Internacionalización en la construcción: el peligro de la falta de Seguridad Jurídica

Proceso de Internacionalización

Para cualquier empresa relacionada con el sector español de la construcción, si quiere continuar trabajando en lo que sabe hacer, hoy en día internacionalizarse resulta casi imprescindible para conseguir sobrevivir a la falta de negocio en nuestro país.

A la hora de intentar llevar a cabo este cada vez más necesario trámite, existen distintas alternativas. Dependiendo del tamaño y recursos de la empresa, así como de su voluntad de abrir mercado en el país en el que se vaya a ejecutar la obra, las constructoras e ingenierías están optando por alguno de los siguientes métodos para conseguir salir al exterior:

  1. Acudir para la realización de una obra puntual como subcontrata, a las órdenes del contratista principal y para realizar una determinada parte de la obra. Este sistema permite que empresas de menor tamaño, pero especializadas en un determinado trabajo, puedan tener entrada en ese mercado.
  2. El acuerdo joint venture, aliándose temporalmente con otras empresas para la realización de un proyecto concreto, basado normalmente en la suma de capacidades tecnológica o financiera de los distintos aliados.
  3. Creando una sucursal o filial en el país de destino, cuando se pretende tener allí una implantación permanente y tener representación en el mismo, ya sea por posicionamiento estratégico o por el potencial del país en cuestión.
  4. Comprando una empresa local, que facilita la concurrencia a concursos públicos, ya que se hace con el curriculum, la experiencia y el capital humano de la empresa local, pero que tiene la desventaja de la dificultad de integrar la empresa en la estructura y el funcionamiento de la matriz. Por ejemplo, lo hizo OHL en 2008 para desembarcar en Perú, al comprar la empresa TPSAC en el país andino, que contaba con cincuenta años de historia, y vistos los resultados fue una estrategia acertada.
  5. Presentarse directamente a una licitación en otro país para optar a la adjudicación de un contrato; normalmente se trata de obras emblemáticas de gran envergadura que se sacan a concurso internacional. En este caso hay que ser capaz de ofrecer algo que las empresas locales no posean, como gran experiencia en el tipo de obra licitada, ser una empresa de reconocido prestigio internacional, etc, por lo que prácticamente está reservado a las grandes empresas.
  6. Mediante un consorcio internacional, normalmente para optar a concesiones, formado por una alianza de distintas empresas a más largo plazo que una joint venture, y donde unen sus intereses constructoras, ingenierías, entidades financieras, e incluso empresas públicas con experiencia en el proyecto en cuestión: como Aena y OHL en la puja de aeropuertos privatizados en Brasil, o el consorcio adjudicatario del proyecto de alta velocidad de Medina a la Meca,liderado por Adif, Renfe y Talgo y que cuenta con OHL y otra decena de empresas constructoras y de ingeniería.

 

Seguridad Jurídica del país

Para la elección de uno de los métodos indicados, a parte de la estrategia que se quiera seguir, uno de los aspectos más importantes a tener en cuenta será el de la seguridad jurídica del país donde se tenga pensado invertir. Ya que, si la experiencia va a ser dura, como en todo proceso complejo y desconocido en el que nos embarquemos, si no contamos con unas mínimas garantías legales de que podremos desarrollar nuestro negocio con cierta tranquilidad, las consecuencias de la aventura pueden resultar desastrosas para nuestros intereses.

Antes de realizar una inversión en un país, es necesario comprobar la seguridad jurídica que nos ofrece. Es aconsejable que conocer si ese país suscribe los convenios internacionales sobre ejecución de laudos arbitrales extranjeros (Uncitral, CIADI), y si dicho país los ejecuta fácilmente o no. Si además existe algún tratado bilateral o APPRI (Acuerdo para la promoción y protección recíproca de inversiones) vigente entre España y dicho país, tendremos más instrumentos a la hora de reaccionar eficazmente ante cualquier acción que podamos considerar como lesiva -una expropiación o nacionalización sin la adecuada compensación o, en general, cualquier trato injusto, arbitrario o discriminatorio- por parte de otro país.

 

Malas experiencia españolas

Y es que la historia reciente está plagada de malas experiencias de empresas españolas que han sufrido varapalos gordos al afrontar proyectos fuera de nuestras fronteras, durante sus procesos de internacionalización, bien sea por haber elegido destinos demasiado inestables políticamente, o con poca tradición democrática, o por haberse decidido por países en vías de desarrollo con reglas del juego poco claras a ojos de la justicia internacional.

 

Como ejemplo, podemos recordar el episodio que durante la década de los noventa llevó a las constructoras españolas a establecerse en Marruecos y posteriormente retirarse, por varios problemas con su justicia.

Las constructoras españolas desembarcaron masivamente en Marruecos tras la firma en 1991 de un tratado de amistad y cooperación entre estados, pero los problemas con el Estado marroquí comenzaron pronto (tardanza con expropiaciones, cambios unilaterales de especificaciones en contratos, etc.). En 1996 la Dirección de Puertos marroquí adjudicó a FCC la construcción de un muelle por importe de 20 millones de euros, y dos años después, cuando el 80% del contrato estaba ejecutado, el Ministerio de Obras Públicas marroquí paralizó la obra al poner en duda la estabilidad de las dársenas, y le confiscó todo el material. La empresa española demandó a la Dirección de Puertos por incumplimiento de contrato ante las autoridades locales, y en 2.001 la empresa fue multada con 11 millones de euros.

A raíz de ese episodio las constructoras españolas huyeron del territorio marroquí, ausencia que ha durado hasta hace poco, cuando las gestiones del Gobierno español y la Casa Real consiguieron un mínimo compromiso por parte del gobierno marroquí de solucionar los contenciosos y reclamaciones que varias constructoras tenían pendientes (a pesar de que la inseguridad jurídica no haya cambiado aún a día de hoy), y así lograr las condiciones mínimas para que se arriesgasen a volver a trabajar allí.

