras a la entrada en los sectores protegidos reducen los incentivos a la innovación y limitan el crecimiento de las firmas punteras.

La política económica puede contribuir desde un punto de vista cíclico. La caída de la productividad de los últimos años ha estado asociada a una preocupante reducción de la inversión. Esto puede crear un círculo vicioso en el cual las empresas ven la desaceleración de la demanda y reducen la inversión, lo que a su vez reduce la demanda todavía más y genera un ambiente pesimista que reduce aún más la inversión. La solución requiere que los gobiernos y bancos centrales eviten adoptar una visión pesimista del crecimiento potencial y estimulen la demanda para contrarrestar este efecto. La inversión pública aumenta el crecimiento futuro y, a su vez, aumenta la inversión privada hoy y con ella el crecimiento actual.

Sin crecimiento de la productividad no hay futuro. Por suerte, hay muchas áreas de actuación para mejorarla.

Recabando información sobre este tema, he podido encontrar ejemplos de cómo algunas empresas tratan de poner en marcha ciertas acciones con el fin de aumentar la productividad.

Por ejemplo, se ha comprobado que la falta de comunicación entre trabajadores de distintos departamentos puede afectar proporcionalmente a las ventas de una empresa. Esto es así dado que el hecho de que personas de distintas áreas mantengan conversaciones y generen un clima de confianza entre sí, aumenta el rendimiento de la empresa. Para aprovechar todo el potencial del personal no basta con crear equipos multidisciplinares sino que también hace falta tender puentes sobre esos equipos. En este sentido no basta con hacer una cena de Navidad para que la gente se conozca, porque, en ese caso, también los departamentos tienden a sentarse juntos. Es necesario crear una metodología propia y adecuada a la empresa para fomentar el intercambio de ideas entre perfiles de empleados muy diferentes entre sí. Una idea para conseguirlo puede ser organizar talleres para que los propios trabajadores se den cuenta de la necesidad de relacionarse con quien aparentemente no tiene nada que aportarle desde el punto de vista profesional. Esto facilita el encontrar enfoques de negocio diferentes y el aprovechamiento de nuevas redes de contactos.

El siguiente paso sería provocar las situaciones de encuentro. Por ejemplo, muchas empresas optan por poner sofás en puntos estratégicos o eliminar máquinas de café. Siempre con el objetivo de que los empleados se sientan tentados a socializar.

Otra forma de aumentar la productividad sería ofrecer herramientas para el crecimiento profesional de los empleados con el fin de impulsar el crecimiento de la empresa, pero también mejorar las competencias de los trabajadores, fidelizarlos y contribuir en la creación de planes de carrera que los mantenga comprometidos con la compañía en el largo plazo.

Pero esta “formación” hay que planificarla adecuadamente con el fin de que sea útil tanto para la empresa como para el trabajador, de forma que la primera saque el máximo provecho de los recursos invertidos en esta área. Además los propios trabajadores deben estar motivados y deben comprometerse con el fin de aprovechar al máximo los recursos de forma que sirvan en su carrera profesional. Entre las principales competencias en las que los trabajadores suelen estar interesados son liderazgo, gestión e idiomas, todas ellas de vital importancia para la productividad de una empresa siempre que estén correctamente gestionadas.

Por último quisiera tratar un aspecto fundamental para garantizar la productividad como es la motivación. Reconocer a alguien en público por un trabajo bien hecho puede generar una gran diferencia. Es importante proporcionar un refuerzo (o retroalimentación) positivo. Los programas que reconocen a los empleados generan una verdadera motivación en ellos.

 


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