Ramón Lobo: “En un conflicto, si vas desde los prejuicios, desde el primermundismo, no vas a ver muchas historias”

Otro oficio en el que la zona de confort suele brillar por su ausencia es el reporterismo de guerra. Periodistas que muchas veces se juegan la vida y se adentran en un conflicto hasta lo más profundo para dar a conocer o, al menos acercar a los ciudadanos, realidades tan duras como las que actualmente se viven en lugares tan lejanos en un mapa como Siria, Palestina o Iraq. Y si hoy en día hay un referente para los corresponsales de guerra españoles, ése podría ser Ramón Lobo. Habló, entre otros asuntos, de cómo convivir con el miedo y de la la vuelta a nuestro área de seguridad, en el curso organizado por EOI en la Universidad Menéndez Pelayo (UIMP) de Santander bajo el título “Aprende a salir de tu zona de confort”.

¿El periodista de guerra tiene alguna zona de confort mientras está cubriendo un conflicto?

Sí, en el momento en que has mandado la crónica ya te quitas el peso de encima y sí, hay momentos de relajación en donde estás con los amigos, te diviertes, cuentas historias y preparas las historias del día siguiente.

Pero también hay muchos casos en los que ni en el hotel hay relajación y puedes estar mandando la crónica desde tu habitación mientras, por ejemplo, te está apuntando un francotirador…

Sí, a veces estás en hoteles, a veces estás en casas, a veces estás en misiones con Los Padres Blancos en Libia… Un poco tu trabajo es mandar la crónica, entonces todo está enfocado a esto, entonces cuando tú ya has conseguido terminarla es como si hubieras cumplido tu misión. Naturalmente compartes el peligro que pueda tener el resto de la gente… Tú estás sometido al mismo peligro de los demás y si vas por la calle te pueden disparar o matar igual que a los demás, pero tú te acabas metiendo en esa historia, pero tu tensión diaria es encontrar historias que merezcan la pena ser contadas, escribirlas bien y mandarlas.

¿Cómo se supera el miedo cuando convives con el peligro?

Asumiendo que lo tienes cuando te llega… y tratar de mantener la cabeza porque muchas veces si corres en dirección contraria pues te equivocas. A mí me pasó una vez en Haití que estaba disparando todo el mundo, estaba con Maruja Torres, entonces ella cruzó, se metió en el coche, arrancó y dije “bueno, supongo que me esperarán”. Yo me quedé quieto en una columna y entonces me dijo un haitiano “move, move, move!” y pensé espérate, primero tengo que saber quién dispara y en qué dirección para saber hacia dónde tengo que correr. Cuando me di cuenta quiénes estaban disparando y en qué dirección, corrí en la contraria… Si no, corres hacia ellos y cometes un error.

Has comparado al reportero de guerra con un actor, en el sentido de que tienes que estar vacío…

Tienes que estar vacío de tus prejuicios, de ti. Es decir, tú a lo que vas ahí es a escuchar las historias de los demás, tú lo que tienes que contar en tus crónicas son las historias de los demás, no tienes que contar cómo estás tú. Si te han disparado o no te han disparado no le interesa al lector. Al lector le interesa lo que le está pasando a la gente pero si vas desde los prejuicios, desde el ‘primermundismo’, no vas a ver muchas historias. En cambio, si consigues vaciarte, pues podrás llenarte de esas historias.

Es un poco como el actor, evidentemente si tienes una formación es mejor, pero si a veces tienes demasiada formación tú ves al personaje que vas a interpretar desde un elemento mental… Tu interpretación puede ser fantástica pero será fría. Pero si eres capaz de vaciarte de ti y entrar desde las emociones en el personaje, tú consigues transmitir emoción. Un poco también el trabajo del periodista creo que es transmitir emoción, pero no la tuya, sino la de ellos.

Empatía pero distancia…

Total, la empatía es fundamental. Si no tienes empatía dedícate a otra cosa.

Y has hablado de la vuelta, que lleva tiempo asimilarlo todo, como cualquier experiencia fuerte

Sí, depende de los viajes. Hay viajes que se procesan fácilmente, hay otros que se procesan de forma más difícil y hay otros que no se terminan de procesar nunca.

¿Tienes alguno de estos últimos?

Han pasado ya muchos años, hay historias que duelen, sobre todo en los Balcanes. Gente que me hubiera gustado que hubiera sobrevivido… Y después están las historias de los amigos a los que matan. Parte de los distintos periodistas españoles que han matado, de ellos, tres eran muy amigos: Julio Fuentes, Miguel Gil y Ricardo Ortega. Entonces sí, tienes la ausencia muy presente.


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