 

Tampoco les ha ido bien a empresas presentes en países musulmanes que han sufrido las recientes revueltas, como en Libia, donde Bruesa puso casi todas sus esperanzas y los graves incidentes precipitaron su salida y agravaron su ya mala situación económica, desembocando en su concurso de acreedores.

 

Pero tampoco hay que irse a destinos tan exóticos para encontrar problemas de constructoras con administraciones extranjeras, que les han supuesto pérdidas de cientos de millones de euros en sus cuentas y pérdida de cotización en los mercados de valores:

Por todo ello es imprescindible contar con un buen asesoramiento jurídico a la hora de intentar hacer negocio fuera de nuestras fronteras, donde los procedimientos y la legislación nos son totalmente ajenos, y donde, si no contamos con la garantía de alguno de los instrumentos internacionales comentados que protejan nuestros intereses, estaremos a merced de la diplomacia, que aún puede ser más peligrosa e imprevisible que los tribunales…

 

Suerte y Salud!


Los (siempre indeseables) Cambios No Planificados SCOPE CREEP

Aunque pueda parecer una obviedad, vale la pena recordarlo; una de las cosas más importantes a tener en cuenta antes de comenzar un proyecto de la naturaleza que sea, si queremos completarlo con éxito, es conocer con claridad el alcance del proyecto (scope): cuales son los objetivos precisos que perseguimos, y cuales las actividades necesarias para lograr esos objetivos.

Pero más veces de las que nos gustaría admitir, la descripción de esos objetivos resulta ser poco clara, y las fronteras de nuestro proyecto se ven difuminadas por la falta de rigor en su definición, con la dificultad que añade al intentar llevar el proyecto a cabo: si no tenemos claro a donde queremos ir a parar, difícilmente seremos capaces de trazar un camino que nos lleve a nuestro destino en el tiempo deseado, utilizando de manera eficiente nuestros recursos, y sin tener que pararnos a desandar parte del mismo por los errores cometidos.

Esta planificación previa es sin duda la parte más importante en cualquier proyecto; pero, si definir el alcance con el nivel de detalle necesario para poder planificar adecuadamente todas las actividades en que descompongamos nuestro proyecto, ya es difícil, el gran reto es ser capaces de ir gestionando adecuadamente los cambios que se vayan produciendo en el alcance de nuestro proyecto, para evitar que la situación se nos vaya de las manos (corrupción del alcance, o scope creep).

Como los proyectos tienen vida propia y  van evolucionando a lo largo del tiempo, puede que llegue un momento en que las necesidades que originaron su concepción hayan variado, o que alguno de los stakeholders (cliente, promotor, sociedad) implicados en él pida la redefinición del alcance del proyecto; porque ha variado la normativa vigente, porque surgen nuevas necesidades que interfieren con nuestro proyecto, o simplemente porque las necesidades iniciales han cambiado.

Como Gestores de Proyectos, estamos obligados a gestionar adecuadamente los distintos intereses que entran en juego durante su desarrollo, ya que el crecimiento desmesurado e incontrolado (y sobre todo, no planificado) del alcance del proyecto es el principal responsable de malentendidos, retrasos, sobrecostes, etc, de los que al final alguien tiene que hacerse cargo (normalmente el que esté en la posición de más debilidad).

Tradicionalmente, en la ejecución de infraestructuras en nuestro país, se ha abusado de esos “cambios en la definición del alcance” propiciados por la propia idiosincrasia de nuestro sector:

Cualquiera que sea el origen de las variaciones y nuevas funcionalidades que tengamos que añadir a nuestro proyecto, hemos de evaluar muy atentamente cómo esas modificaciones de alcance afectan a los objetivos del proyecto, y si finalmente se aceptan habrá que integrarlas actualizando el plan del proyecto… con el trabajo que ello supone.

La responsabilidad del Gestor del Proyecto es definir e implementar un proceso para analizar y rechazar o aceptar esas modificaciones, pero además deberá gestionar los cambios reales que se produzcan (por ejemplo, retrasos) y analizar cómo afectan al resto del proyecto.

Todo este proceso implica una continua revisión de la planificación, que:

P.D.: ¿Quién dijo que Gestionar Proyectos era fácil?

 

Suerte y Salud!

 


Maximización de Beneficios -vs- Responsabilidad Social Corporativa

Que dé un paso al frente aquél de vosotros que, teniendo la oportunidad de elegir (siempre que fuera de manera legal, claro), renunciaría a poder tributar menos de lo que le exigen actualmente, y así “cobrar más” a final de mes… (no os agolpéis, de uno en uno, por favor)

De hecho todos intentamos tributar “sólo” lo mínimo imprescindible, aquello a lo que la Legislación Tributaria nos obliga. Cuando anualmente llega nuestra ineludible cita con Hacienda, a la hora de presentar la Declaración de la Renta buscamos justificantes del importe que hemos conseguido cancelar de nuestra hipoteca, de aportaciones a planes de pensiones, de recibos de colegios profesionales, y de todo aquello que disminuya nuestra base imponible, y así minimizar la parte de nuestro sueldo que se destina a pagar a nuestros políticos y gobernantes, pero también a financiar la sanidad pública, la educación de nuestros hijos, la construcción de carreteras, etc.

