Cultura y supermemoria

A lo largo de nuestra vida hemos aprendido tal cantidad de cosas (útiles o inútiles) que hemos llenado la memoria. Ese refrán de “el saber no ocupa lugar” no es del todo cierto. Es más verdad que nos guardamos aquello que nos interesa o que utilizamos en el trabajo o en nuestra vida cotidiana y que desechamos lo inútil, lo improductivo.

Una cosa es que nuestra memoria deseche ciertos conceptos, datos o situaciones y otra es que los rechace. Lo primero es un proceso de olvido normal. Olvido por desuso o por falta de entendimiento. Lo segundo es un reflejo de nuestro cerebro (del reticular o del neocórtex) que por una u otra razón no deja guardar el sentimiento o la emoción que aquel recuerdo representa.

La memoria tiene dos componentes básicos: la capacidad de almacenamiento y la capacidad de reproducción.

A la capacidad de almacenamiento a veces se le denomina estabilidad. Esta capacidad está directamente relacionada con la profundidad en que esté anclada la información en nuestro cerebro. Así, cosas que sucedieron hace muchos, muchos años o que nos impactaron grandemente, quedan fijadas de tal manera que nunca se olvidarán.

La capacidad de reproducción está representada por el proceso de acordarnos de cuestiones concretas. Recordar está también relacionado con la frecuencia que usemos la información almacenada. Un ejemplo muy típico lo tenemos cuando nos referimos a un idioma extranjero que conocíamos pero que llevamos años sin practicar y ha ido desapareciendo de nuestra memoria.

La supermemoria tiene mucho que ver con la cultura. Magnífica definición de la cultura que reza así: “Cultura es aquello que recordamos después de haber olvidado lo que hemos aprendido” o:

“No se trata de lo que sabemos, sino de lo que recordamos” (Jan Cox).

 

Pensemos que el mayor esfuerzo intelectual y el mayor aporte a nuestra memoria lo hacemos durante los 4 o 5 primeros años de nuestra vida. Si pudiéramos mantener ese nivel de aprendizaje otros tantos años seríamos realmente unos genios.

Supermemoria

Fotograma de la película ‘Phenomenon’ (fuente: Movie.info)

 

En una película protagonizada por John Travolta, ‘Fenómeno’ (‘Phenomenon’), el personaje, tras recibir un extraño fogonazo de luz, desarrolla unas capacidades intelectuales y de memoria prodigiosa. Todo el mundo se asombra de cómo puede recordar de manera literal un texto de un libro o cualquier otro tema incluso de naturaleza paranormal. Al final se descubre que sufre un tumor cerebral (que acaba con su vida) que en su desarrollo ha permitido que el protagonista utilice algo más de la capacidad cerebral ordinaria del ser humano.

Se dice que el ser humano utiliza tan solo el 10% o 12% de su cerebro y por ende el 10% o 12% de su memoria. Imaginemos lo que podríamos hacer al duplicar ese volumen. Nuestros niveles culturales se dispararían. Seríamos superheroes. En contra de lo dicho bien valen algunas citas cínicas, pero divertidas:

“Se llama memoria a la capacidad de acordarse de aquello que queremos olvidar” (Daniel Gelin)

“Cada uno tiene el máximo de memoria para lo que le interesa y el mínimo para lo que no le interesa” (A. Schopenhauer)

“Mi memoria es magnífica para olvidar” (R.L. Stevenson)

“No guardes nunca en la cabeza aquello que te quepa en el bolsillo” (A. Einstein)


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