LOS CONSEJOS DE FAMILIA ANTE LOS CONFLICTOS

La familia empresaria tiene la responsabilidad ética de no acabar con la empresa de forma dramática por no haber sabido gestionar eficazmente el ámbito familiar; y es que detrás de una empresa fracasada siempre hay una familia no profesionalizada. Por tanto, una familia empresaria responsable debe crear en el ámbito familiar el órgano de gobierno que posibilite unas buenas relaciones internas y como consecuencia la continuidad de la empresa familiar. Este órgano es el Consejo de Familia, cuyo objetivo es la profesionalización de la familia a través de una formalización y documentación de sus relaciones intrafamiliares.

Una familia empresaria madura lo es porque tiene como presunción básica que con el tiempo es inevitable que surjan conflictos, divergencias de intereses y diferencias de criterios entre los distintos miembros familiares. Este pensamiento y actitud ante la vida no es fatalista, es realista. Lo que no es realista es pensar que los conflictos al igual que llegan se van.

Una familia sana, sabe que la clave para su continuidad como tal empresa familiar está en saber prevenir conflictos y en prever modelos para un abordaje racional de los mismos. Esta es la diferencia entre las empresas familiares que tienen éxito y las que fracasan:

Madurez Familiar: presunciones básicas

Las familias sanas saben que hay una serie de conflictos que inevitablemente van a surgir y quieren estar preparados para ello. Saben, por ejemplo, que van a surgir conflictos entre padres e hijos; que surgirán entre hermanos y/o primos; incluso entre generaciones (sobre todo en la 2ª transición). Ello no es bueno ni malo, simplemente es inevitable. En todo caso lo bueno o lo malo será los modelos con los que se afrontan los conflictos, no los conflictos en sí. A las buenas familias empresarias les pasa lo mismo que les pasa a las buenas parejas, que pasan por muchos conflictos, pero los resuelven. A las malas parejas solo les pasa un conflicto y con él desaparecen como tal pareja. Este es el gran secreto a voces de las familias empresarias sanas: que aprenden a resolver conflictos.

El conflicto es consustancial a las relaciones prolongadas de interacción humana. Lo que hay que saber es gestionarlo dentro del ámbito y coordenadas en las que se genera. En este caso dicho ámbito es el familiar y sus coordenadas están conformadas por el par intereses-afectos.

Es ahora momento de recordar la famosa sapienza latina de “corruptio meliora, pésima”, es decir, cuando las cosas mejores se corrompen (por ejemplo, el afecto entre hermanos), son las peores. En muchas familias empresarias se parte de una verdad errónea: a mayor nivel afectivo, los intereses son más secundarios. La realidad suele ser muy otra: a mayor interacción afectos-intereses, mayor debe ser la previsión de conflictos y su forma de gestionar ambas coordenadas.

En las familia el amor “existe per se” cuando no hay intereses, pero “persiste per se” cuando habiendo intereses, ambos son bien gestionados. Traduciendo a la realidad de las familias empresarias, a los hijos les queremos por lo que son (per se), no por lo que nos dan; pero los hermanos continúan con su afectividad (persisten en su amor) cuando hay acuerdo en el tratamiento de sus intereses recíprocos, de lo contrario suelen romperse (incluso corromperse) dichas relaciones afectivas. De ahí que sea tan importante la buena previsión del ámbito familiar, es decir, de sus coordenadas intereses-afectos.


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