Equipo de alto rendimiento

En el mercado actual (global, competitivo, rápido, incierto, etcétera), la estrategia de negocio exige analizar desde todos los ángulos posibles aquellos elementos que la diferencien, agreguen valor y sean verdadera estrategia respecto al resto. Visto así, las organizaciones precisan contar con equipos de alto rendimiento (EARs) para incorporarlos a sus pensamientos estratégicos.

Los equipos de alto rendimiento están formados por un grupo de personas con habilidades, capacidades y competencias especiales que, trabajando juntas y teniendo objetivos comunes, logran unos resultados extraordinarios, aportando creatividad, iniciativas, logros, valor y coordinación por encima del resto de la empresa.  


Por qué no hacemos lo que nos gusta

Una fórmula infalible para acercarnos a nuestro estado de equilibrio es hacer aquello que nos gusta o nos conmueve, pero muchas veces resulta imposible. La oportunidad no se presenta y quedamos enmarcados en otros espacios que no resultan tan apetecibles. La oportunidad es un cúmulo de opciones formado por las circunstancias, los momentos, los medios y los deseos de conseguir alguna cosa. Así, las oportunidades son los momentos o espacios propicios para realizar una acción y conseguir un fin deseado. Las oportunidades surgen o se buscan y cuando se presenten hay que utilizarlas porque son fugaces y es posible que ya no vuelvan, aunque “el cartero siempre llama dos veces”. Bruce Lee decía: “Al diablo con las circunstancias, yo creo oportunidades”.  


Por qué hacer cosas que nos perjudican

Con mucha más frecuencia de lo que pensamos, hacemos cosas que sabemos son perjudiciales para nosotros.

Existe una ruptura entre lo que pensamos y hacemos. Por el contrario, si somos capaces de hacer lo que pensamos, en lugar de ruptura se produce conjunción. En el primer caso estamos ante lo que el psicólogo Leon Festinger llamaba “disonancia cognitiva”. En el segundo nos encontramos ante la “coherencia cognitiva”: practica lo que predicas.  


Cultura y supermemoria

A lo largo de nuestra vida hemos aprendido tal cantidad de cosas (útiles o inútiles) que hemos llenado la memoria. Ese refrán de “el saber no ocupa lugar” no es del todo cierto. Es más verdad que nos guardamos aquello que nos interesa o que utilizamos en el trabajo o en nuestra vida cotidiana y que desechamos lo inútil, lo improductivo.

Una cosa es que nuestra memoria deseche ciertos conceptos, datos o situaciones y otra es que los rechace. Lo primero es un proceso de olvido normal. Olvido por desuso o por falta de entendimiento. Lo segundo es un reflejo de nuestro cerebro (del reticular o del neocórtex) que por una u otra razón no deja guardar el sentimiento o la emoción que aquel recuerdo representa.  


Organización y cambio tecnológico

Parece que a todos los directivos se les llena la boca cuando pronuncian la palabra “tecnología” o “cambio tecnológico“. De ella quieren hacer depender la supervivencia en la empresa y considerar que es una de las fuerzas más importantes para el cambio en un mercado global. No dejan de tener razón.

El brutal cambio experimentado en las dos últimas décadas no sólo en las empresas, sino en la sociedad, ha tenido en la tecnología su verdadero motor. Causa y origen pero no consecuencia.

Las consecuencias se han dejado sentir en la comunicación, la competitividad, los clientes y las circunstancias. Estas 4 C’s han sido y son los mejores representantes de los nuevos valores de este tumultuoso primer cuarto de siglo.

 


Las grandes fábricas del mundo

Las teorías ortodoxas encuentran en la técnica/producción, o en la gestión/administración, o en la función social/empleo, o incluso en la inversión/ciencia, los principales orígenes de las grandes fábricas. Sin embargo me gustaría darle la vuelta a la moneda y buscar el origen de las “grandes fábricas del mundo” desde una perspectiva heterodoxa, por supuesto sin confundir el origen, el fin y el propósito con la mera gestión (management).

Así y con una perspectiva cronológica me voy a referir a las siete grandes fábricas del mundo o, mejor dicho, a las siete grandes fuentes fabriles.

 


Sobre los amigos

Estamos siempre rodeados de gente. Personas que muchas veces no conocemos y que en el fondo no nos importan. Desde las reglas elementales de educación hasta las obligaciones profesionales nos imponen comportamientos sociales, reglas que cumplir como autómatas. De pronto miramos el reloj, como buscando una excusa para terminar con la situación y recuperar nuestra libertad. Nos despedimos y respiramos aliviados.

A todo el mundo le pasa algo parecido. Conocemos a muchas personas pero tenemos pocos amigos. Los amigos de verdad escasean. Un amigo de verdad es aquel con quien compartir una parte de nuestra vida personal e íntima, fuera de las responsabilidades profesionales o familiares. Aquel en quien confiamos y a quien acudimos para nuestro tiempo o nuestras necesidades. En definitiva: otro yo.

 


Ordena tu pensamiento

Ordenar la mente es un ejercicio buenísimo que tenemos que practicar de vez en cuando. Observar, pensar, actualizar, priorizar y clasificar todo lo que somos, sentimos y deseamos. Ser capaces después de tomar decisiones conscientes y desarrollar, en la dirección que queremos, nuestra vida y nuestro futuro.

Se ha escrito muchísimo sobre las técnicas adecuadas para ordenar la mente, sobre todo en Latinoamérica (Carlos Cabrera, Margaret Moore, Elisa Silvano, David Hoffmeister, Marie Kondo…), y mayoritariamente se recomienda establecer un procedimiento que haga más fácil, incluso rutinario, el ordenar pensamientos para fijar el camino de actuación futura y no dejarlo al vaivén.

 


Los objetivos (3/3). Metas y objetivos/objetivos y metas

Nadie se pone de acuerdo. La Universidad de Tulane, de Nueva Orleans, considera que las metas son más amplias que los objetivos. Son principios que guían la toma de decisiones. Por su lado los objetivos son específicos, medibles, son más pequeños. Son pasos para alcanzar las metas.

Desde la Universidad Autónoma de Madrid, el profesor Bueno piensa que las metas son los subobjetivos, aquellos cometidos menores para llegar al gran resultado final. Estas son tus metas, los pasos que debes seguir para alcanzar tus objetivos.

 


Los objetivos (2/3). Ecología de los objetivos

Cada vez que fijamos unos objetivos, sea a corto o a largo, tenemos que ser conscientes del esfuerzo que nos va a suponer llegar a ellos. Más válido que nunca el refrán “si algo quieres, algo te cuesta”. Realmente es cierto. Esperamos obtener con los objetivos alcanzados unos resultados positivos que nos compensen del coste o del esfuerzo realizado. Casi siempre tiene más peso el coste personal que el coste económico. Al fin y al cabo el coste económico “es sólo dinero”.

Al estudio de los componentes, situaciones, factores, relaciones o esfuerzos que inciden para eliminar o paliar al máximo los riesgos y las consecuencias negativas de las decisiones que tomamos para llegar al objetivo (en el fondo evolución) lo denominamos ecología de los objetivos.

 



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