Sobre la creatividad

La creencia popular dice que la creatividad es una especie de bendición, un regalo con el que se nace, pero esto no es realmente así. La creatividad no es un don, es una CAPACIDAD  que puede ejercitarse y desarrollarse.

Es obvio que como en cualquier otra disciplina, las aptitudes de la persona influyen -y mucho- para el resultado final, pero eso no quita que todos nosotros, independientemente de lo “creativos” que seamos, podamos mejorar en este aspecto. Claro que se puede. Sólo que para ello hay que ser proactivos, esto es: querer hacerlo. Querer mejorar la capacidad creativa, dentro nuestras posibilidades.

Así que lo primero que deberemos tener desde el primer momento será una actitud favorable, y ser conscientes que la mejora de esta capacidad sólo puede obtenerse, como en cualquier otro campo, con CONSTANCIA, PACIENCIA Y DEDICACIÓN, ya que la evolución -también como en cualquier otro campo- no se produce de forma inmediata, sino poco a poco.

Para mejorar nuestra creatividad podemos hacer muchas cosas, empezando por realizar un sencillo ejercicio:

Según Alejandro Jodorowsky “En el momento que hacemos algo que nunca hemos hecho antes, ya estamos en el camino de la sanación. Vivimos con círculos viciosos de hábitos. Tenemos hábitos mentales, hábitos emocionales, hábitos sexuales y hábitos corporales. Cuando rompemos los hábitos, aparece una nueva dimensión de nosotros mismos, porque en el fondo, somos tan infinitos como el universo. Pero la familia, la sociedad, la cultura, nos ponen en un molde. Cuando nos salimos del molde, empieza la curación. Para sanar, hay que hacer algo que no hayamos hecho antes y mientras más difícil mejor.”

Por ello, un ejercicio muy útil para evitar estos “vicios” es, por ejemplo, cambiar el camino habitual para ir al trabajo, o a cualquier otro sitio al que te dirijas con frecuencia, y para lo que -corrígeme si me equivoco- simpre sigues el mismo itinerario.

El objetivo de este ejercicio es salir de la rutina y de nuestra zona de confort, ya que ello nos brinda la oportunidad de descubrir facultades, intereses, gustos, o aspectos que desconocemos de nosotros mismos y/o de las personas que nos rodean, y por lo tanto nos enriquece.

Otro ejercicio consiste en tratar de percibir un ambiente (un lugar, un espacio….) que para nosotros sea familiar, de manera diferente a como lo hacemos habitualmente. Para ello deberemos poner los cinco sentidos en apreciar aspectos que nunca consideramos, es decir, hacer lo que comúnmente llamamos “mirar algo con otros ojos”. Se trata de despertar y hacer más profundas las sensaciones propias de los sentidos. De esta manera, es casi seguro que  descubiremos algo de lo que no nos habíamos percatado antes, fomentando así nuestra “capacidad para el asombro”, de lo que hablaremos otro día.

 

“Sorprenderse, extrañarse, es empezar a aprender”   Ortega y Gasset

 

 


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