Entonces, ¿qué hay de malo en que una empresa se empeñe en maximizar sus beneficios, siempre que la ley se lo permita, tributando lo mínimo posible? Aquí es donde entra en juego el concepto de Responsabilidad Social Corporativa, de la que tanto presumimos en nuestras empresas en la definición de sus Misiones y Valores, y que a la hora de la verdad parece estar supeditada a la consecución de beneficios (no a costa de cualquier cosa, pero casi…).

Un trabajador, mientras trabaje en España, no puede elegir si tributa aquí o en las Islas Caimán, pero nuestras grandes empresas tienen multitud de asesores fiscales que se dedican a buscar los recovecos legales en los Convenios de Doble Imposición (firmados con muchos de los países hasta hace poco considerados Paraísos Fiscales), para así decidir hacia donde “redirigir” sus recursos económicos para que rindan lo máximo posible.

Estos acuerdos, los Convenios de Doble Imposición, sólo se enfocan a perseguir actividades delictivas (evasión fiscal), lo que no permite combatir también la elusión fiscal, es decir, aprovechar imperfecciones de la regulación para evitar o reducir pago de impuestos, algo que, en la mayoría de los casos, podría suponer como mínimo un fraude de ley.

La gran mayoría de empresas del IBEX-35 tienen filiales en territorios donde no realizan actividades operativas, pero que les ofrecen condiciones fiscales muy ventajosas.

Esto se pone de relieve en el último informe anual del Observatorio de Responsabilidad Social Corporativa (es bastante revelador, adjunto el enlace para quien quiera descargarlo y leerlo, aunque sea por encima) revela que 30 de las 35 firmas que componen el índice practican estas tácticas, cuando hace cuatro años eran sólo 18.

Informe: Memoria Responsabilidad Social Corporativa 2.010 (pdf)

 

Y es que, a parte de bancos, entre ellas hay varias constructoras y empresas de servicios y energéticas (todos sabemos cuáles cotizan en el índice) que construyen y gestionan concesiones por todo el mundo, pero que poseen innumerables compañías intermedias con sedes en lugares donde no desarrollan ninguna actividad.

Por ejemplo, una sola de esas empresas constructoras, tiene doce sociedades en Delaware (que resulta que es el nuevo centro de evasión fiscal del mundo, con apartados de correos y edificios vacíos como sedes de multinacionales o filiales de ellas), y varias más tienen presencia en más de una decena de destinos exóticos y bien conocidos por su casi nula presión fiscal, de manera que ninguna paga prácticamente nada por el dinero que mueven, ni declaran el volumen de esos negocios y sus beneficios…

En el año 2010, los ciudadanos españoles pagaron a Hacienda el 11,5% de sus ingresos, mientras que las empresas del IBEX-35 aportaron el 9,9% de sus beneficios, cifra que también está muy por debajo de lo que aportan nuestras pequeñas y medianas empresas, sin tanta capacidad para practicar Ingeniería Financiera.

¿No resulta llamativo que se grave más al ciudadano de a pie que a las grandes multinacionales?

¿No deberían esas empresas, que llevan la Responsabilidad Social Corporativa por bandera, contribuir a generar riqueza en su entorno más inmediato, exigiéndoles un mayor esfuerzo fiscal?

¿Es lícito que presenten gran parte de sus beneficios en paraísos fiscales y que cuando en España presenten pérdidas sean compensadas con ayudas del Estado o exenciones fiscales?

Hay que remarcar otra vez que estas prácticas, a parte de habituales, no son ilegales (técnicas de elusión fiscal), ya que las empresas pueden evitar pagar sus impuestos en los países donde generan el beneficio sin violar ninguna norma ni española ni internacional. Pero en el contexto económico actual, con recortes de salarios y prestaciones para intentar reducir el déficit público, a la vez que aumenta la presión fiscal sólo sobre los trabajadores (el eslabón más débil de la cadena, el que no puede abrir una filial en la Isla de Man) creo que son, cuando menos, discutibles.

Por ello, creo que deberíamos contar con políticas fiscales que, en lugar de seguir fomentando la concentración de riqueza en menos manos, como siempre ha ocurrido y como sigue ocurriendo, redistribuyan mejor la riqueza… Y las empresas deberían, al menos, revisar sus políticas y ofrecer algo de transparencia sobre las actividades de sus lejanas filiales…

Pero bueno, como habíamos dicho que las prácticas están avaladas por la legalidad internacional, nuestras conciencias estarán tranquilas…; como mucho podremos tener algún pequeño remordimiento, al temer que esas “mejoras para nuestra sociedad” que buscan nuestras empresas (según definen en su “Misión, Visión y Valores”) deben ser “que nuestros accionistas obtengan unos buenos dividendos”, ¿no?…

 

(Según SETEM, federación que agrupa a diez ONGs de solidaridad internacional, el volumen de capital privado que pasa por paraísos fiscales se estima en unos 11,5 mil billones de dólares, que es aproximadamente un tercio del capital privado del mundo; más de la mitad del comercio mundial, pasa por paraísos fiscales; más de la mitad de los activos bancarios y un tercio de la inversión extranjera directa de las empresas multinacionales se desvían a los paraísos fiscales.)

 

Suerte y Salud!


¿Trabajas en Google…? Yo…, ¡en una constructora!




