Costes laborales totales y fiscalidad de las rentas del trabajo en Europa

Félix López – 7 de octubre, 2015

Ayer mismo, en un programa de televisión (que dejamos en el anonimato), se comentaba sobre la fiscalidad del trabajo en España. Alguien (economista tertuliano) indicó que era la más alta -o segunda más alta de Europa, y que había que reducirla sustancialmente (por eso de la competitividad, etc.). Todo el mundo parecía de acuerdo. Otro ejemplo más de como la gente pretende y consigue que le salgan gratis sus imprecisiones. En general, ni se dio información correcta, ni me dio la impresión de que se sabía de qué hablaban.

Aparte de ayudar a clarificar los errores que, como los anteriores, se suelen cometer, el post -pretendemos- puede adicionalmente servir de ayuda a la hora de preparar los estados financieros que los alumnos de la escuela tienen que incorporar en sus proyectos de creación de empresas, sobre todo si se trata de crear empresas en el extranjero (normalmente une empresa filial de la empresa madre española, o una empresa mixta). Un error frecuente, casi siempre fruto de las prisas, es calcular como costes laborales solo los salarios brutos, olvidándose de añadir los costes adicionales que el empresario incurre al contratar un trabajador. Estos costes adicionales, en su gran mayoría, son las contribuciones que tiene que realizar el empresario a los diferentes sistemas de seguridad social europeos para la cobertura adicional al trabajador de sus pensiones de jubilación, desempleo, salud y asimiladas. En algunos casos estos costes adicionales suelen incluir también contribuciones a planes privados de pensiones, costes de despido, gastos de formación profesional y prestaciones adicionales como vales de restaurante o comedores, bonos de transporte, etc. En lo que sigue, y para simplificar, estos últimos costes adicionales no los incluiremos en lo que denominaremos coste laboral.

Así, en los países europeos (salvo en el caso danés) el coste laboral para el empresario está compuesto del salario bruto del trabajador más las cotizaciones adicionales a la seguridad social por parte del empresario, que no hay que olvidarse incluir. En las cuentas de gasto de la empresa conviene desglosar bien el coste laboral en estos dos componentes.

Los trabajadores, por su cuenta, y en todos los países de Europa, deben también cotizar a la seguridad social y pagar sus impuestos sobre sus ingresos del trabajo, lo que suele calcularse haciendo referencia a su salario bruto. Esto normalmente se realiza por medio de retenciones en la fuente. Es el empresario el que deduce estos pagos por cuenta del trabajador del salario bruto que le corresponda, los ingresa en las cuentas de la autoridad fiscal y seguridad social, y paga el resto -salario neto- al trabajador. Se produce así una diferencia (normalmente grande) entre lo que le cuesta un trabajador a la empresa de lo que recibe el trabajador como salario neto. A esta diferencia se la denomina “cuña fiscal”, traducción del término “tax wedge”. Esta cuña está compuesta toda de impuestos: cotizaciones a la seguridad social por el trabajador y empresario más los impuestos a la renta de las rentas del trabajo del trabajador; de ahí lo de cuña fiscal. Y no cabe duda de que es una buena aproximación de los impuestos que se cargan al trabajo. Aunque una buena parte de estos pagos (en España, una mayoría, las cotizaciones del empresario) los realiza el empresario por su cuenta a la seguridad social, es mejor considerarlos como si todos los pagos (impuestos) son a cuenta del trabajador. El equivalente conceptualmente sería (como en Dinamarca) un mayor sueldo bruto, compensado con mayores impuestos o cotizaciones a la seguridad social por parte del trabajador.

En este documento, Tax Reforms in EU Members states 2015, que es en conjunto una buena descripción de la situación impositiva en los diferentes países de la Unión Europea, aparece un cálculo de las cuñas fiscales en los diferentes países de la Unión Europea. Estamos así en condiciones de poder resolver la fiscalidad comparativa de las rentas del trabajo en Europa. He recogido en el siguiente cuadro los datos correspondientes del estudio. Corresponden a la carga fiscal de un trabajador que tributa individualmente y que tiene los ingresos laborales medios (en realidad, si se hace bien, debería ser coste laboral total medio; no me queda claro si se precisa bien esto en todos los casos) en diversos países europeos (he eliminado algunos países pequeños para no hacer la tabla demasiado extensa)

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Fiscalmente, contratar a un trabajador sale por un ojo de la cara en Bélgica. En Irlanda y Reino Unido es donde esto es más llevadero. Vemos que la cuña fiscal española es bastante media; ni muy alta ni muy baja. La afirmación de que la fiscalidad del trabajo en España es la más alta de Europa (o segunda) es, pues, falsa.

