De la nostalgia del pasado a la energía del futuro

Cuando Steve Jobs presentó ante una multitud un pequeño dispositivo que guardaba mil canciones, indicando que cada persona podía incluir las mil melodías que quisiera y que más recuerdos le trajera a la memoria, dijo:

“Si eres capaz de tocar el corazón de las personas se abrirá el universo infinito, infinito, infinito de las emociones”.

 

Ya sabemos que las personas y por eso la sociedad y el mundo se mueven por las emociones. Más poderosa que el poder, el dinero e incluso la eternidad, es la emoción personal. Un viejo proverbio mexicano decía: “Todo el mundo sabe acariciar la piel, busca la persona que pueda y sepa acariciarte el alma”.

Steve Jobs estaba llamando a la puerta de los sentimientos más profundo de los hombres, pero no advirtió que junto al recuerdo, al sabor maravilloso de la vida vivida y de las emociones por vivir, aparecía la nostalgia y en cierta medida el sufrimiento que ella representa.

Emociones

Las mil melodías de nuestras vidas en un iPod. (Imagen: Pexels)

 

Sin duda la nostalgia es imagen de un sentimiento imposible: regresar. Un sentimiento que siguiendo a Xavier Guix (“Cuando nos invade la nostalgia”) puede revestir tres formas diferentes. En primer lugar, puramente sentimental, el recuerdo (del primer amor por ejemplo). En este caso la nostalgia que se convierte en desesperanza.

En segundo lugar nos encontramos con quienes viven hoy y no son capaces de desprenderse de su pasado. Lo recuerdan todo. Representan el mito del eterno retorno o de la incapacidad de alcanzar la madurez intelectual necesaria para sobrevivir en la sociedad competitiva. Hoy está de moda apodarlos Peter Pan.

Finalmente siempre aparece el sentimiento del regreso a casa. Desde Ulises existe esta nostalgia. Búsqueda de paz, recuerdos de la juventud, de la casa de los padres. Es el yo que ya no existe.

Pero lejos de estas posturas de Xavier Guix está la emoción positiva del recuerdo, de la experiencia, de la fuente de energía que ahora tenemos y de la proyección hacia nuestro futuro. En este caso sí acertó Jobs y así lo manifestó encerrando esa energía musical propia, personal e intransferible para que nos impulsara a un mañana incierto pero certero. ¿Querría decir Jobs que nos hará más fácil ese viaje? Nada de eso, quiso poner a nuestra disposición una “luz del pasado que ilumine el futuro” (Confucio lo dijo refiriéndose al conocimiento).

En el viaje de la nostalgia del pasado a las energías del futuro está el momento más importante de nuestras vidas. Está el presente. La cuestión surge al considerar que el presente se consume a sí mismo y desaparece. Sin embargo, “sólo desde el presente podemos edificar el futuro” (Victor Vroom).

Una vez más gracias a Steve Jobs por condensar las mil melodías de nuestras vidas.


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