¿Quién no ha fantaseado alguna vez con trabajar en las mismas condiciones que lo hacen los trabajadores de Google? Cada vez que aparece en televisión algún reportaje sobre las condiciones laborales que ofrece, como paradigma de la ultramodernidad en sistemas de gestión del capital humano, a todos se nos hace la boca agua: enormes salas revestidas de alegres colorines, mesas de juego y billar por todas partes, comida gratis, masajes y gimnasio in situ, servicio médico personalizado en la propia oficina, la conciliación familiar como religión, y horarios flexibles hasta el punto de que tú mismo decides cuánto y desde dónde trabajas… Quizás no me costaría motivarme en un entorno así…

Pero si cometes el error de compararte con esos afortunados (tampoco va uno a compararse con los pobres trabajadores de cualquier fábrica china, ¿no?), con tu sueldo recortado para garantizar la viabilidad de la empresa (y a rezar para que dure), tu caseta de alquiler como oficina de obra, con tu flexo y una mesa que va de obra en obra desde que tu empresa participó en la construcción de la Expo’92, tu horario de sol a sol, tus hijos a los que, a veces, incluso consigues ver despiertos algún día entre semana, y tus tickets restaurante…, puede que llegues a la conclusión de que no eres precisamente el empleado con las mejores condiciones del mundo (dejando a los pobres operarios chinos fuera de la comparativa) y te sorprendes a tí mismo reconociendo que no te importaría que en el próximo ajuste de plantilla entrase todo el actual departamento de Recursos Humanos de tu empresa, y que por fin fichasen a alguien venido de Silicon Valley con ganas de cambiar las cosas…

 

Como en casi todo, en el término medio se debe estar razonablemente bien, y para llegar a él, un sector como el de la construcción (y seguro que sería aplicable a otros sectores), con sistemas de gestión que en la mayoría de casos prácticamente no han evolucionado en las últimas decenas de años, tiene aún mucho trabajo por hacer.

Afortunadamente, los trabajadores nos vamos dando cuenta de que para sobrevivir en el cambiante entorno laboral, provocado por los mercados de los que todos somos responsables, no nos sirven ni las recetas de nuestros padres, ni nuestra manera de afrontar los retos que hasta hace poco tan bien nos habían funcionado. Hemos tenido que cambiar nuestra mentalidad: hemos de ser flexibles, adaptables, versátiles, dinámicos, y capaces de asumir más responsabilidad, y todo sin esperar que ello repercuta en nuestro bolsillo, ni nos garantice estabilidad laboral a medio plazo.

¿Y qué han de hacer las empresas con relación a sus trabajadores (a parte de reducciones de plantilla)? ¿Tienen que seguir gestionando sus recursos humanos como antes de que la crisis lo pusiera todo patas arriba?. La respuesta está clara: si a los trabajadores se les exige hacer un gran esfuerzo, las empresas han de cuidar a su capital humano como lo que es, el activo más importante que tienen y lo único que les puede ayudar a salir de la situación en que se encuentran.

Para ello será imprescindible que las organizaciones revisen su Planificación Estratégica de Recursos Humanos, teniendo en cuenta las siguientes líneas de actuación:

En la medida en que seamos capaces de incorporar a nuestras organizaciones estas herramientas para aprender a gestionar el capital humano (nuestro activo más importante y generador de riqueza, los profesionales que tienen que hacer que nuestra empresa salga adelante), seremos capaces de mejorar, afrontar los retos del incierto futuro con mayores garantías de éxito…

…y podremos empezar a dejar de tener envidia de los trabajadores de Google (pero si no lo ves claro, te dejo un enlace a su página de ofertas de empleo, por si quieres enviar tu currículum… pero creo que reciben algo más de 1.000.000 de CV al año…)

http://www.google.com/jobs/joininggoogle/

 

Suerte y Salud!

 


Las Constructoras españolas logran reducir su apalancamiento (…y lo que les queda)

La principal limitación que mantiene paralizada a la actividad económica en España, e impide su crecimiento, es el altísimo nivel de endeudamiento alcanzado por las empresas privadas durante el boom del crédito, que se produjo con el beneplácito de la banca. Y en la situación actual, su reducción hasta niveles razonables es indispensable tanto para que la banca reactive la concesión de nuevos préstamos, como para que las empresas liberen recursos para nuevas inversiones que a día de hoy se ven inviables.

El volumen agregado de crédito del sistema financiero al total de los sectores productivos alcanzó su máximo en el ejercicio 2008; e incluso en 2009, cuando ya la crisis estaba en pleno apogeo, aunque disminuyó considerablemente, siguió creciendo con relación al PIB y el apalancamiento llegó hasta el 174%.

Se estima que para lograr poner a cero el contador del crecimiento, las necesidades actuales de desapalancamiento en España serían de unos 200.000 M€. Tal cantidad de crédito representa unos veinte puntos de PIB, y supone unos doce puntos sobre los niveles de endeudamiento privado actual. Llevar a cabo esta operación, llevará a la economía española varios años, lo que supondrá una larga temporada de crecimientos muy bajos o al límite de la recesión, pero se acabará produciendo, o por niciativa propia de las empresas, o por iniciativa de la banca, que seguirá recortando el crédito hasta niveles desconocidos (como ya está haciendo), ya que también la banca tiene que reducir el crédito de sus balances para recapitalizarse.

Centrándonos en el sector de las infraestructuras, vemos que hoy en día, la construcción, la promoción inmobiliaria y adquisición de vivienda, junto con los servicios inmobiliarios, acaparan el 59,3% del crédito, mientras que en 2.007 llegaban al 61,4%; o dicho de otro modo, ha sido el único sector que ha comenzado (aunque poco) a desapalancarse.

Las empresas constructoras españolas se encuentran sobreendeudadas (su deuda es varias veces superior a su beneficio bruto (EBITDA)) como consecuencia de las grandes inversiones acometidas en los años previos a la crisis, algunas de ellas en nuevos sectores de actividad que no han producido las rentabilidades esperadas en su momento.

Ante el empeoramiento de las expectativas en el sector de manera global no les ha quedado otra alternativa que reducir el elevado ratio de apalancamiento de sus balances, a base de rotación de activos y desinversiones, vendiendo activos no estratégicos.

