Cristina Sánchez: “Mi fiel aliado fue el toro. Yo tenía que demostrárselo al toro, no a los compañeros”

Si hay una vida en la que la que no parece existir una zona de confort clara, ésa es la del torero. Sobre todo, cuando quien sale al ruedo y se expone delante de un toro es una mujer. Por eso, y porque con sus éxitos también obligó a este sector a salir de su tradicional zona de confort, EOI contó con Cristina Sánchez en el curso “Atrévete a salir de tu zona de confort” en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP) de Santander. En este caso, habló de algo fundamental en una profesión como la de matador de toros: cómo salir de la zona de confort cuando la que manda es la pasión.

¿En el toreo hay zona de confort?

La zona de confort empieza por hacer lo que te gusta. Pero, una vez que has entrado en esa zona de confort, descubres que hay que estar saliendo constantemente de ella… Si te instalas, mueres. Entonces, se puede decir que hay zona de confort al realizar lo que tú deseas, lo que tú sientes, esa pasión de la que tanto hemos hablado. Pero constantemente te obliga a salir de la zona de confort si quieres desarrollar la profesión con éxito.

Saliste de la zona de confort, cuando dijiste que querías ser torero… Pero al hacer eso, y siendo mujer, obligaste también al sector a salir de su zona de confort sin darse cuenta.

Sí porque al final tienen que admitir algo que para ellos es impensable. El romper barreras es precisamente eso, descolocas a la gente y tienen que reubicarse en esa zona otra vez y decir bueno, ahora tengo que compartir mi zona de confort con un personaje que no pertenecía a mi zona. Eso es lo que cuesta replantearse al hombre, por lo menos el sistema que está establecido.

¿Ese fue tu principal problema?

Fue uno pero no el principal. Ese lo sorteé porque, como yo siempre digo, mi fiel aliado fue el toro. Yo tenía que demostrárselo al toro, no a los compañeros. A ellos les “callaba la boca” demostrándoselo al toro. Yo no tenía que luchar con el hombre, tenía que luchar con el toro. Y esa lucha no pasaba por la fuerza ni mucho menos, pasaba por el arte, mi capacidad de desarrollo y decisión… y eso lo puede hacer igual un hombre o una mujer, porque a fuerza siempre hubiera ganado el toro, a un hombre y a una mujer, pero para eso está la inteligencia del hombre… Del hombre y de la mujer en este caso. Por eso llegué donde llegué, porque mi fiel aliado sin corromper era el toro.

Siempre tiene que haber alguien que abra camino. En este caso te tocó a ti, pero detrás vienen más. ¿Qué consejo les darías?

Eso espero. Desde que yo lo dejé en el año 96, hay chicas que lo están intentando, que están ahí, pero no salen porque es muy complicado, tanto para un hombre como para una mujer. Es difícil llegar a una carrera de éxito como la que yo tuve, como en el fútbol o el baloncesto. Tantos son los que empiezan y tan pocos los de la élite, los cracks… Pero sobre todo les diría que tienen que entregar su vida al toro y es muy difícil. Hay que entregar la vida a algo, se dice pero no se hace. Si la entregan de verdad, yo creo que se puede conseguir. Lo que pasa es que es duro, llega un momento en que dices no me compensa. Y eso es lo que pasa, lo que le pasa a las mujeres y muchas veces a los hombres…

Que las cicatrices duelen

Sí, que las cicatrices duelen, el entrenamiento diario de lunes a domingo duele y mucho, el venir de torear no salir las cosas y entrenar… Eso duele y ese desánimo hay que saberlo compensar y saltar. Y en muchos casos no se hace.


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