Google: “Factoría de ideas”

“Larry pensaba que Sergey era un arrogante. Sergey pensaba que Larry era odioso”. Estas son las impresiones que los fundadores de Google tuvieron uno del otro el verano de 1995, cuando coincidieron por primera vez durante un acto que la Universidad de Stanford organizaba para aquellos estudiantes que tenían pensado matricularse en ella.

Ese mismo año Sergey Briw y Larry Page, cofundadores y dueños de Google, empezaron a trabajar en un algoritmo para búsqueda de datos, Larry llamó a este algoritmo “Pagerank”. En 1996 comenzaron a desarrollar “Backrub”, y en 1997 este proyecto se convirtió en “Google” y se registró el dominio google.com. Esto un pequeño resumen de los comienzos de Google.

Desde entonces hasta ahora, podemos decir que Google ha evolucionado hasta convertirse en la herramienta de búsqueda de información indispensable de Internet.
Google es hoy en día el mayor buscador de la red pero, ¿es sólo eso?

                                 

Según el listado de la revista Forbes, Google se encuentra en el séptimo puesto de las empresas más innovadoras a nivel mundial. Pero, ¿Cómo se logra mantener un mismo espíritu de innovación en una empresa de 26.000 empleados y con sus más de 60 oficinas repartidas por el mundo?

Ésa es la pregunta que Susan Wojcicki, trabajadora de Google, se hace en el tercer número del Think Quarterly, y que Google dedica íntegramente a la innovación. Para Susan Wojcicki el secreto se puede resumir en 8 pilares básicos:

1.      Ten una misión. La misión de Google es simple y clara: “organizar el mundo de la información para hacerla accesible y útil”. Una sola frase que mueve a toda una organización. Si se involucran en un área de trabajo es que tratan de resolver un problema y creen que la tecnología marcará la diferencia. La autora pone dos ejemplos, el propio Gmail o el “person finder” (un programa de localización de personas puestas en marcha tras el tsunami en Japón). Y todo con un objetivo, cumplir una misión que se crean.

2.      Piensa a lo grande, pero comienza por lo pequeño. No importa lo ambicioso que sea el plan, hay que “subirse las mangas” y empezar por algún lugar. Hay que tener una gran capacidad para diseñar planes ambiciosos, visionarios, transformadores, pero a la vez…ser conscientes de que hay que trocearlos, crear las fases, asignar las personas y los recursos adecuados, en el tiempo adecuado, para que se cumplan.

3.      Lucha por una innovación constante, no por la perfección de un instante. Lo primero que lanzas al mercado no tiene por qué ser lo mejor, ni tiene que ser perfecto, acotado y cerrado. La mejora continua, la revisión, el cambio, requiere un “update” casi diario, y ése es el secreto…la cuestión es aprender rápido y marcar los siguientes pasos antes que los demás… y estar dispuestos a aportar mejoras en cada momento.

4.      Busca ideas en cualquier sitio. El principio básico de la innovación es estar abierto y receptivo a lo que ocurre a tu alrededor y saber aprovecharlo en tu propio “beneficio”. Este principio está muy relacionado con los descubrimientos de Steven Johnson respecto a “Cómo surgen las grandes ideas?”. La respuesta es muy contundente: a través de la interacción de mentes despiertas, inquietas, capacitadas en ambientes propicios y con incentivos adecuados. Por ejemplo, el GPS se concibió en una conversación de cafetería entre dos ingenieros… es curioso analizar cómo surgen las ideas que han transformado el mundo y cómo a veces hay que crear los ambientes adecuados para lograrlo.

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5.      Comparte todo. Éste es otro principio de la innovación abierta…se dedica más tiempo a proteger que a crear nuevas ideas. Dentro de una organización compartir ideas, documentos, intereses, da pie a reinterpretaciones, mejoras y se crea un caldo de cultivo donde todo el mundo puede empaparse de conocimiento y, con él, aportar y mejorar toda la organización. No es una tontería que la empresa más innovadora del mundo, según algunos rankings, a la vez no disponga de un director de innovación…porque precisamente se cultivan para que la innovación sea precisamente un ejército de 26.000 personas con talento trabajando, aportando y compartiendo.