Así, las seis grandes cotizadas en bolsa han logrado rebajar su deuda corporativa en más de 30.000 M€ en los últimos años. En total, las desinversiones de las seis grandes durante 2.011 (han vendido centrales de energías eólica y termosolar, concesiones de autopistas y aeropuertos, etc) ascendieron a 9.200 M€, que en buena parte han sido aplicados a reducir deuda. En la mayoría de los casos estas desinversiones han generado plusvalías, pero en otros han producido pérdidas, lo que  refleja claramente que la necesidad de liquidez ha primado en algunos casos sobre la rentabilidad.

Como el esfuerzo necesario es mayor del que ya se ha realizado, en 2.012 estas compañías tendrán que continuar reduciendo su endeudamiento mediante una combinación de generación de cash-flow, venta de activos no estratégicos, e intentando mejorar los periodos de cobro del circulante relacionado con la enorme deuda de las Administraciones Públicas. Y no tendrán más remedio que ser muy activas en la refinanciación de pasivos bancarios, buscando el alargamiento de plazos.

Esto significa que el proceso de venta de activos y de reducción de deuda que han de llevar a cabo continuará en los próximos meses, por lo que si estás pensando en hacerte con una concesión de una autopista, o similar (y cuentas con los recursos propios necesarios…), puede ser un buen momento para intentarlo.

 

Suerte y Salud!

 


Se busca líder… ¿has mirado dentro de tu propio equipo?

Cuanto peor van las cosas, cuantas más dudas nos surgen y más oscuro aparece el futuro ante nuestros ojos, más necesitamos tener a alguien en quien confiar, alguien en quien poner nuestras esperanzas, que nos proporcione seguridad y que nos muestre el camino a seguir mientras las incertidumbres nos rodean.

Y está claro que hemos vivido mejores momentos que los actuales…; cada vez se oyen más lamentos sobre la falta de líderes y añoramos los tiempos en los que supuestamente sí los había. Necesitamos y buscamos más que nunca a alguien que nos ilusione, en quien podamos confiar, que sea capaz de sacarnos de la situación que nos angustia, en la que estamos paralizados por el miedo y de la que nosotros solos no somos capaces de salir.

El líder es aquella persona que, con su visión única, tenga la capacidad de soñar con posibilidades que al resto de personas no les parezcan lógicas, que los demás no crean que funcionen, y que sean capaces de generar entusiasmo e ilusión con su actitud valiente. Es humilde, tiene capacidad de escuchar, aprende de los demás y es generoso: no espera nada a cambio de su actitud. Es capaz de sacar lo mejor de cada uno de nosotros y servir de inspiración para el comportamiento colectivo.

Bajo la denominación de líderes, siempre ha habido ejemplos de personas que se han autodenominado así, solamente porque han sido capaces de mover grandes voluntades, y han conducido a la humanidad a situaciones terribles, y otras que han demostrado utilizar su capacidad de influencia en la gente para servirse de los demás. Por eso es muy importante saber identificar los verdaderos líderes, independientemente de su cargo o posición: el auténtico líderazgo no es una postura ni un papel estudiado e interpretado por alguien que quiere sacar partido de una situación concreta, es una forma de ser y de comportarse.

Y es que en situaciones críticas, en las que somos más vulnerables y todos andamos buscando ese referente que nos ayude a salir adelante, es cuando más cuidado hay que poner para elegir en manos de quién ponemos nuestras ilusiones. El mayor peligro de confiar ciegamente en otra persona, ilusionarnos con lo que nos propone y subirnos a la tabla de salvación que nos ofrece, es que no cumpla las expectativas que hemos puesto en él. No hay mayor sensación de decepción que ver cómo aquél al que admiramos, aquella persona en la que hemos puesto todas nuestras ilusiones, en la que hemos creído ver unos valores y que se ha ganado nuestro respeto y despertado nuestra admiración, nos acaba fallando y no cumpliendo nuestras expectativas.

 

Y en situaciones en las que parece que el liderazgo escasea, si nos cuesta reconocer esa capacidad en nadie de nuestro entorno, tenemos que empeñarnos en buscarlo en nuestro propio equipo, e incluso dentro de nosotros mismos, ya que en mayor o menor medida, todos tenemos cierta capacidad de liderar algún tipo de situación en distintos ámbitos de nuestra vida.

En el entorno laboral, estamos obligados a crear entre todos el ambiente adecuado para mejorar el funcionamiento de nuestras empresas: hemos de ser capaces de implicar emocionalmente al equipo en los objetivos a lograr (inteligencia emocional) mediante actitudes colaborativas y enfoques basados en la participación del equipo. Así seremos capaces de identificar los miembros del equipo que no contribuyen a crear un buen clima (individualistas) frente a los colaborativos, ya que está demostrado que los equipos funcionan mejor cuando se les apoya que cuando se les coacciona.

Ese modelo colaborativo se basa en la lógica de que si el equipo gana, todos ganan; bajo esa premisa, cooperando en un clima de confianza, se obtienen mejores resultados que basándose en la competitividad. Si el entorno es hostil y el ambiente está viciado, será mucho más difícil que el equipo pueda lograr sus objetivos. Por el contrario, si el clima y el entorno son favorables, si cada uno da lo mejor de sí mismo, las emociones y actitudes se contagian y el resto del equipo hará lo mismo.

Y es que en situaciones de depresión colectiva y de crisis, el liderazgo, donde sea que lo reconozcamos (en nuestro jefe, en nuestro equipo, o en nosotros mismos, aunque nos cueste encontrarlo), es lo único que nos puede motivar a salir de nuestra “zona de confort”, de nuestro entorno predecible y conocido donde andamos despistados, sin esperanzas y sin rumbo fijo, y guiarnos por el camino por el que lograremos crecer interiormente, contagiándonos del optimismo que necesitamos para salir adelante, sintiéndonos por fin realizados y más a gusto con nosotros mismos (que buena falta nos hace…).

