Creación de valor para el accionista.

Un gran reto y objetivo para los directivos de las compañías es la creación de valor para los accionistas, no solo pensar en la búsqueda de valor a corto plazo, sino también, diseñar estrategias a largo plazo que generen un crecimiento sostenible de valor en el tiempo.

La creación de valor para el accionista es el principal indicador para medir la rentabilidad de una empresa. El principal papel o responsabilidad de un directivo es aumentar el valor de la organización y para ello es indispensable el compromiso de todos los empleados.

Para describir el papel del directivo en la creación de valor para el accionista es importante recalcar que la gestión financiera en las empresas tradicionalmente busca crear valor a través del control de indicadores como la rentabilidad, liquidez, crecimiento y riesgo, tomando como premisa que se genera valor si el rendimiento real supera la rentabilidad que exigen los accionistas.

En este sentido, los directivos deben definir las estrategias para alcanzar y superar dichas exigencias, entregar a la organización herramientas para actuar en torno a los objetivos propuestos, monitorizar el desempeño de estas actividades mediante indicadores claramente definidos hacia las diferentes áreas y ajustar los elementos requeridos para alcanzarlas.

Para que el directivo logre crear valor debe maximizar la inversión de los accionistas y para lograrlo debe diseñar estrategias que estén alineadas con este objetivo, por ejemplo pensar en estrategias que posicionen a la empresa y le ayuden a ser cada vez más competitiva.

Con este fin debe ponerse en el lugar del accionista y tomar aquellas decisiones que permitan alcanzar la mayor rentabilidad (sostenible) para éste, pues no en vano es la razón de ser de la organización. Por tanto, ¿cuándo se crea valor para los accionistas? Cuando la rentabilidad sobre el capital invertido es mayor que el costo de las acciones.

Es importante para los accionistas que vean reflejadas sus inversiones en beneficios retribuidos en forma de dividendos o en el aumento del valor de sus acciones, pero también en ver superadas sus expectativas de crecimiento y que estas sean sostenibles en el tiempo. El cumplimiento de estos objetivos genera confianza en los accionistas y por ende aumenta su satisfacción con la inversión (guía fundamental en la articulación de la relación empresa – accionista).

Pero igualmente es importante resaltar que no se trata solo de aumentar beneficios sino de crear condiciones que permitan a la empresa lograr un crecimiento, una sostenibilidad y un mayor atractivo en el mercado.

Con tal fin es indispensable que se mantenga una comunicación abierta, clara, periódica y veraz con los accionistas, inversores institucionales y analistas financieros, la cual se refleje en una valoración justa y en una adecuada credibilidad de la empresa en los mercados financieros, pues entre otras razones, condicionará las posibilidades de poder financiarse la empresa de una manera más ventajosa, lo cual redundará como es lógico en el propio accionista.

Algunas de las acciones que un directivo puede implementar para aumentar el valor de la empresa y de los accionistas pensando en un crecimiento sostenible a largo plazo, son invertir en innovación, en desarrollo tecnológico, en la mejora de los procesos, en el posicionamiento de la marca, en la mejora de la satisfacción del cliente y en la mejora continua de la calidad entre otros.

Cuando una empresa obtiene beneficios, es un cometido de sus directivos analizar detalladamente las opciones que tienen a la hora de disponer de estos beneficios con el objetivo de crear valor para los accionistas, como por ejemplo, invertir en el crecimiento de la empresa o devolver efectivo a los accionistas por medio de la distribución de dichos beneficios en forma de dividendos, o bien recomprar acciones de la empresa para aumentar el valor de las mismas.

Entre las estrategias que pueden utilizar los directivos para crear valor están las de aumentar el retorno sobre los activos actuales operando con eficiencia (aumentando el precio de venta y/o reduciendo los costos), invirtiendo únicamente si el retorno excede el costo de capital o desinvirtiendo cuando éste no excede, reduciendo la carga fiscal mediante una adecuada planificación fiscal, así como invirtiendo en activos que rindan por encima del costo de capital.

La implementación exitosa de estas medidas exige siempre el compromiso y participación de los directivos como cabeza visible de la organización y punto de referencia para los demás miembros de la misma.

Los directivos desempeñan un papel fundamental en la creación de valor en las empresas al ser los líderes que señalan y guían el rumbo que deben seguir todos los colaboradores. Por ello es muy importante que conozcan en detalle el sector donde se desenvuelve su negocio así como la posición estratégica frente a sus competidores para, mediante un análisis de los indicadores de su compañía en relación con los de la industria, formular estrategias que permitan aumentar el valor a través de la adquisición de ventajas competitivas.

Los indicadores tradicionales (valor de la acción / dividendos, utilidad neta, flujo de caja, rentabilidad, etc.) tienen limitaciones que dificultan la medición de la creación de valor para el accionista, ya que no necesariamente consideran todas las variables clave, como son, riesgo, costo de financiación y sostenibilidad. Además pueden verse afectados por manejos contables propios de cada país. Adicionalmente los indicadores tradicionales se calculan de manera general para toda la empresa y no para evaluar el desempeño de unidades de negocio.

La formula del EVA (Economic Value Added o Valor Económico Añadido) ajusta el valor contable para obtener una mejor aproximación del dinero invertido en las empresas.

EVA = ROIC (retorno del capital invertido) – WACC (coste medio ponderado del capital) = Creación de valor para el accionista

Se crea valor cuando la rentabilidad generada supera el costo de oportunidad de los accionistas. El Valor Económico Añadido (EVA) busca resolver las limitaciones de los indicadores tradicionales, manteniendo sus ventajas, como son la claridad, facilidad de obtención y alta correlación con la rentabilidad del accionista.

Entre los beneficios del EVA encontramos que puede aplicarse a una empresa en su conjunto o bien a una unidad de negocio o un centro de responsabilidad, al tiempo que considera todos los costos de una empresa, incluido el costo de financiación de los accionistas, y el riesgo con el que opera la organización. Además disminuye la influencia de la “contabilidad creativa” en ciertos datos contables como las utilidades.

Pese a ello el EVA aún tiene una limitación y es que no considera por si solo las expectativas de futuro de la empresa. En este sentido hay que comentar también el concepto de valor de mercado de la empresa, que se obtiene a través del descuento de los flujos de caja siguiendo el método de descuento de dichos flujos, método que si bien  toma en cuenta flujos anteriores presenta igualmente dificultades en lo referente a flujos futuros.


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