NY: reconstrucción de la Zona Cero

El término “zona cero” hace referencia a la parte de tierra o suelo inmediatamente debajo de una explosión de bomba, especialmente en el caso de un arma nuclear. Tras un largo período de tiempo sin usarlo, la prensa y el gobierno estadounidense volvieron a adoptar la expresión “Zona Cero” para determinar el solar en el que se encontraban los dos edificios principales del World Trade Center de Nueva York, las torres gemelas, tras los atentados del 11 de septiembre de 2001.

Tan imprescindible como Times Square, el Empire State Buiding o la Estatua de la Libertad, la llamada Zona Cero se ha convertido desde los atentados del 11 de septiembre en un centro de peregrinaje y un punto de obligada visita para cualquiera que esté en  la ciudad.

La zona está plagada de visitantes que intentan a duras penas intuir lo que está pasando en ese gran vacío hoy ocupado por excavadoras, camiones, vigas de hierro…

Tan célebres como eran las Torres Gemelas en su momento, lo son hoy sus cenizas. En realidad, cayeron más que las dos torres. Pero en una ciudad donde el espíritu nunca decae, los planes no han quedado en suspenso, sino que el proyecto de construir en el solar de 64.000 metros cuadrados ya se ha puesto en marcha.

                                      

En este gran solar en el que antes se levantaban las Torres Gemelas y donde siete edificios tuvieron que ser demolidos, se prevé construir la torre más alta del mundo, la “Torre de la Libertad” de más de 540 metros de alto, cinco edificios más para oficinas, una terminal de transportes , un centro de arte, un museo en memoria de las casi 3.000 personas que murieron en la tragedia y un monumento, llamado “Reflejando la ausencia”, que  incluirá alrededor de estanques de agua los nombres de todos los que ya no están.

En el año 2003 se le concedió al arquitecto español, Santiago Calatrava, la construcción del Intercambiador de transportes del World Trade Center en la denominada Zona Cero, siendo uno de los proyectos más importantes que se está llevando a cabo en la ciudad de Nueva York.

A través de esta compleja infraestructura, se conectarán los trenes de cercanías de la Autoridad Portuaria Trans-Hudson, el metro neoyorquino y el enlace ferroviario, con el aeropuerto internacional John F. Kennedy. El arquitecto valenciano, junto a las empresas americanas DMJM + Harris y STV Group, han diseñado una estructura de vidrio y acero que tendrá el aspecto, en sus propias palabras, de “un ave liberada por las manos de un niño”.

El proyecto responde a un diseño muy arriesgado del arquitecto  en el que las formas curvas predominan frente a los diseños más clásicos. El diseño se basa en una serie de “costillas” de acero con paneles de vidrio entre ellas, que contribuyen a maximizar la entrada de luz hacia los niveles inferiores de la estación.

El gran hall interior y los distintos niveles subterráneos estarán libres de columnas para dar una sensación de gran libertad espacial y facilitar los movimientos a través de ellos. Este conector ha sido pensado para servir, a su vez, de paso peatonal hacia el centro comercial subterráneo que se situará en los niveles inferiores del nuevo World Trade Center.

Para dar una mayor sensación de contacto con el aire y la luz al hall principal subterráneo, Calatrava ha diseñado el cielo del edificio exterior de manera móvil, con objeto de facilitar la  entrada del sol y  aire en el verano, al igual que ocurre en los estadios deportivos.

Sin embargo, el proyecto presentado por Calatrava ha sufrido gran número de modificaciones a lo largo del tiempo y ha tenido que dar marcha atrás y rehacer su proyecto debido a problemas económicos o de seguridad.

La lentitud en las obras del World Trade Center se debe en gran parte a la construcción del intercambiador diseñado por el arquitecto valenciano. Los responsables del proyecto aseguraban que las obras del nuevo centro financiero serían una realidad entre 2010 y 2012, sin embargo, las fechas del final de la obra son hoy una incógnita.

Grúas, maquinaria y 2.000 operarios forman parte de un paisaje que parece hacerse eterno ante los retrasos y los problemas de presupuesto que está teniendo el proyecto.

                                   

El proyecto que comenzó con un presupuesto inicial de 2.200 millones se ha elevado a 3.440 millones en la actualidad. El elevado coste de los grandes arcos de acero es la principal razón por la que se ha tenido que aumentar el presupuesto, ya que existe la necesidad de proteger la estación de posibles atentados terroristas.

Cuando Calatrava presentó el proyecto en 2004 indicó que la idea de dejar pasar la luz hasta lo más profundo no sólo constituía un elemento más de la construcción, sino que también era un símbolo del renacimiento y de la renovación de la ciudad tras los atentados. Pero este mismo año, se decidió que las ‘alas’ de la terminal —ideadas para abrirse cada 11 de septiembre en homenaje a las víctimas— serían fijas, por cuestiones de presupuesto.

La autoridad portuaria, encargada del proyecto considera que al desplegarse las “alas” del edificio éstas quedarían demasiado cerca de los rascacielos que rodearán la terminal de transportes.

La modificación del diseño ha permitido ahorrar costes y tiempo en la construcción del intercambiador de transportes de la Zona Cero.

Además de ser un gran reto arquitectónico, ya que se trata de un enorme intercambiador de transportes, se halla en el centro de Nueva York, por lo que no se puede interrumpir la circulación de trenes mientras se construye. Además se encuentra en una zona muy densa y consolidada, donde simultáneamente se están llevando a cabo muchas construcciones.

Otra de las dificultades con las que se ha encontrado el proyecto es que se construye por debajo del nivel del mar y sobre un terreno construido al mar, lo que entorpece los procesos de construcción.

Además de requerimientos de seguridad o presupuestarios, Calatrava ha tenido que enfrentarse a la profunda carga emocional que pesa sobre el proyecto ya que aquí murieron casi 3.000 personas y sus familias quieren ver terminada la construcción para cerrar una etapa.

                    

Lo cierto es que la población de la Gran Manzana asiste hace ya diez años abrumada a los enfrentamientos entre políticos, burócratas, arquitectos, familiares de las víctimas y un sinfín de protagonistas de un proyecto que iba a costar en total 9.600 millones de euros y ya va por los 12.350. Además de su peso simbólico y económico, la zona cero también iba a darle un nuevo impulso cultural a la ciudad.

En una encuesta reciente, el 63% de los neoyorquinos consideraba que, diez años después de los ataques, los trabajos de reconstrucción de la zona cero iban “muy mal” y el 60% vaticinó que no se cumplirán los plazos previstos para la inauguración de las dos piezas más simbólicas, el monumento a las víctimas, que debía estar terminado en 2011, en el aniversario del atentado,  y la Torre de la Libertad, en 2013.

El New York Times escribió un artículo en el que se decía que el arquitecto valenciano “sigue siendo incapaz de superar el fatal error del proyecto: la llamativa incongruencia entre la extravagancia de la arquitectura  y el limitado propósito para el que sirve. El resultado en un monumento a un ego creativo que celebra la destreza ingenieril de Calatrava, pero poco más”.

La inauguración del “World Trade Center Hub” está prevista para el año 2014, lo que convertiría el intercambiador de calatrava en el tercero más grande de la Gran Manzana, pero si sigue habiendo cambios en el proyecto y una mala planificación podría retrasarse hasta dos años más, algo a lo que las autoridades y los neoyorquinos no están dispuestos.

“No más excusas, no más retrasos”

                        


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