 

Suerte y Salud!


Innovar en el sector de la construcción… difícil, pero posible



Relación entre innovación y sociedad

Innovar es mejorar, es buscar soluciones a nuevas exigencias, es una inquietud inherente al ser humano.

En el sector de la construcción, igual que en el resto de ámbitos empresariales, la innovación se produce gracias al imparable desarrollo de nuestra sociedad. Es una especie de ecosistema que se retroalimenta: la ambición continua por mejorar tiene una repercusión directa sobre el bienestar y la seguridad de la sociedad, y la sociedad, al desarrollarse y beneficiarse de ello, se preocupa cada vez más de que todos sus mecanismos sean más eficientes, fomentando y premiando la innovación. La evolución de la sociedad en general y de la construcción en particular es una realidad, y la innovación, su origen o una de sus consecuencias.

Con los nuevos productos y las nuevas formas de construir se dan respuestas a nuevos requisitos (mayores exigencias de calidad, mayor confort, etc), pero también se hacen propuestas que modifican los hábitos mismos de la sociedad.

En este proceso social que es la innovación, están implicados todos los agentes del sector, fabricantes, empresas constructoras, ingenierías, técnicos, etc, pero su éxito viene determinado por las políticas específicas de Gobiernos y Administraciones Públicas, que desde su posición pueden y deben fomentar la innovación: la innovación requiere investigación, y se necesitan agentes que evalúen la innovación, para que la innovación se desarrolle, y para garantizar los productos y procedimientos constructivos innovadores.

Por eso, evaluar la innovación, investigar de manera científica sobre los materiales, se ha convertido en una necesidad para el desarrollo no sólo de la construcción, sino también de la sociedad misma.

 

¿Cómo se innova en construcción?

Intentar entender la evolución de la innovación en el sector de la construcción, asimilándola con el sector industrial, donde las innovaciones se consolidan a gran velocidad, sería un gran error, ya que la construcción tiene una serie de peculiaridades que hacen que sea mucho más complicado que se produzcan grandes  innovaciones y que estas se apliquen y se estandaricen.

Los objetivos principales de la innovación en construcción, raramente son el descubrimiento de nuevos materiales (como fueron el hormigón armado o el acero inoxidable); ya que se utilizan productos basados en tecnologías muy antiguas, los objetivos de la innovación se centran en  la mejora de los procesos de producción o puesta en obra, cuya mejora en el tiempo exige procesos más largos que en otros sectores. Se necesitan períodos de varios años para adaptar los cambios técnicos que se van introduciendo, frente a otros sectores industriales que se actualizan más rápidamente.

Y es que aunque no pueda decirse que no exista innovación en la construcción, lo cierto es que el sector ha innovado muy poco comparado con otros sectores industriales (como el del automóvil, o el aeroespacial). El responsable de que esto sea así, es la extraordinaria fragmentación del sector. El sector de la construcción se compone de una inmensa mayoría de empresas muy pequeñas, con pocos empleados: frente a la industria, la construcción se compone de un gran número de promotores, constructores, proyectistas, fabricantes de productos, etc. Hoy en día casi todos los fabricantes, o comercializan sus productos en todo el mundo, o son pequeñas empresas que fabrican productos de uso local, pero compitiendo todos a nivel global.

A diferencia de la industria, cuyos productos se venden y compran para su empleo directo, los materiales y componentes de construcción se adquieren para integrarlos posteriormente en las obras mediante un proceso que precisa de un proyecto y una cuidadosa puesta en obra y ejecución. Son las dos fases del proceso de innovación: Creación o fabricación del producto y su introducción en el mercado, que, en construcción, finaliza con la incorporación a la obra.

El producto de construcción, frente al producto industrial:

– Está pensado para un uso muy específico, y en una obra concreta

– Precisa la puesta en obra para que pueda considerarse un producto terminado.

– Los agentes (técnicos, constructores) cambian frecuentemente en las obras.

– Debe tener una vida útil muy larga, considerando que forma parte de construcciones que son costosas y de las que, en general, se espera una larga vida útil

– Tiene un considerable impacto en el medio ambiente,

– Tiene connotaciones de responsabilidad muy altas (civil y penal).

Además, estas particularidades son aún más específicas si el producto es innovador, ya que su idoneidad de empleo y durabilidad se juzga a partir de ensayos de laboratorio y precisa avales técnicos, su utilización está condicionada a la existencia de regulaciones locales o nacionales específicas, y su puesta en obra depende siempre de instaladores cualificados, lo que dificulta en muchos casos su exportación… Innovar en construcción es una actividad compleja y no exenta de riesgos.

Aún así, el producto de construcción toma muchos de los procesos de fabricación del producto industrial, y es por eso que el término industria de la construcción, combina lo mejor de ambos sectores. La construcción no olvida la industria y así se utiliza el término construcción industrializada para definir el tipo de construcción que emplea de forma preferente los métodos industriales. Pero debe distinguirse entre industrialización de la construcción y construcción industrializada. El primero corresponde al proceso, mientras que el segundo corresponde al resultado.

 

Tipos de innovación

La innovación, además de la acción de inventar, debería ser un proceso continuo, un estado permanente de revisión del producto, de aplicación de nuevas tecnologías, de solución de problemas de mercado o de consideración de nuevas mejoras.

