¿Hasta dónde es gestionable la empresa abierta?

reglaHubo un tiempo en que aprendimos cómo había que gestionar una empresa. En mi caso recuerdo un manual que me pusieron delante allá por el último año de carrera. Estaba estudiando «Psicología de las organizaciones» -hay que ver qué nombres nos inventábamos- y nos ofrecieron como libro de referencia para la asignatura un buen tocho: Administración contemporánea, de un tal David R. Hampton. Sí, ya sé que me pongo un poco nostálgico. Aquel libro cayó en mis manos en 1988 aunque estaba escrito originalmente en 1977.

Entonces, como digo, había una maneras que eran las correctas. Administración, gestión o management, llámalo como quieras, pero aquello eran cuatro asuntos: planificar, organizar, dirigir y controlar. Fin de la película.

Hoy todo aquello se ha derrumbado en gran parte. Me viene a la cabeza una reflexión que Alfonso Vázquez, de Hobest Consultores, hacía no hace mucho sobre que hay empresas en las que cuando «gente normal» se pone a gestionar acaban llegando resultados. En vez de aplicar lo aprendido en no sé qué escuela de negocios se actúa con sentido común. Él comentaba el caso de Mol-Matric en un artículo que titulaba Cómo actuar en tiempos de crisis (II). De empleados a productores.

Por eso una de las máximas que creo que aplica en la gestión de la empresa abierta es esa de que «algo no se estropea hasta que no lo creas«. ¿Deberíamos eliminar capas de gestión y dejar que todo fluyera de forma más natural? ¿No habremos complicado la gestión de la mano de tanto consultor, tanta escuela de negocios y tanto poner en valor este tipo de actividades en vez del trabajo técnico?

Hay una frontera que una vez cruzada parece que te adentra en el territorio de la sabiduría del management. Las baldas de las librerías de aeropuerto necesitan carnaza de consumo fácil. La literatura de gestión crece y crece para ofrecer pistas sobre cómo gestionar todo: tu empresa, tu equipo, tu vida. Todo un modelo analítico que hasta incorpora la inteligencia emocional, esa otra capa de gestión con la que gobernar nuestra existencia.

¿Nos estamos pasando de frenada al hablar tanto de gestión? ¿Es un pequeño monstruo que se alimenta de nuestra necesidad de seguir hablando de lo mismo todo el tiempo? ¿Más de lo mismo?


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