El descubrimiento de Emprender

por Coworking Andalucía on 7 junio, 2017

Estoy totalmente segura de no ser la única persona que ha experimentado esa horrible sensación de abatimiento justo después de acabar los estudios universitarios. Os quiero contar la historia de cómo decidí empezar el camino del emprendimiento.

Desde pequeña se me ha dado bien estudiar, así que no recuerdo ningún momento de mi vida en el que dudara empezar una carrera universitaria; lo que si recuerdo es la duda por elegir cual. No sé si atribuir la causa a la mala información que dan los institutos, a la falta de interés por guiar a los alumnos, o simplemente a la mezcla de hormonas que tienes entre los 16 y 18 años cruciales para tomar las decisiones que sentaran el resto de nuestra vida. Mi elección fue relativamente sencilla, siempre he estado enamorada de la DERECHO, o al menos de mi forma de verlo.

 

Coworking Sevilla Tiffany de la Torre

Aun con la suerte de haber nacido en una familia acomodada, tengo que agradecer a mis padres que me inculcaran desde muy pequeña la importancia de saber lo que cuesta ganar dinero. Cuando cumplí los quince años empecé a desarrollar los típicos trabajos de adolescente de serie americana (niñera, profesora particular, camarera, azafata,…). Recién cumplido los 18, tuve la gran suerte de comenzar a trabajar (aunque por temporada) para una gran empresa. Y años después, viendo como la mayor parte de mi familia ocupaba cargos de relativa importancia en empresas más importantes aún, supuse que saldría de la carrera lista para ser una más de ellos.

Y choqué de bruces con la realidad, España en crisis y nadie contrata. No es nada nuevo, o se exige cinco idiomas y una experiencia de seis años en una especialidad clave, o estás sobrecualificada; o lo que es peor te ofrecen unas condiciones que rozan la ya abolida esclavitud.

Así que, si no encuentras trabajo, ¿Cuál es la única opción? Opositar. No hubo nadie que me desalentara; ni nadie que no me recordara lo bien que vive todo funcionario. Y no dudo que sea cierto, pero sí que sea la idea del millón. Si no hay trabajo ¿Qué hace todo el mundo? Estudiar, convirtiéndose cualquier oposición en eterna. Aquí, empecé a sentirme tan desorientada que solo me quedó continuar con el camino que todo el mundo me recomendaba, una vez más, y volver a formarme haciendo un máster.

Lo peor, sin duda, vino al acabarlo y darme cuenta que después no se ya cuántos años de estudios, las ofertas de trabajo que me llegaban no se distanciaban demasiado de mi primer trabajo con quince años. Creo que no resultará muy complicado imaginar cómo me sentí en ese momento.

Pero cuando una puerta se cierra, una ventana se abre. En septiembre del año pasado, me llamaron para comenzar un curso de la EOI y la Universidad de Sevilla, “iniciativa al emprendimiento”. Siendo sincera, ni siquiera fui yo la que lo busqué; me inscribió alguien que me conocía mejor que yo. Así que decidí darle una nueva oportunidad a mi carrera y dejé el trabajo de camarera que me acababa de buscar mientras decidía que hacer con mi vida.

Recuerdo aquellos primeros días en que salía de clase con dolor de cabeza de la cantidad de información que estaba intentando asimilar. Y no por complejidad, sino porque por primera vez empezaba a sentirme a gusto con las ideas que me aportaban, y quería exprimir hasta la última palabra.

Pasó la primera semana y tuve la primera reunión con mi “mentor, tutor o coach” (palabras que hasta ese momento no había escuchado nunca). Llegue con la cabeza llena de mil ideas distintas, inconexas y una vez más, perdidas en un mar de dudas. Esa noche no dormí, me la pasé en vela buscando en internet en qué dirección iba encaminado el sector jurídico. Después de varios días, sembramos la semilla de eDefense, que poco tiene que ver con ahora y menos tendrá que ver dentro de unos años.

Aparte de la increíble formación que recibí, por fin me sentí escuchada y ayudada de verdad. Y es que, solo con mandar un email que sabes a alguien que sabes que será respondido con ayuda, basta para darte cuenta del valor que tiene que haya personas dispuestas a implicarse de verdad.

Justo después, tuve la increíble suerte de ser aceptada en el COWORKING EOI. Casi seis meses sintiéndote parte de un gigantesco equipo dedicado a impulsar tu idea de negocio.

No puedo decir que haya sido un camino de rosas, es más me atrevo a reconocer públicamente que en muchas situaciones me veía, y me veo, desbordada, pequeña; pero lo que sí puedo afirmar es que ha sido la “aventura” más bonita de mí ya no tan corta vida.

Para alguien recién aterrizada de clases de universidad en el que el catedrático de turno ni siquiera consigue aprenderse tu nombre en un año, el hecho de que no haya habido ningún profesor de taller, mentor o tutor especializado que no haya dudado en facilitarnos sus contactos personales para ayudar a cada uno de los proyectos, me parece increíble.

Ya no es tener la oportunidad de desarrollar mi propio negocio, de una manera que sin la ayuda de la EOI para mí hubiera sido del todo imposible, es la de conocer y trabajar de la mano de otros proyectos y gente maravillosa, nutriéndote y haciendo tuyos los aciertos y errores de todos.

Una de las preguntas de la entrevista para entrar en el programa fue algo parecido a ¿Qué esperaba de la EOI? Y no recuerdo lo que contesté, pero desde luego se ha quedado corto con lo que he recibido.

Sé que me he extendido demasiado y que un post no debe detener más de nosecuantos caracteres para que no sea difícil de leer, pero necesitaba cada una de las palabras que he usado para expresar que, por primera vez en mi vida, me siento plenamente satisfecha en el terreno profesional y no podría haber sido sin ayuda de cada una de las personas que he tenido el lujo de conocer en la escuela.

Y ya por quiero agradecer en especial a dos personas:

  • Félix León (mi mentor): por hacer fácil lo que me parecía inalcanzable.
  • Luis Conde (mentor residente): por ser mi guía.

Tiffany de la Torre García

 

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