6.      La chispa de la innovación es la imaginación, pero su gasolina son los datos. Sin datos que prueben la estrategia y las ideas estamos perdidos. El reto de una empresa como Google que declara que la gran mayoría de sus innovaciones provienen porque sus empleados tienen un 20% de su tiempo semanal para trabajar “en lo que consideren” es el de probar todas esas ideas que surgen, en ocasiones con costes millonarios.

7.      Sé una plataforma. Uno de los grandes secretos de estos monstruos de la innovación es, precisamente, su habilidad para abrir plataformas colaborativas, lograr que cualquier persona del planeta con talento pueda aportar su grano de arena a uno de sus productos. Así surgió el Android, o Google Earth u otras muchas mejoras continuas. Cuando el usuario ayuda a co-crear la fuerza de la inteligencia colectiva es imparable.

8.       “Equivocarse no es fracasar”. Tendemos a recordar sólo los éxitos y nos olvidamos de los fracasos. Pero una empresa exitosa también tiene un gran historial de cosas que no han salido bien. Fracasar en el mundo de la empresa no es problema. Si en realidad aprendes de ese fracaso, reaccionas bien y no has incurrido en riesgos demasiado grandes como para que te tumben. Por eso es importante diversificar, testear y aprender y no tener un único producto, en el que hayas invertido todo y en el que has centrado todas tus energías para lanzarlo al mercado…el mercado puede decirte que no, que no es útil…y está bien saberlo, pero si lo haces rápido, aprendiendo y con riesgos controlados, mejor.

La filosofía de trabajo de Google es sencilla y clara: lo más importante es pensar en el usuario; es mejor especializarse en algo y hacerlo realmente bien; no tiene por qué estar en su despacho para obtener una respuesta, es posible obtener ingresos actuando de forma ética; es imposible abarcar toda la información disponible, la necesidad de información supera todas las fronteras; es posible ser profesional sin llevar traje; no hay que conformarse con unos resultados estupendos.

Y es que esta filosofía resulta fácil de seguir cuando uno trabaja en unas oficinas situadas en Sillicon valley, en un entorno natural y ecológico con gran extensión arbolada y con edificios de máximo 3 plantas, con instalaciones deportivas y 17 restaurantes de todo tipo gratuitos para los empleados, salas de descanso y de relax (masaje, zona de juegos)…

Donde, además, no hay horarios fijos para cada persona, ya que cada uno administra su tiempo como mejor le parece, cumpliendo los plazos establecidos. La tecnología a utilizar en los proyectos se decide por los propios empleados, el lugar de trabajo es dinámico, es decir, los empleados se cambian de sitio cada cierto tiempo para no caer en la monotonía y  las personas eficientes pueden dirigirse ellas mismas.

Y donde el liderazgo de proyecto tiene un turno rotatorio entre el equipo de ingenieros que lo forman, los grupos de trabajo son reducidos, de 3 a 5 personas y en el que las ideas no proceden ni de arriba ni de abajo, ni de un equipo especifico: la innovación se incentiva en todos los niveles de la empresa.

¿Cómo puede una empresa, especialmente una tan grande como Google,  mantener ese espíritu de innovación año tras año?  El fomento de una cultura que promueva la innovación parece ser la clave.

                

La diferencia es que, aun cuando piensan en que será lo próximo, se enfrentan al dilema del innovador clásico: ¿debemos invertir en nuevos productos o debemos mejorar los ya existentes? En Google creen en ambos, y mientras aprenden de ello.

Las grandes preguntas que nos hacemos son: ¿Podemos aprender algo de Google? ¿Hace falta ser una grandísima empresa para innovar? Hay lecciones que creo que toda empresa debería tener: una visión en la que crees, que te ilusione, que te haga vibrar y trabajar duramente por convertirla en posible. Y si tienes un equipo, por pequeño que sea, que la asuma, que crea en ella; liderar, comunicar, lograr dirigir el talento hacia algo superior y grande es el camino para lograr ser diferente.


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