Juan Antonio Corbalán: “muchos jugadores no tienen la visión necesaria para saber que el futuro siempre será más difícil que lo que tienen”

Otro ámbito en el que la zona de confort parece siempre lejana, es el del deporte profesional. Son bastantes los casos de deportistas que no han sabido manejar sus vidas tras su retirada de la competición o después de ver frustradas sus espectativas deportivas por una lesión o porque, simplemente, a veces los resultados esperados no llegan. De todo ello hemos hablado, en el curso de verano “Atrévete a salir de tu zona de confort” que EOI ha organizado en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP) de Santander, con el ex jugador de baloncesto Juan Antonio Corbalán, que perteneció a la selección medallista de plata en los JJOO de Los Ángeles 84.

En la vida del deportista profesional en activo, se suele salir bastante habitualmente de la zona de confort…

Es una vida engañosa, es una especie de falso paraíso donde el hecho de ganar muchísimo dinero, como sucede en el mundo del deporte, pues parece que tapa el resto de las miserias. Pero si quitáramos el dinero de en medio, que yo sé que es muy difícil quitarlo, pues te darías cuenta de que las miserias, los éxitos, los fracasos y las pasiones de los equipos obedecen exactamente a las mismas dinámicas que en cualquier otro colectivo.

Hemos visto muchos casos, como recientemente el de Yago Lamela, en los que la vida del deportista no sabemos si es más dura durante o después de su carrera. Entonces, cuándo se sale de verdad de la zona de confort en la vida de un deportista, ¿mientras está en activo o cuando lo deja?

Mientras estás en activo es una vida de exigencia, difícil (el deporte es una actividad que es muy precoz), es muy rápida y es muy cruel en muchas de sus manifestaciones. está absolutamente jerarquizada dentro de los equipos y además está jerarquizada por la fisiología. Es decir, que del jugador que vas a encontrar enfrente, el más fuerte te va a matar, seguro… antes o después, pero te va a matar. Tienes que buscar tus capacidades para poder compensar todo eso. Pero eso forma parte del juego.

Sin embargo, la vida es siempre mucho más dura que el deporte, porque además la vida a la que vamos casi nunca la percibimos, no nos podemos adelantar al futuro, y eso es lo que conforma que muchos de los deportistas de élite, o artistas, o personas que han vivido espacios o vidas muy efímeras y muy espectaculares, hayan sido incapaces de elaborar unos recursos para el futuro, para también tener la capacidad de poder jugar con menos recursos. Y eso es lo que hace que muchos de esos jugadores no sepan observar la realidad en la que están, no sepan darse cuenta de que eso es finito, de que eso acabará y sobre todo no sepan tener esa pequeña visión para saber que el futuro siempre será mucho más difícil que lo que tienen.

Es decir, que deben prepararse desde un primer momento para cuando eso no esté…

Efectivamente. Yo siempre digo que en la vida de un deportista, la etapa del deporte arde como arde una hoja de papel y sin embargo, la vida arde como un rescoldo de una hoguera de una chimenea. Pues en la vida, ojalá que haya muchas hojas de papel para que todo sea fantástico, pero tienes que ir haciendo rescoldos que te mantengan el sentido del resto de la vida.

Eso tiene que ver con lo que has hablado en tu ponencia, que es el autoestima, el autoliderazgo. ¿Pero dónde son más necesarios estos dos elementos en un deporte de equipo o en un deporte individual?

Es más difícil en el deporte individual, mucho más difícil porque no tienes elementos de contraste. En los deportes de equipo, el resto del grupo si está conformado por gente normal, son como una especie de universidad, de elementos que te permiten compartir las cosas, socializar tu experiencia, y eso es una ayuda enorme. El deportista individual, el atleta, el tenista, el golfista, vive una realidad muy dura porque, si bien en el éxito todo está lleno de gente que se acerca a ti y que quiere estar en esa foto contigo, el fracaso hay que vivirlo en la soledad más absoluta. Y, o aprendes a relativizar ese poco espacio que queda entre el éxito y el fracaso, o vas a ser antes o después víctima de cualquier fracaso por mínimo que sea, porque va a afectarte enormemente a no ser que seas un superhombre o una supermujer.

Y en cualquier caso siempre tener esa actitud que tú decías de no pensar “vamos a ganar” que es el objetivo en sí, sino decir “voy a hacerlo lo mejor posible, por lo menos me lo voy a dejar todo” por mí, por mi autoestima y por el equipo en el caso de que sea un deporte de equipo…

Y por tu gente, o tu familia, tus vecinos, la gente que te quiere… En el mundo del deporte se pueden visualizar muy bien las cosas pero no es distinto a la vida. Cuando nosotros hacemos las cosas, no todas las haces por ti, las hacemos porque hay gente (tus padres, tu familia, tus hijos, tu mujer) que se va a alegrar de que tú seas capaz de hacer todas esas cosas. Eso es a lo que yo llamo trascendencia de las cosas que hacemos. No tiene que ser algo muy importante o que tú seas Vicente Ferrer, puedes hacer cosas mucho más pequeñas pero son muy importantes para alguien, o porque las sufren directamente, o porque se benefician de ellas por la alegría que supone que lo hagas tú. Por eso la calidad es un elemento que siempre va unido a un criterio de valorar las cosas que haces. Y tú luego sabes que tienes muchos nichos de mejora. Pero lo que hagas, aunque sea muy básico, hazlo bien. Y eso sólo se puede hacer desde la humildad, desde la gente que está aprendiendo constantemente y desde la gente que es capaz de, además de aprender, tiene generosidad para aportarle a los demás.


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