Forma y Percepción.

FORMA Y PERCEPCIÓN.

La forma es el aspecto visual de los objetos definidos por su estructura, contorno o los elementos de configuración. La representación de la forma es lo que denominamos imágen. Forma e imagen son dos conceptos muy ligados, aunque, conceptual­mente distintos.

La representación de las formas se produce gracias al proceso de percepción de estas. Este proceso es complejo y la percepción de un individudo es siempre subjetiva, selectiva y temporal y  está determinada por un proceso con su pertinente orden:Estímulo, selección, organización, interpretación y representación. Además está condicionada por tres factores fundamentales sin los cuales no se llevaría a cabo una correcta percepción, estos factores son: la luz, la vista y cerebro y la experiencia.

La luz

La luz es la energía básica y esencial de toda existencia orgánica. Sin luz el proceso de percepción no se puede llevar acabo.

 

 

Nuestra orientación espacial y en un sentido más genérico, el modo en el que nos relacionamos con nuestro entorno consiste en una medida impor­tante en la adaptación del individuo a las energías solares condensadas en la naturaleza.

La experimentación de la luz presenta de este modo una importancia determinante en el desarrollo vital de los organismos vivos, adquiriendo un sentido simbólico esencialmente positivo.

Nos encontramos por tanto ante un elemento de naturaleza extremada­mente compleja, que desempeña un papel de primer orden en la determi­nación del sentido espacial y formal de nuestra experiencia visual, al mis­mo tiempo que asume una gran riqueza expresiva capaz de alterar los aspectos estrictamente formales para derivar hacia otros de sentido sim­bólico y conceptual.

La luz es ante todo, un fenómeno físico complejo y por consiguiente sometido a una serie de leyes que determinan su naturaleza y compor­tamiento. Así, el análisis de su com­posición, del modo en que se trans­mite y de sus propiedades físicas, resulta esencial para poder realizar una aproximación coherente a su sentido como elemento dotado de significado plástico.

Algo similar ocurre respecto de aquellos aspectos que determinan nuestra experiencia acerca de la luz, ya que son estos los que ejercien­do una labor de filtro, determinan la naturaleza concreta de sus aplica­ciones formales. Parece por tanto imprescindible un breve análisis de estos aspectos, como referencia para el posterior desarrollo de su aplica­ción a la definición de la estructura formal de los objetos y del espacio que los contiene.

Lo que en realidad interpretamos como forma y espacio es únicamente el modo en el que la luz es modula­da por el medio en el que se trans­mite. Los modos sensoriales de re­gistro de la luz y nuestras sensa­ciones perceptivas se convierten de este modo en los medios para el ordenamiento espacial de objetos y acontecimientos.

Sin embargo, las circunstancias en que percibimos la luz no son siem­pre iguales. La luz puede ser perci­bida directamente como una fuente luminosa, como ocurre con el sol, el fuego o la luz eléctrica. En estos casos la luz únicamente es matiza­da por su propia coloración e inten­sidad. Pero nuestra observación de la luz también puede darse en aque­llas situaciones en las que ésta es reflejada por los objetos. En este caso, la luz aparece modulada en una escala submicroscópica y la per­cibimos como un valor tonal intrín­seco y constante. El blanco de una hoja de papel o el negro de la tinta, son así, el resultado de la modula­ción de la luz por la estructura sub­microscópica de las respectivas sus­tancias. Sin embargo, en nuestra ex­periencia perceptiva, la luz suele aparecer modulada en una escala más amplia, que surge cuando ésta incide sobre la extensión tridimen­sional de los objetos. En este tipo de situaciones, el contraste entre lu­ces y sombras y los distintos gra­dientes lumínicos que adquieren las superficies de los objetos al incidir la luz sobre ellos, contribuye a la definición espacial de su forma y estructura.

La vista y el cerebro

La percepción visual es la sensación interior que resulta de un estímulo luminoso registrado en nuestros ojos y transmitido al cerebro.
La Psicología de la imagen es la ciencia que estudia los procesos psicológicos implicados en producción, uso y percepción de las imágenes. Muchas corrientes estudian este fenómeno pero la más importante es la teoría alemana de la Gestalt. Las Leyes perceptivas de la gestalt intentan explicar como agrupamos los diferentes estímulos visuales a nivel cortical.
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El proceso de percepción comienza ante un estímulo y la llegada de la luz a nuestro ojo,por mediación de la cornea llega al humor acuoso donde se produce una refracción, penetra en el cristalino a través de la pupíla y pasando por el humor vítreo llega a la retina.
La retina, es una membrana muy delgada, que se extiende so­bre el coroides del ojo y que esta compuesta por diez estratos dife­rentes, lo primero que nos encontramos son las células ganglionares (que no reaccionan directamente a la luz), después las células bipolares (que tampoco son sensibles a la luz) y, más atrás, los fotorreceptores (conos y bastones), los cuales traducen la energía lumínica en impulsos bioeléctricos. Estos impulsos (una determinada tasa de impulsos) son transmitidos a las células bipolares y de éstas a las células ganglionares, cuyos axones se reúnen para formar el Nervio óptico, el cual escapa del globo ocular por el Punto ciego (lugar en el que al proyectarse un pequeño estímulo no es visible, aunque se rellena el vacío visual). Tampoco debe olvidarse que las células verticales de la retina se hallan interconexionadas lateralmente, mediante las células horizontales y las amacrinas. En el Nervio óptico de cada ojo, como se dijo, se hallan separadas las fibras correspondientes a las hemirretinas nasal y temporal. Cada uno de los dos nervios ópticos (seccionados en dos haces de fibras) llega hasta el Quiasma óptico, lugar donde se encuentran los Nervios ópticos de los dos ojos y se escinden las fibras correspondientes a las porciones de las hemirretinas nasal (interior) y temporal (exterior) de cada retina. Aquí (Quiasma óptico), las fibras temporales no se cruzan de hemisfero cerebral, mientras que las fibras nasales sí. De este modo, cada hemisferio cerebral poseerá información visual de los dos ojos (derecho e izquierdo). En consecuencia, las fibras de la porción izquierda de las dos retinas (una del ojo derecho y otra del izquierdo) se dirigen hacia el NGL izquierdo del Tálamo, en tanto que las fibras de la parte derecha de las dos retinas van hacia el NGL derecho del Tálamo.

Debemos añadir aquí, que antes de llegar las fibras a los NGL’s respectivos, se bifurcan parte de estas fibras (otro haz), para contactar con, otro núcleo del Talamo los colículos superiores (izquierdo y derecho), cuya función es la de guiar la atención visual y dirigir los movimientos oculares.

En el NGL terminan los axones de las células ganglionares de la retina (fin del Tracto óptico) y en dicho NGL comienzan un segundo grupo de neuronas, que forman las ya conocidas Radiaciones ópticas (o fibras de proyección óptica), las cuales conducirán el impulso nervioso hasta: El área visual primaria o córtex estriado (área 17 de Brodman).


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