La lucha por los beneficios

En la lucha por la obtención de beneficios todo está permitido. Cuando en las Escuelas de Negocios, en la Universidad o en foros similares se pregunta: ¿Por qué nacen las empresas? ¿Qué buscan los empresarios? Se suelen escuchar las causas o razones más peregrinas. La realidad es sólo una: la empresa se pone en marcha para obtener beneficios con su actividad. Aquellos románticos que dicen a esta respuesta que no, que ellos solo piensan en llevar adelante un sueño o en una iniciativa se equivocan, como también se equivocan aquellos que quieren hacer “sostenible” a la empresa. Sin beneficios no hay nada. Sin beneficios hay sólo una certeza: voy a cerrar.

640x365_creative_economyLa lucha por los beneficios es encarnizada, es un escenario rojo. Para conseguir un cliente se justifican todos los medios y para mantenerlo también. A partir de aquí cabe cuestionarse el término ‘ética empresarial’ o ‘ética de mercado’. Y también conviene recordar la famosa frase de John Chambers (CEO mundial de Cisco Systems) cuando se preguntaba así mismo y respondía “Ética empresarial, ¿qué es eso?. Mi ética es la única que conozco y la única que me vale”.

Si en el mercado no hay ética que rija los comportamientos estamos en un campo de batalla. Así visto hay que reconocer que los mercados son realmente un espacio de guerra comercial y más aún los mercados internacionales a los que concurren todos y muchos de ellos manejan armas desconocidas. Las cosas no han cambiado tanto desde la edad media.

Sin embargo no está bien visto desde el punto de vista social o político hablar de espacios de guerra con el único fin de obtener beneficios. Por ello había que buscar a estos campos de batalla un nombre más honorable. Surgió el término ‘competitividad’. Sepulcros blanqueados y todos contentos. De manera todavía más cínica, la doctrina define la competitividad desde el bienestar y la satisfacción de los clientes buscando la mayor satisfacción de los consumidores siendo capaces de ofrecerles determinadas cantidades de productos a costes convenientes para ellos.

Cuando se habla de pérdida de competitividad parece identificarse bien con pérdidas de capacidad productivas o bien de incremento de precios. Entonces ese océano rojo se vuelve feroz.

Cuando los beneficios caen es el momento de buscar culpables. Casualmente los buscamos fuera y al final, de nuevo, se plantea una cuestión ética. Nace el dilema de Junkers: “No hacer o hacer lo que no se puede”. Dilema eterno de la superación empresarial.


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