Resulta interesante comprobar como esta cuña fiscal se divide entre sus diferentes componentes. En algunos países (Francia, Italia, Suecia, República Checa, podríamos decir también España) las cotizaciones a cargo del empresario acaparan una mayoría de la carga fiscal. Es quizás este dato el que se utiliza para situar a España en la comparativa internacional. Este análisis superficial puede así inducir a pensar, si se tiene en cuenta solo este componente, que la carga fiscal española sobre el trabajo es de las más altas de Europa. Pero esto oculta que los otros componentes en España son comparativamente muy bajas. En casi todos los principales países europeos los trabajadores contribuyen a la seguridad social con cargo a sus salario bruto bastante más que los españoles. Y algo más, en promedio, como impuesto sobre la renta. Y tampoco utilizando este criterio de las cotizaciones sociales a cargo del empresario somos los españoles los número uno en cuanto a carga fiscal sobre el trabajo.

El caso de Dinamarca es muy relevante. ¿Por qué los daneses se desmarcan de la practica generalizada en Europa de no realizar cargos por seguridad social a sus trabajadores (casi) y a sus empresarios. La seguridad social danesa (incluidas las pensiones, claro) se financia prácticamente en su totalidad con cargo a los impuestos sobre la renta y sobre el consumo (IVA). Unos impuestos muy altos (casi un 40%) sobre unos salarios brutos altos que ya llevan incorporados como ingreso lo que sus empresarios hubieran debido de pagar por su cuenta en el caso de seguir un esquema parecido, por ejemplo, al español. Este enfoque danés tiene la ventaja de dejar bien claro que las pensiones que los pensionistas reciben el año en curso se financian con los ingresos fiscales (impuestos) del año en curso (en una primera aproximación). En España es lo mismo; las pensiones se financian con cargo a los ingresos fiscales. Pero como estos se dividen en impuestos y cotizaciones a la seguridad social puede dar lugar a interpretar que las pensiones se reciben con cargo a los pagos que los pensionistas realizaron en el pasado, y que los pagos que realizan van a algún tipo de “fondo” del cual se cobrarán en el futuro. En la reciente y muy estéril discusión sobre los pagos de las pensiones a los jubilados catalanes en caso de una hipotética independencia de Cataluña se dejó entrever, por parte de economistas y autoridades políticas independentistas, que la seguridad social española debería de hacerse cargo de las pensiones catalanas dado que los beneficiarios habían cotizado en el pasado y consolidado así unos derechos. Queda claro que el argumento es erróneo. Los pensionistas catalanes, en esa situación, se cobrarían de las cotizaciones sociales o impuestos (si siguen el ejemplo danés que tanto les gusta) de los trabajadores catalanes del año en curso.

Los daneses prefieren su manera de hacer porque -y eso igual lo explicamos otro día- se puede demostrar que al imponer un impuesto al trabajo en base a cotizaciones a cargo de empresarios en vez de un impuesto sobre la renta, el funcionamiento del mercado de trabajo puede ser otro, con mayores posibilidades de generar desempleo. En el resto de países, el mantenimiento así de un esquema más ineficiente de recaudación parece justificarse por lo conveniente de dar la impresión de que los trabajadores soportan menos impuestos.

Bueno, ¿cual es la utilidad de la anterior tabla a la hora de preparar cuentas de resultados de potenciales filiales europeas? Nos puede ayudar bastante, dado que nos permite calcular los costes de la seguridad social a cargo de la empresa. Normalmente los salarios brutos según empleos suelen obtenerse con facilidad, pero para calcular las cotizaciones sociales es algo más complicado. No muy complicado, pero se necesita buscar bien la información y realizar cálculos adecuados. Con los anteriores datos sabemos que en Alemania, para un sueldo medio bruto, las cotizaciones a la seguridad social por cuenta del empresario son el 17,1% del coste laboral total. Con un poco de cuidado se puede calcular que porcentaje sobre el salario bruto (que conocemos) hay que utilizar para computar los costes de seguridad social por cuenta del empresario y así, sumado al salario bruto, obtener el coste laboral total. Hemos dicho que con un poco de cuidado… sería así, que tantas columnas puede dar lugar a crear confusión: el 17,1% del total de coste laboral son cotizaciones a la seguridad social por cuenta del empresario, el resto, 82,9%, sería el salario bruto (salario neto, más impuestos sobre la renta más cotizaciones a la seguridad social a cargo del trabajador). 17,1 es el 20,6% de 82,9. Así, si sumamos un 20,6% al salario bruto obtenemos el coste laboral total. Práctico, para una primera aproximación… pero si nuestra plantilla es de sueldos bajos (o altos) estas cifras habría que modificarlas algo al alza (o a la baja)


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