“No hay resultados financieros positivos si no vienen avalados por resultados medioambientales y sociales positivos”

Los negocios deben ser una palanca de cambio y progreso social, generadora de valor para la sociedad, respetuosa con el entorno, el medioambiente y los recursos no renovables, propiciadora de innovación y empleo. Bajo esta premisa, Joaquín Rodríguez, Vicedecano de Profesorado y Organización Académica en EOI explora el desarrollo sostenible en su implicación con la economía mundial, presenta la postura de EOI sobre el mismo y termina analizando su impacto en las organizaciones y en los propios empleados. [A continuación extracto de la entrevista].

En Enero de 2011 se celebró la cumbre de DAVOS, cumbre internacional en la que todos los representantes institucionales más importantes de los países avanzados y reconocidos de la Economía Mundial se reúnen para debatir sobre los temas más transcendentales acerca del futuro de la humanidad. Ban Ki-moon, representante de las Naciones Unidas, pronunció un discurso impactante que cito literalmente, puesto que nuestros principios tienen mucho que ver con lo que Ban Ki-moon planteaba. 

“Aquí en DAVOS, en la unión de los fuertes y poderosos, representados por algunos países clave, podría sonar extraño hablar de revolución. Pero eso es lo que necesitamos ahora, pensamiento revolucionario, acción revolucionaria. Una revolución del mercado libre para la sostenibilidad global. Es fácil hablar de desarrollo sostenible pero para hacer que suceda debemos estar preparados para afrontar grandes cambios: en nuestros estilos de vida, en nuestros modelos económicos, en nuestra organización social  y en nuestra vida política”

Esto es lo que dijo Ban Ki-moon, no lo dijo ninguna ONG alternativa, es el Director General de las Naciones Unidas. A continuación, un presidente de un Gobierno de signo conservador, NIcolas Sarkozy, decía lo que teníamos que hacer para cambiar ese mundo:

“No cambiaremos nuestros comportamientos a menos que cambiemos la manera en que medimos nuestros resultados económicos, porque resulta inconcebible que sigamos, por ejemplo, midiendo nuestro progreso económico por indicadores como el PIB y no tengamos en cuenta lo que consumimos y distribuimos cuando producimos bienes y servicios”

Bueno, me valgo de esos antecedentes porque nosotros modestamente, como pequeña o mediana Escuela de Negocios pretendemos hacer nuestros esos principios fundamentales.

Aunque antes de hablar de estos principios quiero comentar una cosa.  Hace un par de semanas leí un artículo del catedrático de Política Económica de la Universidad de Barcelona y articulista, Antón Costas, en el que decía, y me sentí muy aludido, que las Escuelas de Negocios y las Facultades de Económicas de nuestro país y en general de todo el ámbito occidental habían pecado de dos cosas casi imperdonables: “de soberbia analítica – en la línea de lo que decía Sarkozy- y de bancarrota moral”, es decir, no habíamos sido capaces de comprender que el tipo de crecimiento que estábamos propiciando no era el que necesitábamos.

Dicho lo cual y contextualizando nuestro compromiso, hemos intentado pensar qué tipo de Economía necesitamos para el futuro y qué tipo de profesionales debemos formar en nuestro ámbito educativo. El primer principio de nuestro compromiso, que es una especie de declaración de honor, de Juramento Hipocrático dice eso:

“Nuestra escuela pretende contribuir a la creación del desarrollo sostenible generando de manera simultánea e indisociable: valor para la economía, el medioambiente y la sociedad”

Es decir, creemos que no es sostenible seguir pensando que se puede crear desarrollo económico sin tener en cuenta de manera simultánea e indisociable los otros dos vectores. Por tanto, el tipo de formación que nosotros propiciamos es la que persigue estos tres principios fundamentales. Para lo cual, de manera transversal, y en todos nuestros curriculums, pretendemos introducir de manera sistemática estos principios fundamentales. Pero vamos más allá, este compromiso liga a los colectivos representados en nuestra Escuela: alumnos, empleados, profesores, pero de aquí se han derivado al menos dos documentos adicionales. Nosotros tenemos la suerte de contar con consejos consultivos por áreas, representados por grandes empresas de la industria española, y a esos consejos consultivos se les ha invitado a firmar un documento, llamado El principio de los líderes empresariales, que es una versión parecida a nuestro compromiso para que las empresas que están en la órbita de nuestra Escuela también sean agentes del cambio que propicien este nuevo tipo de Economía.

