De Platón a Berkeley o sobre la esencia humana en el mercado

Extenso e interesante ha resultado el debate en la sociedad sobre lo que es la apariencia de las personas. Muchos dicen que las apariencias engañan, otros que la primera impresión es lo que cuenta. Lo que quisiera reflejar hoy es que todas son verdad pues todas llevan razón. Ahora bien, sólo llevan razón cuando nos estamos centrando en un ámbito en concreto. Es decir, cuando hablamos a nivel cotidiano del día a día podemos decir que las apariencias engañan, pero cuando hablamos de la empresa sólo podemos hablar de lo que aparece o aparentan en el mercado. Puede ser que el valor de una empresa sea distinto al valor que tiene en el mercado, pero eso se debe a que las apariencias son distintas en un lado y en otro, aparecen con distinto valor.

En la Filosofía ha habido quienes han discutido sobre la apariencia del hombre, hay quienes han considerado que las apariencias son negativas o falsas y quienes han defendido que sólo la apariencia es lo que hace que seamos. Al respecto, podemos identificar dos posturas concretas:
Por un lado, vemos la postura de Platón, que considera que las apariencias son deleznables, que las cosas siempre son más de lo que aparenta ser. Puede ser cierto, y así lo vivimos. Conocemos a alguien y creemos que es de una forma determinada por su apariencia y luego vemos que no.
Pero podemos encontrar su postura contraria en el idealista Berkeley, que considera que ser es ser percibido, es decir, que uno es en la medida en que te perciben. Una persona no es mala persona, sino que lo es porque lo han percibido así.

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No pocos han sido los que han considerado esta postura como una irracionalidad, una locura extraviada que no habría que tener en cuenta pues no hace falta que nos perciban para que seamos como somos. Lo que yo vengo a defender es que en el ámbito del mercado, uno es sólo si es percibido. No hace falta ser la mejor empresa en hacer un producto u ofrecer un servicio: basta con ser percibido como la mejor. Dicho de otro modo: no es suficiente con ser los mejores o pretender serlo, debemos de pretender ser percibidos como tal. De ahí que las grandes estrategias vienen a definir cómo debemos mostrarnos al público y a otras empresas, en definitiva: a nuestros clientes y competencia.

La percepción de lo que uno es constituye a la empresa como tal, dentro de los parámetros legales (y puede que morales). Es el caso de dar una cantidad desproporcionada de dividendos a los accionistas de la empresa para causar cierta percepción de la empresa aun sabiendo que repercutirá negativamente en los que conforman la empresa misma.

La estrategia de Marketing y Comunicación deben ir lanzadas a que me perciban de una determinada forma, no sólo que me perciban, que también. Puede parecer una perogrullada, pero sólo en la medida en que afinemos el modo en que queramos ser percibidos nos constituiremos casi de forma automático en aquello en que nos perciben.

Ser en el mercado es ser percibido.6854581336_98b0bffc41_b

 

Juan Manuel Márquez Poyatos

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