Movilidad y gestión socialmente responsable

La movilidad es hoy uno de los principales temas de las agendas urbanas. El acelerado proceso de crecimiento demográfico aunado a la tendencia de extensión y dilatación de las ciudades, acrecienta el reto de crear un sistema sostenible de movilidad.

Afrontar este gran reto requiere, además de una sólida institucionalidad pública, de la proactiva participación de todos los ciudadanos, entiéndase por estos los de a pie y los corporativos. No sobra decir que la construcción de ciudad –democrática- es una tarea compleja en la que todos los que hacemos parte de ella tenemos responsabilidad. La movilidad, entendida como aspecto sustancial de la misma, no escapa a tal tarea.

Ahora bien, ¿hasta qué punto las empresas pueden incidir y actuar al respecto? Más de lo que se suele creer. El llamado a una gestión más eficiente, principio rector de la actuación empresarial, se convierte en el punto de partida para abordar el tema. Las medidas de eco-eficiencia pueden comprender aspectos de la gestión administrativa, recursos humanos, medioambiental, todas ellas con implicaciones financieras. Las iniciativas comprenden desde los criterios de proximidad y conectividad que podrían incidir en la ubicación misma de la empresa, hasta mecanismos de trabajo flexible que disminuirían el número de desplazamientos de los empleados. Una de las medidas que mas me han llamado la atención, ha sido la política de reubicación de empleados (mayormente comerciales) de las oficinas de un banco, de acuerdo a criterios de cercanía del lugar de vivienda. El impacto de estas iniciativas redunda en mejoras de la calidad de vida de los empleados y en aumentos de la productividad, lo cual, como es evidente, supone mejoras en la eficiencia de la compañía.

Asimismo, desde la perspectiva medioambiental, los efectos en reducción de emisiones son un más motivo para adoptar medidas más eficientes. Por ejemplo, la priorización de desplazamientos (intra-urbanos y viejas de negocios) haciendo uso de las tecnologías disponibles (videoconferencias), así como la adopción de mecanismos car-sharing (idealmente con vehículos más limpios), son algunas de las iniciativas pioneras.

El sector privado está, igualmente, llamado a participar activamente en el debate y diseño de políticas públicas entorno a la mejora de la movilidad en las ciudades siempre con el horizonte y la base del bien común. Más aun, aquellas cuyos negocios tienen incidencia en el sector transporte. El reto acá trasciende la mera incidencia; apunta a la ética y al primacía del interés público, de la sociedad de hoy y de mañana.

Existen diversos mecanismos para medir, gestionar, analizar e incluso reportar estas iniciativas, que en la mayoría de los casos hacen parte de las estrategias de responsabilidad corporativa. Sin entrar en el debate que esto pueda suscitar, es vital contar con unavisión estratégica (por lo general a largo plazo), que trasciende la mera reputación, alimentada con acciones concretas en el corto plazo.

El Global Reporting Initiative provee herramientas (guías) para la misma decisión de materialidad sobre la posibles estrategias de movilidad que una empresa puede adoptar. Igualmente, aunque no existen indicadores concretos en el tema, debido a la complejidad e interrelación que éste tiene con otros aspectos, es posible adoptar indicadores “primos” que permiten comprender y analizar el avance (o incluso necesidad) de tales medidas.

Por ejemplo, cabe resaltar entre los indicadores de desempeño ambiental los referentes a los materiales utilizados que soportan la actividad, incluyendo combustible (EN2), al ahorro de energía debido a la conservación y mejoras en la eficiencia (EN5), a iniciativas para reducir el consumo indirecto de energía (EN7); y a iniciativas y mediciones en la reducción de gases de efecto invernadero por tipo de fuente(EN16 y EN18). También, y de manera más específica, existe un indicador relativo al impacto ambiental más significativo del transporte de productos / personas así como las actividades para mitigarlos (EN29).

Igualmente están todos los indicadores referentes a los beneficios otorgados a los empleados en pro de mejorar su calidad de vida (LA3), así como los relacionados con salud ocupacional y prevención de riesgos (LA6), aspecto clave de incidencia de mejoras en la movilidad (menores riesgos, menos enfermedad por stress, etc.)

El Global Compact, mediante la Comunicación de Progreso de los diez principios que todas las empresas signatarias deben cumplir y reportar, incluye iniciativas a favor del medio ambiente (desde preventivas hasta nuevas tecnologías). Todas éstas pueden tener una lectura desde la perspectiva de la movilidad (ver principios 7,8 y9)

Llámese como se llame como dentro de las empresas, la implicación en temas de movilidad hace parte de la responsabilidad en la gestión propia de los negocios y su base para desarrollarse. Y más aún, pueden contribuir no solo a mejorar problemas concretos que los empleados pueden tener entorno a sus desplazamientos, sino y sobre todo, en la creación de incentivos para cambiar usos y hábitos en los consumidores. Este es un paso necesario para la construcción de ciudad, hábitat del 80% de la población mundial.

Referencias:
Global Reporting Initiative, G3.1 Guidelines. https://www.globalreporting.org/Pages/default.aspx
Pacto Global de las Naciones Unidas. http://www.unglobalcompact.org/languages/spanish/los_diez_principios.html


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