Y yendo más allá, en círculos concéntricos en los que la Escuela sería el epicentro -así al menos queremos percibirnos nosotros- hemos creado otro documento, invitando a todas las Escuelas de Negocios de las asociaciones que formamos parte, a que reconozcan, en una serie de principios parecidos al de nuestro compromiso, que las Escuelas de Negocios, si alguna vez propiciaron esa bancarrota moral que decía Costas, ahora sean quienes la resuelvan. Que sean capaces de transmitir nuevos principios, nuevos valores a través de una educación que llegue a nuestros alumnos que serán los profesionales que mañana tendrán que aplicarlo y transmitirlo en sus ámbitos empresariales.

He querido ir de lo más general a lo más particular porque el debate mundial está en esto y he empezado por el Secretario General de la ONU porque me parece el representante global de hacia dónde van las cosas.

Características del empleado del futuro. Un empleado debe ser absolutamente consciente de que los resultados de su trabajo deben comprender tres valores fundamentales indisociables. No hay resultados financieros positivos si no vienen avalados por resultados medioambientales y sociales positivos. Son cuestiones totalmente indisociables.  

Por tanto, cualquier empleado debe interiorizar esos principios éticos y morales fundamentales que nos lleven a desarrollar nuevos modelos de negocio capaces de implicar de manera indisociable estos tres principios fundamentales.

Más allá de eso, como herramientas de trabajo cotidiano, tendríamos que concienciarnos de la importancia de la colaboración en plataformas abiertas con todos los agentes que tengan algo que decir y que aportar en el ámbito de desarrollo de nuestro trabajo. Estamos acostumbrados, especialmente en un país como el nuestro, a  hacer del secretismo y de la no participación, un valor fundamental.

Sin embargo, las herramientas digitales, nos han abierto multitud de posibilidades con las que no contábamos ahora mismo. La economía abierta digital, de la que precisamente hablamos en esta Escuela trata de eso, de generar ámbitos de participación a través de la generación de plataformas digitales colaborativas, en donde, sacrificando parte de nuestra propiedad intelectual consigamos hacer desarrollar nuestros servicios y productos de manera más rápida, coherente y barata gracias a la participación de los colectivos que tienen algo que decir en nuestro sector.

Puedo poner ejemplos, aparte de los de las comunidades de software libre que son obvios, como el de la multinacional farmacéutica Glaxo, que desarrolla la plataforma Open Pattern – patentes abiertas- que pone a disposición de la comunidad científica sus descubrimientos sobre sus investigaciones sobre la malaria o sobre enfermedades tropicales olvidadas. Y es que,  ofreciendo todo ese contenido abierto y sacrificando entre comillas parte de la propiedad intelectual de la que disponían, saben que van a conseguir desarrollar en un periodo menor de tiempo y de una manera mucho más barata medicamentos que puedan responder a esas demandas, porque hay una comunidad de interesados que forman parte de la industria, de universidades, de centros de investigación que van a colaborar para que esto sea posible.

Los nuevos modelos de desarrollo económico industrial tienen mucho que ver con eso, con generar entornos abiertos, transparentes, de colaboración, que entiendan que la propiedad intelectual no es sólo una palanca para generar dinero de manera inmediata, escondiendo aquello que sabemos, sino que podemos obtener mucho más beneficio y de forma más rápida si los ofrecemos a una comunidad participativa.

Y éste es un valor fundamental que tienen que aprender nuestros alumnos y los profesionales del futuro, así como a manejar todas las herramientas que lo posibilitan, es decir, los entornos digitales que generan economía en red, que es algo que insistimos sobremanera en la Escuela, en esa educación digital transversal con herramientas, con sites, con sitios web, con blogs, que nuestros alumnos utilizan sistemáticamente en el desarrollo de sus proyectos.


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