Se habla de tipos de innovación cuando se establecen las siguientes categorías:

· Innovaciones en los productos (desarrollo de productos con mejores prestaciones)

· Innovaciones en el proceso (mejoras de calidad, eficiencia en la puesta en obra)

· Innovaciones en el sistema de producción (mejoras de rendimientos, fabricación y puesta en obra con nuevos equipos)

· Innovaciones en el diseño (definición del modelo de cálculo, etc)

En general, las mayores innovaciones en construcción se dan con las dos primeras categorías, mientras que la innovación en los sistemas de producción para mejorar la producción se  encamina a mejoras para obtener resultados a largo plazo y la innovación en el diseño es menos frecuente. Y entre los dos primeros casos, es más corriente la innovación en el proceso, para las pequeñas y medianas empresas (PYMES), dado que el cambio es a menor escala, mientras que la innovación de productos está más al alcance de las grandes empresas. En todo caso, sea cual sea la tipología de las empresas, los empresarios, para involucrarse con éxito en innovación, deben tener conocimientos y medios, pero también resulta necesario, además, un plus de iniciativa, confianza, fe en sus propias ideas y, como no, algo de suerte…

Hay empresarios que pueden demostrar su interés por la calidad, por participar en el desarrollo de la sociedad, preocupados por el medio ambiente, etc, pero, en términos generales, el principal objetivo del fabricante es hacer negocio (ganar dinero) con la fabricación y la venta de sus productos. Y durante la venta, como en cualquier sector, tiene que hacer frente a la competencia y así, muchas veces por pura necesidad, las razones principales que mueven a la mayoría de los fabricantes a investigar se derivan de dos razones principales: Competitividad y reducción de costes.

El empresario ha de combinar conocimientos técnicos sobre el producto y su puesta en obra, conocimientos básicos y prácticos sobre los principios del negocio, capacidad económica y conocimientos sobre la industria de la construcción, con el fin de:

· Presentar innovaciones que tengan éxito.

· Comercializar el producto y los servicios que conlleva.

· Obtener financiación.

· Asegurar la permanencia y crecimiento de la empresa.

· Obtener beneficios.

Ser más competitivos o desarrollar adecuadas acciones de reducción de costes pueden realizarse tanto con acciones sobre el producto, por ejemplo, modificando la composición para mejorar o facilitar la aplicación o los rendimientos, como con acciones sobre el proceso de fabricación, por ejemplo, sustituyendo o mejorando los equipos, informatizando las tareas, o con acciones en la ejecución, por ejemplo, optimizando los procedimientos de puesta en obra; pero también con acciones, todavía no lo suficientemente frecuentes en las estructura de las empresas, como son el servicio postventa y de atención al cliente.

 

Innovar en tiempos de crisis

Los factores que más afectan al sector de la construcción y facilitan a las empresas la oportunidad de innovar, además de las nuevas tecnologías son, sobretodo, las normativas y los cambios en el mercado. La enorme influencia que tiene el sector público, al ser el Estado el que más invierte en construcción, ha provocado que tradicionalmente sea un sector muy sensible a los cambios económicos: en periodos de bonanza económica ha sido el gran beneficiado, y siempre que se ha producido una crisis económica en nuestro país, ha sido el gran perjudicado.

Es un hecho que, aunque la innovación es una ventaja para todo el sector de la construcción y para la propia sociedad, el coste que supone innovar está solamente al alcance de medianas o grandes empresas, y en situaciones de crisis económica tan brutal como la actual sólo las compañías más competitivas pueden sobrevivir, no sólo por ofrecer productos de mayor calidad, sino además porque en estas situaciones es cuando más solvencia se requiere.

El fuerte ajuste que está sufriendo el sector durante la actual crisis, debido a la gran oferta existente (empresas constructoras, ingenierías, etc) y la poca oferta de obra, tanto pública como privada, puede ser una buena excusa para buscar en alguno de los tipos de innovación que hemos comentado, el salvavidas que necesitan nuestras empresas para sobrevivir; por esa razón, históricamente, los momentos de mayor innovación en construcción coinciden precisamente con los finales de períodos de crisis económicas como la que estamos viviendo… parece que la necesidad aguza el ingenio.

 

Suerte y Salud!

 

 


Las Grandes Constructoras, cada vez menos “constructoras”

Las grandes compañías españolas, que crecieron de forma espectacular durante los años dorados de la construcción, llevan tiempo intentando quitarse de encima el estigma de “constructora”…

Hace tiempo que los grandes grupos constructores comprendieron que los ajustes que exige el cíclico negocio de su sector, cuando se produce la caída que inevitablemente sigue a los años de gran crecimiento, son demasiado crueles como para apostar todo a una sola carta (construir).

Diversificación. Esa era la solución. Y poco a poco, cada uno a su ritmo, han ido transformando su negocio original para poder seguir creciendo. Comenzaron a dedicarse a prestar servicios de todo tipo (desde suministros de energía, hasta recogida de basuras en las ciudades y gestión de residuos), y a explotar infraestructuras una vez construidas (concesiones en autopistas, gestión de aeropuertos, explotación de depuradoras, etc), viendo como esos negocios cada vez iban ganando mayor peso en sus carteras.

A continuación os muestro una tabla* donde se puede ver, tomando los datos publicados por las seis grandes empresas del sector en nuestro país, el peso del negocio “Construcción” en el total de su facturación durante los nueve primeros meses del 2.011, comparado con los importes facturados por el resto de divisiones de las citadas empresas:

FACTURACIÓN EN MILLONES DE EUROS

*Facturación en millones de euros

 

Como se puede ver, para la mayoría su facturación en construcción representa poco más de 50% del total facturado (cuando hace unos años era prácticamente el 100%), siendo ACS y Sacyr las más dependientes de la actividad “Construcción” , y resultando Ferrovial la menos “constructora”.

