¿Qué hacía yo antes de tener un blog?

Hoy es el día del blog, y sorprende que una herramienta en plena pubertad, recordemos que las bitácoras, weblogs, blogs, o como queramos llamarles no son siquiera unas quinceañeras y es raro encontrar un blog activo que haya cumplido cinco años, pese a ello ya han modificado por completo las formas de comunicación; se dice de los blogs, y por ende de la web 2.0 que suponen la democratización en la difusión del conocimiento, aunque podríamos discutir si se trata de una democracia o más bien de una hermosa anarquía. En teoría, un blog se hace por amor al arte o porque no nos escucha nadie en casa, pero el altruismo bloguero es algo, cuanto menos, discutible, dado que con un blog conseguimos como mínimo darnos a conocer y que nos conozcan, también expresamos nuestras ideas y obtenemos otros puntos de vista sobre esas ideas.

Tener un blog supone estar al alcance de las críticas de los demás, requiere continuidad, capacidad de síntesis y humildad intelectual; además, para escribir en un blog tienes que tener, sencillamente, cosas que contar.

Internet se compone de un 3% de exhibicionistas y un 97% de cotillas, y tú estás planteándote pasar de la segunda a la primera categoría, recuerda que entre ese 3% están ya la mayor parte de los líderes de opinión, ahora que sale la palabra líder te apetece más el cambio, pues ánimo, pero recuerda que tendrás que pasar por las cuatro fases de todo bloguero para llegar a ser como los tipos a los que lees.

1. Timidez. Las primeras entradas que escribes son tímidas porque tienes miedo al qué dirán y a hacer ruido; poco a poco te das cuenta de que no eres tan gris como las cosas que escribes y la gente tampoco se te echa encima, vamos que ves escribir un blog como algo inofensivo.

2. Desmelene. Te empiezas a divertir escribiendo lo que realmente piensas hasta que descubres a las arañas, una de ellas es grande y tiene largas patas, se llama Google y puede quedarse con textos tuyos en su memoria aún después de haberlos borrado, recapacitas, escribir un blog no es algo inofensivo. El cénit del desmelene llega cuando hablas con la gente y das por hecho que todo el mundo te lee, menos mal que se acaba pronto.

3. Prudencia. Te debates entre escribir o no algo que hay en tu cabeza, el miedo y las ganas te generan ansiedad, te ves en el filo de una navaja, y apartarte de tu blog temporalmente no acaba con esa sensación de agobio; poco a poco vas viendo que se pueden contar las cosas sin causarte daño, además la transparencia te empieza a dar frutos. ¿Ah que no lo había dicho?, publicar es muy productivo, no necesitas cobrar por ello, es productivo, aunque no sepas donde vas a rentabilizar el tiempo que inviertes en tu blog, pero seguro que te encuentras con sorpresas agradables.

4. Adopción digital. Tu no eres un nativo digital, es una pena que no hayas nacido en los noventa, pero aunque no lo seas sí que te pueden adoptar, puedes llegar a asumir que Internet es una plataforma de medios de comunicación, medios que, como todos los demás, tienen sus códigos de conducta. Comienzas a ganarle el pulso a la autocensura, sin duda la peor de todas las censuras.

Pronto tendremos casos de éxito de empresas y personas que han mejorado mucho al haberse sabido adaptar al impresionante cambio en el que estamos sumergidos, prefiero esperar a eso antes de soltar una perorata sobre las ventajas de la transparencia, y que el trabajo lo haga otro, eso es colaboración ¿no?, sólo te doy un consejo, si ya eres una persona humilde, lo tienes mucho más fácil, si no lo eres, finge ser humilde hasta que consigas hacerla tuya.


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