Este cambio ha exigido cambios profundos en las organizaciones, y éstos se han ido produciendo en todos los ámbitos de las mismas. Desde su organización, hasta su identidad corporativa.

Así, hemos visto como en los últimos años han ido modernizando (unas más que otras, todo sea dicho) su imagen corporativa, para intentar transmitir una imagen más actual, reflejando la evolución, crecimiento y diversificación de la compañía, y eso ha incluído, en muchos casos, que hayan perdido por el camino el apellido “constructora” que iba asociado al nombre de la empresa desde el principio de los tiempos, para sustituirlo por palabras como “servicios”, “infraestructuras”, etc.

Y es que ser constructor/a no está de moda. La sola mención del nombre trae a la mente conceptos como “Burbuja inmobiliaria”, “crisis”, “ERE”, “paro”, y otras lindezas por el estilo, y las compañías prefieren que se les asocie con “sostenibilidad”, “medio ambiente”, “servicios”, “energías renovables”.

Os propongo un ejercicio de agudeza visual: A ver si sois capaces de contabilizar cuántas veces aparecen las palabras “constructora” o “construcción”, en cada una de las páginas web de las seis grandes constructoras españolas:

(al final del todo… la solución)

 

 

SOLUCIÓN:  Una o ninguna…

 

Suerte y Salud!

 


CREATIVIDAD… (o cómo intentar vender pisos, cuando nadie compra pisos…)

     Estamos acostumbrados a ver impactantes anuncios en fachadas de edificios, para publicitar todo tipo de productos; la imaginación de los creativos publicitarios está sobradamente demostrada, y la eficacia y visibilidad de sus anuncios se multiplica cuando el soporte es algo tan espectacular como un edificio de varios pisos de altura en el centro de una gran ciudad.

      Pero, ¿qué pasa si lo que quieres es vender los propios pisos, pero aún no tienes ni el piso piloto construido, y tu presupuesto para publicidad es muy, muy limitado? Vender pisos en un momento como el actual se ha convertido en un verdadero reto para promotoras e inmobiliarias (incluso para los bancos), y más que nunca se hace indispensable aguzar el ingenio para intentar captar la atención de potenciales clientes…

     En estas circunstancias ganan protagonismo los creativos publicitarios y departamentos de marketing que trabajan para promotoras e inmobiliarias, que tienen que innovar para destacar su producto sobre la competencia.

      A este respecto, me ha llamado mucho la atención la iniciativa del artista Maider López, que ha representado, en el suelo de un solar de Córdoba, los planos de las futuras casas a escala real, antes de comenzar las obras del edificio.

     Esta curiosa iniciativa permite a los potenciales compradores de las viviendas recorrer sus imaginarias habitaciones y comprobar “in situ” la distribución de las mismas a escala natural, sin que el promotor tenga que gastar ni un euro en folletos, ni maquetas, ni recreaciones virtuales, ni vallas publicitarias.

 

      Original iniciativa, ¿no os parece?. Cuando todo lo demás falla, siempre nos quedará la creatividad…

     Suerte y Salud!


La facturación de las Constructoras españolas en el exterior crece un 20% en el último año

     El peso del negocio exterior en las carteras de las Empresas Constructoras españolas ha crecido durante los últimos años de manera considerable, y todo apunta a que lo va a continuar haciendo. Para tener una idea del ritmo al que está creciendo, basta quedarse con un dato: en el año 2.010 facturaron fuera de nuestras fronteras el doble que en el 2006.

     Según el estudio “Internacionalización de los Grupos Constructores”, publicado hace unos días por la consultora DBK, cuando acabe el año 2.011, la facturación del total de empresas constructoras españolas en el exterior llegará a los 34.600 M€.

     A continuación paso a detallar los datos más relevantes que aporta el estudio:

     En 2.009 el volumen facturado en el exterior fue de 25.712 M€ y en 2.010 ascendió a 28.927 M€, lo que supone crecimientos interanuales de un 12,5% y un 20% respectivamente.

     Está creciendo sobretodo el negocio de Construcción (en 2010 representó un 47% del total, y este año supondrá el 55%) mientras que el resto de actividades crece, pero a un ritmo más lento, entre las que destacan las Concesiones de infraestructuras.  (ya suponen el 17,8%  del total).

     El resto de actividades en las que el crecimiento es menor, son actividades inmobiliarias, servicios urbanos y medioambientales, y de materiales de construcción.

     El estudio prevé que en 2.012 el negocio exterior crecerá otro 15% hasta alcanzar los 39.700 M€.

     En la siguiente tabla he representado los importes facturados en el exterior, por el conjunto de las empresas constructoras españolas, agrupándolos en: “Construcción” y “Resto de actividades”, con datos hasta 2.011, y previsión para 2.012.

FACTURACIÓN EXTERIOR (MILLONES DE EUROS) 

   Por zonas geográficas, los países de la Unión Europea se llevan el 53% del negocio, y se apunta que Centroamérica y Sudamérica (21,5%) y, especialmente, Estados Unidos y Canadá (11,8%), tienden a ganar importancia.

      La imparable internacionalización del sector ha provocado que actualmente existan unos 50 grupos constructores españoles con una actividad significativa fuera del mercado nacional. De ellos, las cinco constructoras de mayor dimensión concentran más del 80% de la facturación en el exterior, y las diez primeras casi el 97%.

 .

     A modo de conclusión del análisis de esta información, destacar que aunque con menor presencia, las Compañías Medianas también se han orientado a mercados exteriores en los últimos años, y esa será la tendencia, ya que según todas las previsiones, el negocio de la construcción en nuestro país continuará descendiendo al menos durante todo el próximo año, por lo que las empresas del sector deberán seguir apostando por su desarrollo en los mercados exteriores.

     Suerte y Salud!



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